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El Paladar
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­ Frente a las impersonales jornadas de compra en las grandes superficies, los residentes en Ibiza pueden optar todavía por un modo más pausado, próximo y relajado de adquirir los productos que incluirán en su mesa. La apuesta por lo natural es una realidad en la isla, y el modo de comprar productos de este tipo suele ser muy diferente a la habitual forma de llenar la cesta de la compra.

Un puesto del Mercat Nou de Ibiza. SERGIO G. CAÑIZARES
Un puesto del Mercat Nou de Ibiza. SERGIO G. CAÑIZARES

Mercados payeses, mercados centrales, tiendas de proximidad o pequeños puestos de alimentos naturales instalados en las plazas de los pueblos o incluso en restaurantes son lugares especiales para hacer una compra diferente. Charlas animadas, consejos, un constante ir y venir de recetas y un contacto muy próximo entre el vendedor y el comprador convierte a estos establecimientos no solo en puntos donde adquirir productos de una calidad excelente sino en auténticos epicentros de las relaciones humanas.

Pepita Ramis, tercera generación familiar en su puesto del Mercat Vell. SERGIO G. CAÑIZARES
Pepita Ramis, tercera generación familiar en su puesto del Mercat Vell. SERGIO G. CAÑIZARES

Casi en forma de reliquias, varios mercados payeses sobreviven a la realidad comercial ibicenca no sin grandes dificultades. «Antes venían las señoras día a día y, según lo que encontraban en el mercado, decidían qué hacían para comer», explica Pepita Ramis, que hace unos 30 años regenta un puesto en el Mercat Vell. Pero la realidad actual es muy diferente: «Hoy la gente hace la compra general en el supermercado y aquí solo vienen a por las faltas. Solo cosas que han olvidado comprar o necesitan en el momento».

Sin embargo, comprar en estos mercados tiene aspectos muy positivos. La atención que se brinda en el supermercado —muy impersonal— es muy diferente a la que recibe el cliente en estos pequeños puestos que conservan la esencia de la Ibiza antigua. «En el supermercado todo lo coges tú, aquí te lo ponemos y podemos aconsejar al cliente a la hora de escoger los productos de más calidad», apunta Ramis.

Marilina Marí posa en su para del Mercat Vell de Vila. . SERGIO G. CAÑIZARES
Marilina Marí posa en su para del Mercat Vell de Vila. . SERGIO G. CAÑIZARES

Marilina Marí tiene, hace algo más de una década, un puesto también en el Mercat Vell. «El trato aquí es muy bueno. Suele venir siempre la misma gente, con lo que la relación es muy cercana». A primera hora de la mañana, pocos clientes han aparecido y el mercado está desangelado. «En invierno se olvidan de esta zona», lamenta Pepita Ramis, quien recuerda los años en los que la vida en el mercado era mucho más animada. «Nos ayudaría mucho que se instalaran también puestos de carne y pescado, ya que la gente podría comprar más cosas y quizá se animaban más a venir», opina la comerciante, quien agradece infinitamente la confianza que depositan en ella clientes «de toda la vida».

Catalina Bonet, comerciante del Mercat Pagès desde hace más de 40 años. SERGIO G. CAÑIZARES
Catalina Bonet, comerciante del Mercat Pagès desde hace más de 40 años. SERGIO G. CAÑIZARES

Pepita Ramis siente nostalgia al recordar cómo era el mercado hace décadas. Ella es la tercera generación dedicada a esta profesión a la que, por desgracia, no ve mucho futuro. «Me da mucha pena. Mi abuela tenía el puesto en el Mercat, después mi madre y yo llevo aquí desde los 17 años —recuerda—. Me acuerdo de ir al cole, después venir aquí, mi madre cerraba la parada y nos íbamos a casa. Me he criado en el mercado».

Maria Costa dcha. atiende a una clienta-en Sant Antoni. SERGIO G. CAÑIZARES
Maria Costa dcha. atiende a una clienta-en Sant Antoni. SERGIO G. CAÑIZARES

Otro de los mercados con más solera de la isla es el de Sant Antoni, situado en la zona de ses Variades. Allí el aroma a tierra en forma de productos agrícolas se funde con las flores frescas que distribuye Maria Costa, una veterana de este mercat que hace años se instalaba en el centro de la localidad. Esta comerciante comparte la opinión de que el futuro es complicado, ya que trabajar en el campo y luego vender en el mercado es «sacrificado».

