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El Paladar
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Teresa Díez
Valencia

Le he pedido a mi amigo Daniel que escribiera este artículo, y relatase la increíble historia de cómo él y su pareja Sonia han adoptado un setter que proviene de la asociación sin ánimo de lucro SOS Setter, tras el fallecimiento de su anterior perra, Bemba. Sus dudas sobre acoger otro perro y su posterior instinto irrefrenable, son un claro ejemplo de que cuando se vive conectado con el mundo animal, es difícil mirar hacia otro lado ante las constantes llamadas de necesidad de acogida.

«Había pasado un mes desde que murió Bemba, la perra que nos había acompañado a Sonia y a mí, a toda la familia, durante 17 años. No es raro que se trate de paliar una pérdida así casi inmediatamente con la llegada de un nuevo animal, pero en nuestro caso no sucedió así. Yo me opuse, al menos momentáneamente. Estoy pasando una época de importantes cambios en lo laboral. Así que mi criterio se impuso durante una mes».

La manera en que Cala, un setter inglés de 10 meses, ha llegado a casa no deja de ser curiosa, y delata que en el fondo ambos teníamos las mismas ganas de volver a tener un perro. A pesar de no querer una nueva mascota, continuábamos siguiendo en Facebook a SOS Setter, una organización que se encarga de buscar hogares para setters abandonados. Ya me había fijado antes en Cala, pero cuando descubrí que había sido adoptada y posteriormente devuelta de nuevo al refugio por problemas con sus nuevos dueños, me afectó mucho. Sin pensarlo demasiado contacté con SOS Setter para interesarme por Cala.

«Cuando descubrí que Cala había sido devuelta otra vez, me afectó mucho»

Al mismo tiempo, indagué entre los familiares. Quería saber si había sido demasiado inflexible en mi postura, y cerciorarme (sin preguntarle directamente a la interesada) de que realmente Sonia echaba de menos tener perro. La respuesta, claro, fue ’esto lo tenéis que hablar vosotros’ y mientras lo hablábamos, como de pasada, Sonia me comentó el caso de una preciosa setter que había vuelto al refugio después de ser adoptada. ‘¿Cómo se llama?’, pregunté. ‘Cala’, contestó. Y en ese mismo momento, y no es una licencia literaria, me llegó un mensaje del refugio donde estaba Cala. Así que sin decir nada más, le entregué el teléfono a Sonia para que leyese por sí misma que de hecho, habíamos empezado a adoptar a Cala.

 ESTUDIO 

A los gatos les gusta relacionarse con humanos

Un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Oregón y de la Universidad de Monmouth ha descubierto que los humanos parecen gustarles más a los gatos de lo esperado. En su artículo publicado en la revista Behavioral Processes, Kristyn Vitale Shreve, Lindsay Mehrkam y Monique Udell describen sus experimentos y sus planes para realizar experimentos adicionales para comprender mejor las motivaciones de los gatos.

Los gatos tienen la reputación de ser independientes y distantes. Señalan que los gatos pueden simplemente ser malinterpretados, observando que la investigación reciente ha encontrado que los gatos tienen habilidades socio-cognitivas y de resolución de problemas complejos. Sugieren además que la creencia comúnmente sostenida que los gatos son menos reactivos a estímulos sociales puede ser debido a una carencia del conocimiento con respecto a las cosas que los gatos realmente encuentran por cuánto tiempo interactuó con ellos.

Los investigadores encontraron una clara variabilidad entre los gatos, la interacción con los humanos fue el estímulo preferido.