La temporada alta de clubs llega a su fin tras cinco meses de emociones, experiencias electrónicas y opiniones para todos los gustos. Cada club, como cada temporada, ha seguido su propio camino, con un ojo en la competencia, la cabeza en el mercado, el corazón en la música y su reputación en la industria.

No es fácil armar programaciones con dignidad suficiente para dar contenido a siete noches cada semana en una escena cambiante pero, de puertas para adentro, extremadamente crítica. No es sencillo conseguir llenar a diario salas con aforos para varios miles de personas con horarios nocturnos cada vez más restrictivos, sin la complicidad de la exclusividad de los djs y con una oferta ilegal paralela concentrada en villas privadas donde la entrada y, con frecuencia, las bebidas son gratuitas. Y todo ello condimentado por salidas «forzadas» de players con gran penetración en mercados capitales como el Reino Unido y un relevo generacional que ha comportado, en 2017, el cambio de manos de dos clubs de bandera. Así no es fácil mantener una Ibiza puntera en lo que al ocio nocturno se refiere.

Con filosofías distintas, cada club cuenta con su público y sus fiestas de bandera

Aun así, hay que aplaudir a las discotecas ibicencas su tenacidad, profesionalidad y savoir faire. El sector del ocio nocturno es un sector vital que afronta los retos con valentía, creatividad y respeto a los orígenes y que cada año, como este 2017, busca mantener la ilusión y sorprendernos. Y eso pese a la reiteración de line ups, con una acuciante mayoría de djs al servicio permanente del mejor postor y con una inexplicable ausencia de apoyo institucional hacia una industria que no solo constituye el principal apéndice económico de la isla, sino que también, y sobre todo, está en la base de su identidad como destino turístico en el mercado global y es, a su vez, el epicentro de una red de profesionales altamente competitivos en las áreas del diseño, la edición, la producción audiovisual, la gestión musical, el marketing y la comunicación, por citar tan solo algunas.

Determinar quién lo ha hecho mejor o cuál o cuáles han sido las fiestas más exitosas de la temporada es, como casi toda apreciación, una cuestión subjetiva. Pero el esfuerzo, el ingenio y la valentía merecen el reconocimiento y, siguiendo variables como el cartel, la asistencia, la originalidad, la música y el espectáculo, el verano 2017 se despide con su poll de favoritas.

Nació en 2016 haciendo suyo un sonido que comenzaba a marcar el ritmo en lugares quizá más primitivos, con el convencimiento de que algo aparentemente tan banal como la estética puede ser un medio de conectar con la madre tierra. WooMoon ha celebrado el ciclo lunar del verano en Cova Santa, consolidada como la fiesta de culto que su aura aspiracional le ha otorgado.

Sorprende la falta de apoyo institucional a la industria musical de la isla

El club de clubes podría presumir de intelectualidad, no en vano fue fundado en 1974 por el filósofo Antonio Escohotado, pero no lo hace. En Amnesia la consigna es clara: vivir la noche como si no existiera el mañana. El epítome perfecto del hedonismo y la mediterraneidad ha batido récords de audiencia con Elrow y otea desde una posición vanguardista la noche de Ibiza cada lunes desde hace 18 años con Sven Väth y Cocoon, mientras que Paris Hilton consigue que la palabra Amnesia Ibiza sea un mantra del verano en los confines del planeta y atrae hasta su pista de baile al fundador de Google, Larry Page. También en Amnesia, Marco Carola cambia las reglas del juego a base de techno con closings dobles como al que asistiremos la semana que viene.

En Pachá, la noche sigue su propio ritmo y David Guetta consigue colgar el cartel del sold out desde hace una década con entradas cuyo precio se mantiene intocable en 80 euros. La calidad musical del club de las cerezas es excepcional, ejemplificado en fiestas como Mosaic y Labyrinth. Solomun + 1 confirma con su fórmula escueta que también en la cultura de clubs, a veces, el menos es más; y Flower Power atesora el espíritu de la isla con la que soñamos, contando entre sus filas con un artista mayor como es el pintor Jesús de Miguel, creador de la campaña gráfica de la fiesta fundacional de la isla y de Pachá.

Ushuaïa ofrece un plan tentador y mainstream cada día de la semana, con novedades como Kygo, éxitos anunciados como Garden of Madness, secuelas brillantes como Big y fiestas alternativas que crean comunidad como Ants.

Ante la competencia y el cambio, el ocio nocturno ibicenco se crece

El club más grande del mundo, según el Libro Guinness de los Records, ha hecho suya la noche del martes en virtud de un proyecto llamado Resistance, la penúltima declaración de amor de John Digweed y Sasha hacia la isla; y Afterlife se despidió ayer del 2017 como la única opción apetecible musicalmente hablando los jueves este verano.

En Heart, la poll se detiene en Saga y en una fiesta, La Troya, en la que todos alguna vez hemos bailado. Eden tiene probablemente el mejor sistema de sonido de la isla y una trayectoria que Defected in the House ha sabido canalizar.

Porque hay salas, como DC10, que hay que lograr entender para poderlas disfrutar. El club que tiene el privilegio de la sal tiene mucho de fenicio y su destreza en la navegación le ha valido un premio llamado Paradise y abrirse a un mundo nuevo sin perder de vista Circo Loco.

Es Paradis significa para Ibiza muchas cosas y su Fiesta del Agua sigue siendo, tras 20 años, un highlight. Imprevisible y underground, en Sankeys bailaremos también los sábados este invierno. Hï Ibiza es sinónimo de Black Coffee y desde la sala señalan la fiesta de Eric Prydz como uno de sus platos fuertes de su primera temporada.
Creativa y dinámica, la escena de clubs en la Isla Blanca sorprende cada verano.