El cierre de Amante congregó a cientos de invitados para presumir de ‘sold out’. SERGIO G. CAÑIZARES
[:es]El cierre de Amante congregó a cientos de invitados para presumir de ‘sold out’. SERGIO G. CAÑIZARES[:en]Amante closing hundreds of guests gathered to show off 'sold out'. SERGIO G. CAÑIZARES[:]
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Sin duda uno de los más esperados, el closing de Amante no defraudó. Lo primero, y esto ya se sabía, por el escenario: un enclave privilegiado en una isla donde este adjetivo se vende caro; pero además por ser ‘el último’, que aunque ya sabemos que Ibiza no cierra, estas cosas nos gusta celebrarlas a lo grande. A las seis de la tarde el restaurante del Sol den Serra  lucía ya en su entrada el cartel de completo («sólo con invitación»), mientras más de un centenar de personas esperaban en la puerta con la vana esperanza de poder acceder al Beach Club. El aparcamiento y la cuneta completos mientras el trenecito que traía a los invitados desde Cala Llonga llegaba siempre lleno.

Todavía era de día cuando David Morales se ponía tras los platos para calentar el ambiente; según bajaba el sol crecía la contundencia de la música hasta que, casi sin darse cuenta, la terraza del restaurante era una espectacular pista de baile, con los acantilados haciendo las veces de gran pantalla de proyección. Con un cartel de gala para la ocasión con Chino Paino, Iban Mendoza, Stefano Gemnis, Dj Antz y el propio Morales, fue Eats Everything la estrella de la fiesta con una ecléctica mezcla de sonidos que no dejó indiferente a nadie. Ritmos de samba o clásicos de los 90 para celebrar una fiesta tras la que, esta vez sí, se empieza a vislumbrar el corto invierno.

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