Aprender a vivir aquí y ahora

Jimena L. Ansótegui
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El Paladar
El Paladar
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El Paladar

El tiempo pasa. Se va para no volver. Es, en el fondo, lo único irrecuperable que tenemos ahora mismo y, sin embargo, sin darnos cuenta muchas veces deseamos que pase rápido. Que se acabe el verano, que termine el año, que llegue el fin de semana, que suene la campana. Nunca seremos más jóvenes que hoy ni estaremos más lejos de nuestro último día. A veces, me pregunto por qué no queremos enterarnos de nuestra vida. ¿Por qué no deseamos más que se pare el tiempo? ¿Por qué huimos de lo que nos está ocurriendo? ¿Qué nos pasa aquí y ahora? Nos pasan cosas y pasan tan fugazmente que a veces no nos damos cuenta de que han pasado y de que no hemos estado, de que no hemos puesto toda la energía que se merecían. Ahora que las pensamos nos encontramos corriendo para llegar a otros asuntos más insignificantes.

La buena noticia es que al lado de lo que no tiene importancia siempre hay algo que sí que la tiene pero que quizás, por falta de costumbre, no vemos. Solo hay que buscarlo, reconocerlo no debe de ser tan difícil, es cuestión de pararse a observar. Dar un paso atrás y ver en perspectiva. El tiempo es tan valioso que derrochar un solo minuto debería estar prohibido. Una vez pasa ya nunca vuelve.

«El pasado está muerto. podemos acordarnos de él incluso soñarlo pero no podemos cambiarlo ni vivirlo de nuevo»

El pasado está muerto. Podemos acordarnos de él, incluso soñarlo, pero no se puede cambiar, no se recupera ni se vive de nuevo. Dicen que cuantos más años cumples más rápido el tiempo pasa. Es verdad. La razón más obvia es que con ocho años, haber vivido cuatro en una misma ciudad ya suponía haber pasado allí la mitad de nuestra vida, pero con veinte esos mismos cuatro años ya eran solo la quinta parte y llegados a los cuarenta, una décima parte con lo que cada vez el mismo periodo de tiempo va siendo significativamente menor. Por eso, aunque el tiempo es importante, como cada vez nos queda menos, tendríamos que pensar muy bien en qué lo empleamos e intensificar cada momento.

Suelen decir que hay que disfrutar del camino mientras llegamos al objetivo. Que no es tan importante el tiempo que pasamos como la intensidad con las cosas. Que hay que vivir el aquí y el ahora.