La bodega Terramoll trabaja desde hace 17 años en la búsqueda del sabor auténtico, tradicional, ese que se funde con el paisaje de la Mola y que tiene como resultado una variada y sobresaliente gama de vinos, pero con diferentes matices y peculiaridades que los hacen únicos e irrepetibles.

2017 ha resultado un año importante para la bodega formenterense, cuyo vino tinto referencia, Es Monestir, ha sido distinguido con la medalla Bacchus de Plata en un certamen internacional, organizado por la Unión Española de Catadores, y al que se presentaron más de 1.700 caldos. Es Monestir es el reflejo del trabajo tradicional y artesanal que se realiza en la bodega, con unas vides antiguas, de secano, adaptadas totalmente a la climatología de Formentera. Esta adaptación al medio se refleja en su carácter y le proporciona autenticidad. La producción de esta pequeña bodega donde se mima la calidad por encima de todo con los años va aumentando poco a poco, y cuenta con el marchamo de ‘Vi de la Terra de Formentera’.

En la altiplanicie de la Mola se encuentran las cerca de 14 hectáreas donde se elabora este vino de producción artesanal. AISHA BONET
En la altiplanicie de la Mola se encuentran las cerca de 14 hectáreas donde se elabora este vino de producción artesanal. AISHA BONET

‘Es Virot’, novedad

La novedad más importante de este año en Terramoll ha sido el lanzamiento, justo al comienzo de la temporada, del nuevo vino tinto Es Virot.

Este vino, según señala el enólogo de la bodega, José Abalde, «es un vino tino pensado para el mercado de las Pitiüses». «Es un vino tinto afrutado con un ligero toque de barrica de roble francés, pero sin mucha concentración tánica, con la idea de que se pueda consumir más frío de lo que se consumen habitualmente los vinos tintos; es un coupage de Merlot (variedad mayoritaria) y Cabernet sauvignon», describe el enólogo.

En estas fechas, la bodega se encuentra en plena vendimia, aunque Abalde ya puede avanzar que el resultado de este año «será muy bueno».

Las condiciones climáticas de la primavera y el verano siempre afectan a la maduración y recogida de la uva. «Las uvas iban madurando lentamente, debido a que las plantas este año tenían más vigor vegetativo (todas nuestras viñas están en secano), pero con las altas temperaturas, a partir de mediados de julio, se empezó a acelerar rápidamente la maduración: nosotros empezamos a recoger las variedades blancas el 1 de agosto; y después, con las lluvias de primeros de agosto, se volvió a ralentizar el fin de la madurez de las variedades más tardías», cuenta el enólogo.

Arantxa y Susana Moll junto a José Abalde en el estand de vinos de Terramoll en la última feria de Tastavins. SERGIO G. CAÑIZARES

A comienzos de septiembre, sólo les falta por recoger el Cabernet sauvignon para el Es Virot y el Monastrell de pie franco para el Es Monestir. «Además tenemos una parte de uva blanca que estamos dejando sobremadurar en las propias cepas para la elaboración de un vino blanco dulce que volveremos a hacer para esta añada», cuenta.

Más tinto y menos blanco

En cuanto a la producción de esta campaña, de variedades blancas se recogerán menos que el año pasado y de tintas «la producción será ligeramente superior al año pasado», señala Abalde.