Fe, Diamante, Massimo, Nana Bottazzi y Alessandro Sarracino.
[:es]Fe, Diamante, Massimo, Nana Bottazzi y Alessandro Sarracino.[:]

­Las palabras «Zona VIP» han degenerado mucho, especialmente en Ibiza. Esas restringidas zonas ya no son para Very Important Persons. VIP significa, ahora, Very Important Precio. Ya no hace falta ser realmente importante para tener acceso a esos espacios. Lo importante es poder pagar los astronómicos precios que piden.
Hace dieciséis veranos que promociono la fiesta Flower Power, creada por Piti Urgell, y uso la palabra VIP para distinguirla de las otras fiestas sin mi convocatoria y sin prensa.
La Flower Power que organizo es muy democrática, como lo era la Ibiza de los años hippies. En mi fiesta hay personalidades muy VIP, pero se codean con personas de todas las clases sociales, de muy diferentes edades, economías y nacionalidades. Esa meticulosa selección es la base y el éxito de la fiesta.
Además es una alternativa a la música del DJ famoso. A los invitados a la fiesta les gusta las canciones compuestas e interpretadas por músicos profesionales, con letra, melodía y ritmo para bailar. No les gusta estar apretujados en una pista con miles de personas que no bailan, y que solo levantan y agitan un brazo, mientras hacen fotos al DJ de turno, o selfies con sus móviles.

En ninguna zona VIP de Ibiza se reúne un grupo de gente amante de la isla, tan simpática, educada y con buena presencia como la noche que convoco en Pachá. Muchos de ellos son amigos, se conocen desde hace años o tienen ganas de conocerse.
La presencia de los medios de comunicación, y la consecuente difusión en periódicos, revistas y programas de televisión, han hecho que la fiesta Flower Power sea famosa.La convocatoria es dificilísima y muy complicada, debido a que no se pueden enviar las invitaciones por correo postal, ni por Email. Mis invitados viven en una casa  ubicada en «la piedra azul, la segunda palmera a la derecha», etcétera. Internet funciona mal, y podrían reenviarse las invitaciones a otras personas. Un mes antes de la fiesta, con una mochila cargada con invitaciones nominales, las voy repartiendo por casas, barcos, restaurantes, fiestas, beach clubs, y los locales de moda en la isla. Algo muy agotador.
Y he de soportar cientos de llamadas de gente que quiere ser invitada, o que pretende llegar a la fiesta con varios amigos o familiares. Me resulta muy desagradable tener que repetir tantas veces NO NO NO, como si fuera la canción de  Amy Winhouse.