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El Paladar
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Diseñador y creador de moda. Tiene una dilatada carrera en el mundo de la moda como ilustrador, diseñador e innovador del negocio. Ha diseñado para Sybilla, Zara y colaborado con su amiga Amaya Arzuaga. Su éxito en la Pasarela Cibeles la ha llevado a ser
un indispensable en la Mercedes Benz Fashion Week y en Costura España Madrid Bridal. Ahora se reinventa con una ‘join venture’ empresarial con el gigante El Corte Inglés para tratar de ser más competitivo en un mundo donde «una camiseta vale menos que un café»

Su reciente éxito en las pasarelas Mercedes Benz Fashion Week y Costura España Madrid Bridal Week y su colaboración exclusiva con El Corte Inglés le sitúan como uno de los diseñadores del momento

­—¿Una colección sin género, sin tiempo como la que ha presentado en Madrid es posible?
—Sin pretensión. La moda muchas veces tiene pretensión y muchas veces disimula lo que es evidente. A mí lo que me gustaría es que la gente me reconociera por hacer bien lo que hago, que el producto final esté bien acabado y olvidar un poco el hecho de la tontería que tiene la moda. Siempre lo ha habido y es parte intrínseca de la moda pero a mí me gustaría alejarme un poco de esto y esa perspectiva.

—¿Su parte de ego ya está cubierta?
—No estoy pendiente de esto. Estoy en una etapa en la que pienso en el trabajo en equipo. Soy director de mi equipo pero no quiero apropiarme cosas que no son mías. Es una manera de compartir lo que he aprendido en todos estos años, tal y como hice de compañeros como Sybilla y Amaya Arzuaga. Quiero hacer de mi trabajo algo que tenga una durabilidad y no tenga que ver conmigo.

«Con la moda pretendemos mostrar libertad, romper con las etiquetas y estereotipos»

—La moda de hoy día tiene más que ver con el trabajo en equipo que con la creatividad de un diseñador solo.
—La imagen del diseñador endiosado, que es un genio y lo hace todo es algo un poco pasado de moda. Básicamente como en el cine; evidentemente el director es director, pero hay un productor, un guionista, actores y actrices que forman el equipo. En diseño pasa lo mismo, hay un equipo de gente que cose maravillosamente, que aporta ideas y trabajo que hay que tener en cuenta.

—Entonces ¿ya no hay más genios como Karl Lagerfeld?
—Por supuesto, pero como el solo hay uno, es único, es un gran maestro que está en lo más alto desde hace muchísimos años. Pero hay que mostrar otros perfiles que también existen. Yo, por ejemplo, doy clases en las escuelas de diseño y hay una gran cantidad de licenciados y diplomados. Si todos tuvieran que ser personajes reconocidos, marcas de prestigio o personajes estrella tendríamos un elevado índice de gente frustrada en el mundo de la moda. No me parece que sea necesario vincular el mundo de la moda con la fama o ser conocido.

—El mundo de la moda es cada vez más un gran negocio en el que es cada vez más difícil destacar, como es su caso.
—No hemos llegado al matrimonio o al maridaje entre creatividad y negocio o eso es lo que considero en el entorno de mi generación y en España. Creo que hasta ahora se ha hecho lo que se ha podido o querido. Mi relación con El Corte Inglés es de los pocos ejemplos que funcionan creativa y comercialmente. Pero no entiendo por qué no en más ocasiones y proyectos de esta índole.

—Usted ha afirmado en alguna ocasión que se siente solo generacionalmente hablando ¿a qué se refiere?
—Es el caso de mi amiga Amaya Arzuaga, que ha dejado temporalmente la moda, pero creo que volverá. Miriam Ocariz, Lemoniez, Miguel Palacio y otra gente de mi generación ha dejado el mundo de la moda por diferentes razones temporalmente. Quiero estar con la gente que sube ahora y acordarme de los que me ayudaron en su momento.