Maria y Maria en el Mercat Pagès de Sant Antoni donde cuatro comerciantes presentan sus productos. SERGIO G. CAÑIZARES
Maria y Maria en el Mercat Pagès de Sant Antoni donde cuatro comerciantes presentan sus productos. SERGIO G. CAÑIZARES

También en Sant Antoni, en Buscastell, se instala un mercado los sábados en el que artesanos de la isla ofrecen sus productos de alimentación, como ocurre en las plazas de diversos pueblos de la isla, especialmente en épocas de fiesta.

Calidad para no perder clientes

Comunicación cercana en el Mercado de Santa Eulària. SERGIO G. CAÑIZARES
Comunicación cercana en el Mercado de Santa Eulària. SERGIO G. CAÑIZARES

La oferta se diversifica en mercados como el de Santa Eulària o el Mercat Nou de Ibiza. Aquí, además de frutas, verduras y hortalizas, los clientes pueden encontrar pescados locales, carnes, embutidos, quesos, conservas, pan, dulces y un sinfín de productos que invitan a llevarlos a casa. Algunos puestos han echado el cierre a causa del descenso de clientes, pero todavía quedan muchos comerciantes que, ante las dificultades, proponen una calidad difícil de encontrar en otros lugares. «El modo personal y directo de tratar a la gente y la frescura de nuestros productos nos mantienen vivos», reconoce José Jiménez desde su puesto de Tanifruit, en el mercado de Santa Eulària. «La información es un aspecto fundamental, y aquí el cliente la recibe de cada producto», expresa.

Dinamización como apoyo

Las instituciones no ofrecen apoyos a los pequeños comerciantes que instalan sus paradas en los mercados payeses.

«Yo no pido ayudas económicas, pero estaría muy bien que hicieran actividades para dinamizar este barrio», reclama Pepita Ramis

recordando los talleres y conciertos que se organizaban hace unos años, que generaban mucho movimiento.

Si vender los productos cultivados en Ibiza es difícil por su coste (en contraposición con los precios que se ofrece en los supermercados), a los comerciantes del Mercat Vell se les suma el contratiempo de que, en invierno, la zona está desierta, con muchos locales cerrados y sin actividades que atraigan público a las paradas.

Inma y sus exóticas mermeladas naturales. SERGIO G. CAÑIZARES
Inma y sus exóticas mermeladas naturales. SERGIO G. CAÑIZARES

«En verano es muy diferente, vienen muchos turistas que dan vida al Mercat», explica Marilina Marí desde su puesto de frutas y verduras. En los meses estivales, los visitantes de la isla que pasean por la zona se acercan al mercado para curiosear, y muchos compran productos que sean de la tierra. «Los turistas compran bastante fruta suelta, se interesan y piden cosas de aquí», afirma Pepita Ramis.

Las prisas y la falta de tiempo no están justificados para aquellos que quieran comprar en el Mercat Vell, que permanece abierto todos los días de la semana. «Tendríamos que cerrar algún día, pero como no sabemos cuándo va a venir la gente, al final dejamos abierto siempre», reconoce Ramis.

Pequeños artesanos ecológicos

Mike y Christo preparan zumo de aloe con limón y miel. SERGIO G. CAÑIZARES
Mike y Christo preparan zumo de aloe con limón y miel. SERGIO G. CAÑIZARES

Además de en los habituales mercados, los puestos de manjares elaborados de forma ecológica, tales como mieles, zumos o mermeladas, pueden encontrarse también en algunas celebraciones de diversos pueblos de la isla, e incluso en terrazas de establecimientos que organizan estos puntos de encuentro en la isla. Es el caso del restaurante Aubergine, en la carretera de Sant Miquel. Allí, cinco paradas esperan a los clientes los domingos de once de la mañana a tres de la tarde. Bárbara y Fritz venden allí su chili ecológico, Virginia presenta sus tartas y licores elaborados en el propio restaurante, Inma ofrece sus deliciosas mermeladas exóticas, Mike y Christo preparan un zumo de aloe con miel y limón y, ya fuera de la oferta gastronómica, Ela ofrece su cosmética natural y jabones artesanales. Productos de Ibiza que llegan al consumidor de forma diferente, respondiendo al interés de residentes ibicencos y en muchos casos extranjeros por comprar alimentos ecológicos en ambientes rurales, con atmósfera distendida durante los fines de semana.