[:es]Claudio Coccoluto. FOTOS GABRIEL VÁZQUEZ[:]
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Llegó a Ibiza muy joven y se quedó prendado de la música que su amigo José Padilla pinchaba en las puestas de sol de Sant Antoni donde la gente aplaudía y se emocionaba con la simbiosis entre música y naturaleza. Por eso reivindica la Ibiza de los noventa donde se concentraban todas las emociones del mundo. Tras una larga carrera en la radio italiana y como DJ y productor, Coccoluto mantiene su filosofía vital equilibrando música, melodía y ritmo en comunicación constante con el público y analiza los cambios en le forma de bailar y sentir la música en las pistas del siglo XXI.

—¿Todavía se divierte con la música?
—Aparte de la diversión que proporciona la música, considero que es un diálogo natural con Dios. El hombre busca la armonía en su vida.

—¿Le gusta la música electrónica?
—La conozco toda. No me considero un DJ de música house o  electrónica. Dentro de mi música hay house, electrónica, soul, funky y de todo.

—Antes el DJ miraba a la gente como bailada y pinchan en función de la pista. Ahora miran el ordenador portátil o gesticulan. ¿Que ha cambiado en la cabina?
—Es como un cortocircuito eléctrico cuado la corriente salta. El DJ ha superado a  los rockstars y  la comunicación con la pista ha cambiado. Los rockstars hablaban al público en una dirección, ahora el DJ habla a la gente desde dentro de la pista con lo que la comunicación es bidireccional. Si el DJ vuelve a ser como las estrellas del rock de los años 70 daremos un paso atrás en la comunicación y esto no me gusta. Me apetece sentir en todo momento las vibraciones y lo que siente  la gente y no me agradan los DJs distantes. Es el modelo que viene de Estados Unidos, el espectáculo como en Las Vegas, no es el ‘estilo Ibiza’.

—De los noventa hasta hoy día, Ibiza ha cambiado mucho. ¿Cómo ve los cambios?
—Parecerá que digo cosas banales pero en los noventa no había autopista, ni vallas luminosos, ni nada de eso. Para mi Ibiza era el lugar donde se concentraban las emociones de todo el mundo, de toda la Europa. Cuando iba a escuchar a José Padilla en Café del Mar y pinchaba ‘Great gig in the sky’ de Pink Floyd junto al mar y en la puesta de sol, la gente aplaudía y sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta y de esto hace ya 25 años.  No encuentro estas emociones en el show de hoy en día porque la emoción es prefabricada. José hizo algo tan bonito como fusionar la música  con la naturaleza de la isla y tenía sentido porque eso era la verdadera espiritualidad de la isla.

—¿Conoce a su compatriota Marco Carola, el Dj más importante de la música electrónica actual?
—Sí, le conozco. Esto quiere decir que todos los estilos musicales tienen cabida. Su éxito ha sido, es también el mío, lo mismo que Josep Capriati. Considero que el DJ de música electrónica italiano o español le pone más sentimentalismo que uno nórdico y calienta esa cosa tan fría que tiene la electrónica, como Carola.

—Pero holandeses y alemanes se llevan la fama.
—A  los latinos quizá nos parezca que su forma de pinchar es más fría, pero  para ellos es perfecta y eso les da fama en sus países.

—¿Con qué sueña después de tantos años en el candelero?
—En la música falta percusión y el ritmo  tribal para hacer bailar a la gente. Hay que tener una justificación para estar delante de toda esa gente que te escucha porque ahora la competencia es brutal. Antes eramos menos DJs, ahora son multitud, aunque en mi caso me siento como en los noventa.

—En sus comienzo su música era más melódica, ahora ni siquiera hay coros en las canciones. ¿Se puede bailar y emocionarse igual?
—El mundo de la música siempre es así, unas veces es una cosa y otras veces  gana la otra, es el yin y el yang. Unas veces hay más melodía y otras más electrónica, cuando el balance entre ambas está equilibrado hay un buen tema.

—Los clubbers bailan ahora con las manos en alto, hacen fotos con el móvil para subirlas a las redes sociales pero no bailan. ¿Qué está pasando?
—Vivimos en una era en la que lo más importante es comunicarle a la gente que estás ahí viviendo esa experiencia más que vivirla. En el último concierto de Bjork en Roma había colgados carteles pidiendo por favor que no se hicieran fotos o grabaciones ya que el concierto había sido creado por artistas que habían trabajado con mucha pasión y dedicación y requería una máxima atención para que daca uno lo viviese con sus propios ojos y no para distraerse grabando. Es triste que una artista como Bjork tenga que decirle a su público que no hagan fotos. Todo lo contrario a Paris Hilton.

—¿El dinero lo justifica todo?
—Todo el mundo tiene derecho a ganar dinero, todos trabajamos por dinero. Amnesia ha apostado por lo que quiere la gente y esto es una realidad. Los jóvenes están muy vinculados a las redes sociales y quieren eso constantemente. Está muy bien pero lo triste es estar en una mesa cenando y que todo el mundo esté conectado en vez de comunicarse cara a cara. Nosotros lo sabemos porque conocemos otra cosa.

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