Impresionantes vistas desde el comedor exterior. RUBEN E. IBÁÑEZ
[:es]Impresionantes vistas desde el comedor exterior. RUBEN E. IBÁÑEZ[:]

Con el mismo espíritu con el que abrieron sus padres Vicente y María aquel kiosco de playa en Cala Salada en 1969, y que en 1982 se convirtió en restaurante, trabajan hoy en día sus tres hijas, Toñi, Vicenta y María, para mantener la esencia de la gastronomía ibicenca. La tradición manda en este establecimiento y eso se puede comprobar en el sabor familiar  de sus platos y en el trato cercano y amable que dispensan a su clientela.

Riquísimas paellas. RUBÉN E. IBÁÑEZ
Riquísimas paellas. RUBÉN E. IBÁÑEZ
El restaurante Cala Salada es un clásico de la restauración local y puede presumir de tener una clientela fiel, y no solo de los ibicencos que acuden y cumplen con la buena cocina local, sino de muchos turistas que desde hace años repiten en este establecimiento porque quieren degustar los arroces, pescados frescos, las langostas que conservan en su vivero o el bullit de peix que preparan en sus fogones.

Comedor interior. RUBÉN E. IBÁÑEZ
Comedor interior. RUBÉN E. IBÁÑEZ
Esas amplias y sabrosas raciones atraen también a muchos visitantes que llegan en barco, incluso desde las costas levantinas,  tras fondear en las cristalinas aguas de Cala Salada. Para acompañar esta sabrosa carta, los mejores vinos ibicencos y nacionales y, como no podía ser de otra manera, de postre la greixonera  y demás platos caseros.
El restaurante, que permanece abierto hasta el próximo 31 de octubre, mantiene imperturbable la esencia de la cocina que hace 46 años implantaron Vicente y María.