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El Paladar
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La labor que está realizando todo el equipo de trabajo del Centro de Recuperación Animal de Sa Coma es digna de reconocimiento. Todas las personas implicadas en este proyecto están consiguiendo hacer digna la vida de los cerca de 60 animales (entre perros y gatos) que viven en el centro, y conseguir que muchos de ellos acaben perfectamente integrados en familias de la isla.

Varias chicas sacan a pasear a algunos perros del centro. AISHA BONETActualmente hay medio centenar de perros esperando un hogar. Cuando llegan al centro, todos son sometidos a una revisión completa por el veterinario del centro Miguel Quiñones, quien se encarga de determinar el estado general del animal. «Después procedemos a la vacunación, desparasitación interna y externa y realizamos un análisis de sangre para detectar enfermedades», explica. Cuando verifican que todo está correcto, el perro pasa a ser uno más del centro.

Uno de los trabajadores de Sa Coma recoge donaciones de voluntarios. AISHA BONETLas tareas no acaban nunca en Sa Coma. Todas las mañanas, el personal de mantenimiento limpia las jaulas, los recintos y la enfermería. «Intentamos hacer coincidir los ratos de limpieza con los paseos para facilitar el trabajo», explica Miguel Quiñones. «Yo hago más labores veterinarias y controlo qué tratamientos podemos realizar aquí y cuáles debemos llevar a la Clínica Veterinaria San Jorge». Por las mañanas, el profesional traslada a los animales que tienen que recibir cirugías o esterilizaciones. «Aquí nos vamos organizando día a día —reconoce—. Ningún día es igual que otro, ya que en cualquier momento tenemos que hacer una salida para recoger un perro o una camada o tener cualquier imprevisto que te hace cambiar el plan de actuación».

El veterinario Miguel Quiñones revisa a uno de los perros. AISHA BONETOtra de las tareas más importantes es trabajar con determinados perros para modificar su comportamiento. «Algunos no pueden salir a pasear por problemas de conducta, pero trabajamos con ellos para solucionarlo», comenta el veterinario, que colabora de la mano de adiestradores como Alejandro Gutiérrez, especialista en agresividad canina, con el fin de modificar conductas conflictivas. «Estamos notando grandes cambios en la gran mayoría de perros con los que trabajamos —expresa—. Poco a poco los vamos socializando».

Dos chicas miran a los perros que están en las jaulas. AISHA BONETEn Sa Coma hay varios perros de razas potencialmente peligrosas. «Estos perros tienen un comportamiento que hay que conocer, si no se socializan bien pueden dar problemas, pero no tienen por qué ser conflictivos», apunta Miguel Quiñones. Un ejemplo es Dylan, uno de los perros más veteranos de Sa Coma. «Es un cruce de pitbull y bull terrier que llegó en 2012 al centro», comenta el veterinario. Dylan tuvo problemas de comportamiento en su llegada a Sa Coma, tenía miedo y lo mostraba con agresividad. Sin embargo, tras las sesiones de adiestramiento y socialización, hoy en día es un perro encantador. «Lleva demasiado tiempo aquí», lamenta Miguel.

Dos perros esperan encontrar nueva familia en Sa Coma. AISHA BONETPortos, bretón, también ha tenido poca suerte por el momento a la hora de encontrar una familia. También llegó a Sa Coma en 2012 acompañado por por sus padres, que salieron adoptados más adelante. Portos tiene mucha ansiedad en la jaula (en la que vive desde hace más de tres años), así que cuando la gente va a Sa Coma, él ladra y «se creen que es problemático, pero no es así». De hecho, en los paseos muestra ser cariñoso con las personas. «Creo que la gente debería animarse a conocerlo».

Voluntarios en los paseos del jueves. AISHA BONETLos paseos son el mejor momento del día. Decenas de voluntarios participan en estas excursiones en los alrededores del centro que permiten que los animales salgan de las jaulas. «Los paseos son fundamentales, ya que permiten que los perros se socialicen. Y es que si no se socializan, la gente no los adopta», expresa Alicia de Amador, impulsora de la fundación Perros Abandonados en Ibiza y una fiel seguidora de los paseos. «Es gran parte de la calidad de vida de nuestros perros», completa Miguel Quiñones.

En el último año, Sa Coma ha recibido 462 perros, de los que 159 pudieron volver a casa, 262 fueron adoptados y cuatro fallecieron. El abandono continúa siendo muy elevado. «Hay una gran falta de concienciación, es una cifra muy elevada para un municipio tan pequeño [Ibiza]».

Uno de los gatos que hay en adopción. AISHA BONET«Por más tiempo que dediquemos a sacar adelante los trabajos del centro, continuamos teniendo el problema más grave: que los perros no dejan de llegar», lamenta el veterinario de Sa Coma, quien denuncia que la gente abandone a sus animales en unas condiciones lamentables.

Quienes deseen adoptar un perro, pueden acudir a Sa Coma. «Recomendamos a la gente que se apunte a los paseos para conocer qué perros tenemos —indica Miguel Quiñones—. Además, nosotros intentamos guiarles para elegir al perro que más se adapte a su vida». En definitiva, lo más importante es lograr que los perros adoptados conecten con sus nuevas familias y nunca tengan que volver al centro.

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