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¿Quién inventó el primer beach club? ¿Cómo fue que los chiringuitos de toda la vida –extensiones del primer bar en la arena playera– han evolucionado tan rápido y de manera tan sofisticada? Son preguntas que surgen a veces, de manera lenta y azarosa, cuando se halla en pleno gozo en uno de esos micro-paraísos. Por un momento infinito, protagonista de la postal perfecta: Recostado en una hamaca, paladeando un buen cóctel tras unas gafas de sol, disfrutando de una gastronomía exquisita, tradicional o de vanguardia  con la línea infinita del mar al fondo.

Relax
Relax
Irreal pero cierto. Puede ser algún hot spot de Miami, Las Vegas, Marbella, o, claro, Eivissa. Cuando llegas es de día, y ahora todo –bellas siluetas, ecos de risas, notas musicales– se deslizan inmutables hacia la puesta de sol.
Al principio se dijo que de tanto apurar los largos días del verano, los beach clubs iban a acabar con la noche: Con el ocio nocturno y unos dinosaurios llamados discotecas. Pero eso no ha ocurrido: Dios hizo los días con 24 horas por algo.
La música y el baile están más vivos que nunca, y eso es gracias en parte a los clubs y hoteles de playa, que han atraído a un gran público – ajeno hasta hace poco al rollo dance – hacia un lifestyle y géneros musicales cada vez más eclécticos. Dayclubbing y Nightclubbing son como el sol y la luna, sólo falta que Grace Jones le dedique una canción al primero.
Puesto que no se parecen en casi nada a sus antepasados, quizá los beach clubs nacieron por generación espontánea. Si no existieran, alguien o algo los habría inventado. En el fondo son parte de una globalización que desafía barreras horarias, etiquetas musicales o gastronómicas, estilos y protocolos.

El concepto de ‘beach club’ está ocupando nuevos espacios de confort en lugares privilegiados. GABI VÁZQUEZ
El concepto de ‘beach club’ está ocupando nuevos espacios de confort en lugares privilegiados. GABI VÁZQUEZ
Los ‘bece’ o ‘bici’ que dirían los ingleses aficionados a acortar nombres, y poner siglas han transformado el panorama de ocio de Ibiza y del mundo: es ese «más que sol y playa… y gastronomía»
Todo empezó con una cerveza, una sardinas o una barbacoa en un chiringuito con el  suave ruido de la olas del Mediterráneo de fondo. Luego se transformó en un lugar privilegiado,  con sillas y mesas de madera o plástico donde comer paellas, bullit de peix, calamares salteados, fideuás, parrilladas y platos tradicionales a ritmo de chill out.

La gastronomía ha evolucionado hacía una sofisticada combinación de confort, relax y exquisitez del ocio diurno. GABI VÁQUEZ
La gastronomía ha evolucionado hacía una sofisticada combinación de confort, relax y exquisitez del ocio diurno. GABI VÁQUEZ
Apareció el lujo  y llegaron los manteles, las terrazas, las  camas balinesas, los masajes y la gastronomía subió de tono con gambas rojas ibicencas, langostas, ostras, caviar, pescados a la sal, atún, salmón y delicatessen de otros  mares a ritmo de música electrónica. Con la llegada reciente del gran lujo apareció el champán, los grandes vinos y la gastronomía se apunto al subidón con platos sofisticados y sabores exóticos. El tartar, las tempuras con wasabi y wakame, el sushi, el ceviche, el tuna tataky o atún teriyaki, el rissoto, la burrata, las carnes de Kobe y la deliciosa vaca de wagyu, compiten ahora con las gambas, langostas y caviar a ritmo de deep house con DJ’s de renombre, gogós y performances.

La gastronomía ha evolucionado hacía una sofisticada combinación de confort, relax y exquisitez del ocio diurno. 05 GABI VÁQUEZ
La gastronomía ha evolucionado hacía una sofisticada combinación de confort, relax y exquisitez del ocio diurno. 05 GABI VÁQUEZ
La gastronomía contempla el fenómeno fascinada y adaptando a toda marcha sus fogones, cocinas y chefs a la evolución del beach club y a las nuevas exigencias gastronómicas que llegan de Asia, Japón, Perú, Italia y …
¿A dónde va todo esto?
Se adivina la tendencia. Los beach clubs van ocupando los espacios más privilegiados de la isla, las azoteas y rincones con las vistas más increíbles. Se van transformando en una especie de pequeños transatlánticos, dotados de todo tipo de servicios: Música, danza, masaje, shows en vivo, gastronomía, cócteles, galerías de arte, y, por supuesto, mar o piscina las 24 horas del día. Como un barco siempre a punto de zarpar, pero inmóvil, que nos lleva todo lo lejos que queramos. Hasta el próximo verano.

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