—Ha tenido un notable éxito en Madrid Fusión con desfiles mixtos ¿la moda es muy repetitiva?
—La moda es cíclica, parece que el discurso tiene nuevos adeptos. Con la moda pretendemos mostrar libertad, romper con las etiquetas y los estereotipos y no nos queda otra que seguir machacando al personal.

«El espectro nupcial ha variado mucho, hay tantas bodas como personas y más tipos de uniones»

—¿Por qué ha elegido el nombre de Oliva para su nueva marca de moda?
—Bueno es mi apellido, le hemos quitado Juanjo porque internacionalmente es muy complicado. Oliva se vincula con el Mediterráneo, es español y me gusta.

—No tiene nada que ver con el color verde oliva.
—Pues también tiene algo que ver con eso, tiene su parecido con el color del aceite de oliva. De hecho, el color corporativo es verde muy dorado, como cuando la oliva todavía no está madura.

—Vamos a hablar de una parte específica de su colección que son los trajes nupciales y los diseños para bodas. ¿Se abre un camino importante para los diseñadores el crear vestidos para novias e invitadas?
—Cuando comencé hace 17 años fue un camino que me permitió continuar. Empiezan a cambiar cosas en las que se preveía un cambio como las tiendas multimarca, era muy difícil hacer un prêt-à-porter y los mínimos para fabricar eran muy altos. Un diseñador no podía enfrentarse a ese volumen de negocio, ni ese tipo de empresa, sobre todo para un diseñador que acaba de empezar.

Oliva es un fan total de Ibiza y Nueva York. SERGIO G. CAÑIZARES

—¿Un vestido de novia lo hace diferente?
—Crear vestidos para un evento es diferente, es un momento que a la gente le parece especial, que quiere compartir, disfruta de ese día y en el que interviene un factor económico importante: se hace un desembolso superior pero también le tienes que dar un servicio. Esa línea que empecé hace 17 años me ha permitido hacer ahora una colección para El Corte Inglés y esta línea prêt-à-porter es también un camino que han seguido otros diseñadores que han venido después. Es un nicho de negocio en el que un diseñador puede aportar su creatividad con un volumen de mercado y de empresa que es fácil de digerir y gestionar.

—¿Da más libertad hacer una línea nupcial?
—Bueno, tienes un tejido y un presupuesto que te permite libertad. También depende del tipo de novia a la que quieres llegar. Creo que el espectro nupcial ha variado mucho y ahora ya hay tantas bodas como personas. La gente quiere celebrarlo de manera menos cuadriculada que hace unos años, el componente lúdico y divertido es más que el componente ceremonioso en sí. Hay más tipos de uniones hoy en día. No tiene nada que ver con el concepto religioso del asunto. Se ha ampliado el espectro de la ceremonia, aunque suene un poco cursi es una bonita manera de celebrar el amor.

—Las bodas se han desnudado un poco con amplios escotes en la espalda y en el pecho. ¿Estos detalles le han dado también más libertad de creación?
—Nos ha dado más juego y también la posibilidad de que haya un traje de ceremonia y otro de celebración para la novia. Es un momento muy interesante para la persona receptora de tu mensaje, es muy trabajoso pero muy agradable porque es muy gratificante. Además, la relación que se crea entre el cliente/a es muy concreta con resultados muy buenos y exclusivos ya que el vestido es único.

—Y en torno a eso ha nacido un universo paralelo que son los vestidos de las invitadas y los trajes de los invitados.
—Casi hago más vestidos de invitados que novias. Diseño muchas novias pero también la madre de la novia, del novio, las hermanas, otros familiares y amigas. etc. Me dedico más a eso que a eventos para el cine, y antes había más eventos de baile para traje largo que ahora. Es verdad que a la gente le gusta vestirse de largo y parece que el único reducto que queda para ello es la boda.

—¿A quién le ha hecho un traje que usted ha pensado: ‘le queda clavado’?
—A infinidad de personas que luego se han convertido en clientes regulares. He tenido la oportunidad de vestir a mujeres muy interesantes e importantes como Nieves Álvarez, Marisa Paredes, Luz Casal y Elena Salgado, entre otras.

