El mejor momento del día

La hora del paseo en el Centro de Protección Animal es uno de los ratos que más disfrutan los perros, los voluntarios y los trabajadores del recinto. Este año se ha ampliado la iniciativa a dos tardes por semana

Gemma, en primer término, con Roco, durante el paseo por las inmediaciones del centro de sa Coma. GABI VÁZQUEZ
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Laura, con Buba, en tratamiento por lishmaniasis. | Gabi Vázquez
Laura, con Buba, en tratamiento por lishmaniasis. | Gabi Vázquez

El día no acompaña, amenaza lluvia, hace viento y un poco de frío, pero aún así media docena de personas se acercan a la puerta del Centro de Protección Animal de sa Coma, para dar un paseo a  Coco, Buba Nano, Lola, Tai… A los que dé tiempo porque en las dos horas que dura la excursión, estos voluntarios se afanarán en dar una vuelta con todos los que puedan. «Normalmente, si viene mucha gente cogemos uno cada uno y  nos damos una vuelta larga, por los caminos que hay por aquí, pero hoy al hacer mal tiempo, viene menos gente y entonces los paseos son más cortos y así podemos sacar a más», comenta Beatrice Narbona, una voluntaria que desde hace cuatro años acude siempre que el trabajo se lo permite a estar con los perros. Y además lo hace acompañada de su perrita Hada, que va igual de contenta que su dueña a dar el paseo con sus amigos del centro. Este año, como la iniciativa está resultando un éxito, además del primer sábado de cada mes se han aumentado las salidas a los martes por la tarde de forma que en este momento hay paseos todos los días de la semana: lunes, miércoles y viernes por la mañana de 9:30 a 11:30 horas, y martes y jueves por la tarde, de 15:30 a 17:30 horas.

Estos recreos les dan media vida a los perros que se encuentran encerrados a la espera de que puedan ser adoptados. Pamela, otra voluntaria, que acude todos los jueves desde hace dos años a cumplir con su vocación, lo tiene claro: «Si tuviera un piso más grande o una casa en el campo, me los llevaría a todos».
Durante el reportaje, Nano, un  perrito con muy mal genio suelta un pequeño mordisco sin consecuencias al fotógrafo. «Tiene mal carácter, pero ya verás como poco a poco se va socializando más y deja de tener estas reacciones, porque estos paseos y el entrar en contacto con las personas y con otros animales les vuelve más sociables», comenta Beatrice en la puerta del centro poco antes de dejar al malhumorado Nano y coger a un pequeño podenco, esquivo y miedoso, «que seguro que con los días también mejora su carácter», explica.

Muchos podencos abandonados

En el centro hay muchos podencos, «demasiados», matiza Miguel, el veterinario que trabaja allí desde 2012 y que ha ayudado a dar un cambio  de cara y de salud a sa Coma. «Tras la temporada de caza se abandonan muchos y el hecho de tener un carácter tan huidizo tampoco ayuda a que salgan adoptados, por eso hay tantos», matiza Miguel, que comenta que son días de  entrada de muchos perros, porque es época de cría y por la caza. «Los payeses abandonan muchos podencos cuando no les sirven y por eso muchos acaban perdidos por el monte o aquí», apunta Beatrice mientras pasea al pequeño ejemplar. Para estos voluntarios resulta contradictorio que por un lado se esté defendiendo la raza autóctona de la isla y que por otro se abandonen tantos perros; aunque Ibiza no es un caso aislado en este sentido,  también sucede algo similar con el podenco canario o con el galgo en Andalucía.

Los malos no tan malos

La máxima de que no existen razas de perros peligrosos sino que los hacen los dueños la tienen muy clara las personas que acuden al centro. Dos de ellas, Gemma y Jenny, se sacaron expresamente la licencia para ir a sa Coma a pasear a estos ejemplares aunque  en algunos casos deben ir con cuidado porque todavía conservan cierta agresividad. Pero son los menos, porque previamente a que puedan salir a dar de excursión, estos perros están siendo tratados en el centro para que puedan socializarse y acostumbrarse a las personas y otros animales. Algunos han vivido entre peleas furtivas o con dueños que los adiestraban para su agresividad, los hay grandes, de complexión fuerte, de mandíbulas prominentes y los que son ‘experimentos’  de mezcla de razas potencialmente peligrosas, «pero son animales y necesitan cariño», recalca Gemma, mientras recibe los lametones de agradecimiento de Roco, un bonito perro de aspecto duro, pero al que se ve feliz por el paseo que se ha dado con su compañera.
Muchos de los 60 perros que hay actualmente en el centro se corresponden con animales de razas consideradas potencialmente peligrosas y cuya adopción, lógicamente, es más compleja, por eso la labor  de Gema o Jenny es muy importante para ayudar a estos perros a su integración. Jenny, por ejemplo, ha tenido durante meses en acogida a un pitbull de nombre Tay, al que no se puede quedar en adopción. «Aun así estoy muy contenta porque en un par de semanas se lo llevan», apunta esta joven a la que le encanta acercarse a sa Coma.

Adoptar, la mejor opción

Los voluntarios y el veterinario de sa Coma lo tienen claro: adoptar es la mejor opción. Y por eso invitan a todos aquellos que quieran adquirir una mascota que se acerquen a las instalaciones para conocer a los perros . Antes de ser entregados a los nuevos dueños, los perros reciben todas las vacunas correspondientes y el tratamiento adecuado para que los propietarios total garantía sobre sus mascotas. «Adoptar es lo responsable», señala Miguel en la puerta del centro, mientras recoge a Buba, que acaba de dar un gratificante de la mano de Laura, otra joven voluntaria.

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