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El Paladar
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A pesar de que el bronceado sienta bien y de que con la piel morena la ropa luce más, una piel quemada, con arrugas o con manchas, no es ni bonita ni sana. Sin embargo, estar guapos en verano no tiene por qué perjudicar la salud de la piel si se previene y se utiliza la protección adecuada.
Para evitar que la piel sufra daños hay que protegerla desde el primer momento. En esta época del año, el sol comienza a brillar más tiempo y con más fuerza, aumentando así el riesgo de quemaduras, manchas y otras consecuencias no deseadas ante la exposición. La piel sufre más durante la época estival, por ello merece un mayor cuidado. Las altas temperaturas deshidratan la epidermis y la sudoración aumenta la humedad, y con ello el riesgo ante posibles infecciones.

Los rayos ultravioletas estimulan la producción de serotonina y endorfina

Es importante protegerla con cremas solares y con una buena hidratación, lo que no exime por completo los nocivos efectos de los rayos UV.
También hay una parte positiva. La luz solar aporta la vitamina D, fundamental para tener unos huesos fuertes. Es imposible conseguir una dosis suficiente de la misma solo con la alimentación. Esta vitamina ayuda a calcificar huesos y dientes. Además, los rayos ultravioleta estimulan la producción de serotonina y endorfinas, sustancias consideradas como antidepresivas y relajantes.
Tomar el sol no es malo siempre y cuando se sepa cómo hacerlo.

Entrena tu piel

Para cuidar la salud es imprescindible mantener una buena hidratación, utilizar protección solar y saber cuándo y cómo tomar el sol.
Es necesario beber mucha agua y utilizar lociones hidratantes durante el verano. Se debe aplicar un protector solar sobre la piel seca 30 minutos antes de salir de casa. Durante los primeros días hay que emplear un factor de protección alto, nunca inferior a 30, además de repetir el proceso varias veces al día. Es importante no olvidar ninguna parte del cuerpo, como las orejas, los párpados o los pies, pues también se queman.
Se recomienda evitar tomar el sol a mediodía, ya que son las horas más peligrosas. Hay que acostumbrar al cuerpo a tomar el sol de manera progresiva, empezando por 10 minutos cada día hasta alcanzar el máximo de las dos horas recomendadas.

¿Y la alimentación?

Es importante seguir una dieta sana y equilibrada, que conste de al menos cinco raciones de vegetales y frutas frescas al día. Algunos de los alimentos recomendados son el tomate, la sandía o el pimiento rojo por su alto contenido en licopeno, que ayuda a prevenir el daño que el sol pudiera producir. Y verduras de hojas verdes, zanahorias o espárragos por ser ricos en betacaroteno, precursor de la vitamina A y con componentes antioxidantes.
También son importantes frutas como la naranja, el limón o las fresas, por su alto contenido en vitamina C, trascendental para la piel y para los huesos.

Vulnerables: niños y mayores

El grado de vulnerabilidad de ambos grupos se debe por la alta sensibilidad de su piel. Es importante utilizar una protector solar de factor 30 o superior tanto para niños como para las personas mayores. Además, conviene reforzar la protección con prendas de ropa o accesorios como gorros o gafas de sol.

Se debe aplicar un protector solar sobre la piel seca 30 minutos antes de salir de casa

Los niños poseen una piel más fina y la probabilidad de erosión, infección o quemadura es mayor a la de un adulto. En la infancia se multiplica el riesgo de melanoma. Hasta cumplir los 18 años no se reduce esa alta vulnerabilidad.

Lo primero y más importante es mantener una buena higiene de la misma, seguido de un producto de hidratación. Todo esto no es suficiente si no se evita la exposición solar, sobre todo desde las 12 horas hasta las 16 horas en verano.

EXCESO DE EXPOSICIÓN AL SOL

Consecuencias negativas

A corto plazo

Golpe de calor: Es la forma más frecuente y peligrosa de todos los accidentes causados por el sol. Generalmente, ocurre en ambientes de elevada temperatura y humedad. Algunos de los consejos para evitar esto serían el seguir una dieta sana, aumentar la ingesta de líquidos, exponerse al sol lo mínimo posible, utilizar ropa ligera y holgada o descansar con frecuencia y a la sombra.
Quemaduras: Se caracteriza por el enrojecimiento de la piel e incluso la aparición de ampollas poco después de tomar el sol. Ante esto, se debería interrumpir la exposición, beber mucha agua y, en caso de la aparición de ampollas, acudir al médico.
Insolación: Alteración de la temperatura corporal, causando malestar en general, con dolor de cabeza, náuseas y escalofríos. Esto se produce por una prolongada exposición al sol. Se debe tratar de disminuir la temperatura corporal y en casos graves acudir al médico.

A largo plazo

Debilitamiento de nuestro sistema inmunológico. Cuando las defensas no funcionan correctamente, la resistencia ante los microorganismos dañinos disminuye. Esto puede provocar muchas consecuencias negativas, como enfermedades prolongadas, e incluso se podrían convertir en crónicas.
Cáncer de piel. Es el efecto más grave de ponerse bajo el sol. Los rayos UV provocan alteraciones en la estructura del ADN. Hay diferentes tipos de cáncer, pero el más común es el melanoma que se produce por un crecimiento descontrolado de las células de pigmentación de la piel.
Envejecimiento prematuro de la piel. Acelera la aparición de arrugas y/o de manchas debido a un exceso de exposición.

CREENCIAS ERRÓNEAS

Los 5 falsos mitos

«Con una crema de alta protección no te pones morena». Es una de las creencias más comunes, pero ponerse moreno depende de muchos condicionantes. Con un alto factor de protección se coge color de una forma más pausada, pero no supone ninguna barrera.

«Ya tengo color, no necesito protección». El bronceado es una reacción de la piel ante la exposición, solo protege parcialmente. Los rayos del sol siguen siendo igual de dañinos independientemente de la cantidad del bronceado.

«En invierno los productos protectores no son necesarios». Es importante proteger la piel del sol todo el año, incluso en invierno. Entonces los rayos inciden negativamente en nuestra epidermis, aunque el grado sea menor.

«Los días nublados no queman». Aunque pueda parecer que el sol aprieta con menos fuerza, los rayos UV atraviesan las nubes. Es cierto que la radiación es más difusa pero, a no ser que las nubes sean muy densas y estén muy bajas, es suficientemente intensa como para quemarse.

«Las personas con muchos lunares deben tomar menos el sol». Este mito surge con el aumento de los casos de cáncer de piel. La exposición solar está recomendada para todas las personas porque también aporta beneficios, siempre y cuando se tomen las precauciones pertinentes y sin excesos.

CÓMO TOMAR EL SOL

Consejos prácticos

No tomar el sol entre las 12 y las 16 horas. La exposición debe ser de manera progresiva, empezando por los 10 minutos y nunca superando las dos horas diarias aconsejadas.

Aplicar la crema protectora siempre 30 minutos antes de salir de casa y siempre sobre la piel seca.

Protejer cada una de las partes de su cuerpo y, sobre todo, aquella con un mayor grado de sensibilidad.

No utilizar perfumes o productos con alcohol si va a tomar el sol.

Vestir prendas holgadas de algodón o lino.

Beber mucha agua.

Después de haber tomado el sol, ducharse con agua tibia o fría y aplicar una loción hidratante o, preferiblemente, aftersun.

Los niños, embarazadas y ancianos deberán evitar exponerse al sol.