—¿Y a la reina?
—La reina que yo sepa no ha llevado nada mío en un acto público. Sé que tiene un vestido mío a través de un regalo que le hicimos desde la Asociación de Creadores de España. Le regalamos un vestido cada uno, sé que ese vestido lo tiene pero no se lo he visto en un acto público.

—¿Y ha hablado con ella?
—Sí, pero no de moda.

—¿Y a Ivanka o a Melania Trump les haría un traje?
—Personalmente no creo que haya que mezclar las ‘churras con las merinas’ entonces no me negaría a hacerle un vestido a nadie, la verdad. No lo he hecho nunca, y ¿de qué iba a comer?

—Decía la princesa Smilja Mijailovich de la Moda Adlib: ‘Viste como quieras, pero con elegancia’ y usted añade que cada uno tiene que hacer la prenda como suya y adaptarla a su estilo ¿Coincide con la filosofía Adlib?
—No podemos renunciar ni un ápice a la libertad. Uno puede seguir una línea elegante pero eso no quiere decir que tenga que dejar de lado la libertad. Yo por ejemplo tengo una serie de vestidos con muchos escotes pero también vestidos más serios. No me apetece ni me interesa limitarme a un estereotipo.

—Cambiemos de tema. ¿Qué le gusta tanto de Ibiza?
—Hay una energía que percibo cuando estoy aquí que me hace volver. Me gusta todo de la isla y mira que no suelo ser así, suelo ser muy tiquismiquis. De hecho, creo que después de mi ciudad natal es el lugar al que más he venido. Los sitios a los que más voy son Eivissa y Nueva York.

—¿Hay que apostar siempre por la gente joven para crear equipos y trabajar?
—Por supuesto, eso siempre. No tengo a nadie que tenga más de 30 años. Hay que estar rodeado de gente joven siempre. Esta es una de las claves del éxito de Karl Lagerfeld. Para seguir manteniendo el pulso de la moda que es un universo tan cambiante y tan conectado con la gente joven no te queda otra. No puedes permitirte no estar rodeado de gente joven.

—Hay un nuevo modelo de negocio de la moda y en la forma y dirección que se está tomando en muchos casos para romper con los calendarios.
—Creo que los negocios son muy creativos, este debe cambiar, tiene que estar más cerca de la moda porque es una fuente de negocio importantísimo. Hay fórmulas muy nuevas que tienen muchas perspectivas que aportar, la gente que quiere formar parte de un negocio se va a encontrar que hay aspectos de la moda que son muy interesantes y que tienen mucho que aportar. Hay un equilibrio entre lo comercial y lo creativo, hay un balance entre la imagen del producto y lo que tiene que ser, que une muchas cosas. No entiendo que haya gente que tiene capital y no financie más negocios que tengan que ver con la moda porque son realmente muy atractivos. A la vista están los resultados, los hombres más ricos del mundo están en la industria de la moda.

—¿Se ha democratizado la moda?
—Sí, pero eso no quiere decir que sea mejor.

—Ahora se puede mezclar Zara con Gucci o Dior con H&M sin rubor. ¿Cómo lo ve?
—Desde ese punto de vista sí que es más democrática. Pero para democratizarla se han bajado los precios y lo que no puede ser es que cueste menos una camiseta que un café. Entonces habría que preguntarse cuánto más accesible puede ser con una buena producción, con una producción localizada. Se están cerrando y perdiendo fábricas en Europa para abaratar costes y esto es algo muy triste. Se está perdiendo a mucha gente muy válida, mano de obra especializada. Tenemos que preguntarnos cuando compramos algo tan barato cómo es posible que sea tan económico.

—¿A qué personaje no ha vestido y le gustaría vestir?
—A Cate Blanchet, indudablemente, y a Nicolae Kiruna o Carolina de Mónaco también.

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