Hotel y restaurante Mirador de Dalt Vila. Experiencia gastronómica abierta a todos los ibicencos

Exclusividad, buena cocina, un trato exquisito, productos de primera calidad y un entorno lleno de historia son sólo algunos de los ingredientes del restaurante El Mirador

Susana Asenjo
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El Paladar
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Exclusividad, buena cocina, un trato exquisito, productos de primera calidad y un entorno lleno de historia son sólo algunos de los ingredientes del restaurante El Mirador, del hotel Mirador de Dalt Vila.

Liderado por el cocinero ibicenco Juan Manuel Tur, el restaurante ofrece cocina de autor desde la base de la tradición, con productos de la isla, aunque sin dar la espalda a otros alimentos de fuera.

Ángel Miguélez, director del hotel, remarca que «el restaurante está abierto a todos los residentes. Es un privilegio disfrutar de este entorno único y de un edificio, con más de un siglo de historia plagado de obras de arte».

El comedor tiene cinco mesas y capacidad para 20 comensales, que en verano se amplía un poco más con la terraza. «Así que la excelencia dentro de la cocina y en el servicio está garantizada», añade Miguélez. Por ello, el director del hotel asegura que se trata de «una experiencia gastronómica en un sitio privilegiado».

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El hotel y el restaurante están ubicados en Dalt Vila en un edificio de 1905.

La excelencia dentro de la cocina y en el servicio está garantizada en el mirador

El hotel es miembro de la prestigiosa red Relais&Chateaux y una de la condiciones para pertenecer a ella es contar con un restaurante de un nivel elevado.

Así que el restaurante Mirador sigue la estela del hotel. En su carta destacan la paletilla de cordero de la isla o «de kilómetro cero, como se denominan ahora a los platos que se producen y cocinan en el mismo entorno», explica Juan Manuel Tur.

Sabor pitiuso

Otro de los platos con sabor pitiuso es el arroz cremoso con gamba ibicenca. Entre los pescados, que llegan directamente del mar, destacan el gallo de San Pedro con salsa Meunière, la roja con caldo de pimientos asados, y por supuesto, el pulpo. Para concluir, nada mejor que un buen queso fresco de la isla acompañado de piñones garrapiñados y una reducción de naranja y tomillo.

El cóctel estuvo a la altura de la celebración.

Aunque la mejor opción para probar las exquisiteces de este espacio único es el menú degustación, un recorrido por algunos de los platos presentes en la carta y otros elaborados sólo para esta propuesta. Este menú de cinco platos más dos postres, suele cambiar ligeramente según la estación y las novedades presentes en el mercado.

La carta de El Mirador se puede disfrutar en la terraza.

El viaje gastronómico por la isla comienza por vieiras al grill con puré de chirivía, parmesano y albahaca, sigue con pulpo ligeramente ahumado, arroz cremoso, gallo de San Pedro, cochinillo lechal confitado y concluye con dos postres a base de crema de cítricos con fresas, y cacao, parfait de avellanas.

Una de las especialidades del restaurante.

El menú degustación es un recorrido por la tradición ibicenca

Y en un buen menú no puede faltar un vino excepcional. Así que el restaurante ofrece dos opciones: maridar cada plato con un caldo distinto o elegir un único vino durante la completa degustación.

Coqueto interior

El coqueto interior del restaurante también está abierto a las celebraciones privadas, siempre que no sean muy numerosas, y de hecho, han celebrado algunas bodas ya que está ubicado junto al Ayuntamiento.

Para llegar al restaurante, además de un dar un precioso paseo, pueden ir en taxi o incluso preguntar por otras opciones a la hora de hacer la reserva de la mesa.

El Hotel Mirador de Dalt Vila está abierto desde Semana Santa hasta finales de octubre. En ese periodo el restaurante está disponible a la hora del almuerzo y de la cena. El hotel es el lugar favorito entre quienes buscan vivir una experiencia cultural, tranquila, alejada del bullicio y siempre bajo las premisas de un trato cercano y exquisito.

Tanto el restaurante como el hotel acaban de conmemorar el décimo aniversario de su apertura. Para ello, la familia Fajarnés Vall, propietaria de este exclusivo espacio, organizó un evento muy especial al que asistieron clientes de siempre, vecinos, antiguos trabajadores y, sobre todo, amigos.

Edificio de 1905

La fiesta se celebró en la entrada del hotel y en ella no faltó un cóctel a la altura del cumpleaños, coronado con una tarta que recreaba el edificio de 1905 donde se ubican el hotel y el restaurante.

La fiesta contó con una gran asistencia de clientes y amigos del hotel.

También, los invitados tuvieron la oportunidad de ver un video conmemorativo en el que no faltaron imágenes de la historia de la familia Fajarnés y de la década que ha vivido el hotel.

Además del restaurante, a lo largo del día se puede disfrutar de los desayunos, los vino de la Enoteca y de todo tipo de combinados del Cocktail Bar.