Si tuviéramos que elegir el vestido perfecto para las closing-parties, ese sería sin duda uno de Saint Laurent. La segunda colección de Anthony Vaccarrello para la mítica casa de moda de París reúne todo lo que de un vestido para bailar en los clubs de Ibiza se puede desear: oscura, sofisticada, trasnochadora, extravagante, sexy y glam.

La isla sigue su propio ciclo vital y, mientras que el resto del hemisferio norte adapta los armarios a la nueva estación, en la isla que durante las dos próximas semanas será trendic topic y llamará a escribir decenas de miles de veces el hashtag ‘ibizaclosingparties’, disfrutamos aún de una estación, el verano, que aquí, en el paraíso de la música electrónica, a ritmo de beats, tiene cuatro meses.

No estrenaremos pues la gabardina de cuero, que es o será el capricho de la temporada, salvo que la meteorología no nos acompañe, pero sí veremos desfilar y disfrutaremos luciendo las tendencias más hot que trae consigo este otoño-invierno y que la colección del diseñador de la escuela de Amberes sintetiza en clave noche y clubber.

Las pistas de baile de los mejores clubs del mundo son en los cierres una oda a la moda. ‘freedom’ es el ‘dress code’

Sneakers combinadas con vestidos largos marcarán el compás de nuestros pasos en pistas de baile frenéticas coloreadas de rojo en botas y labios, aportando la dosis preppy o de femme fatal justa y necesaria. Como si hubiesen nacido para ello, los tejidos iridiscentes elevarán las posibilidades expresivas de los increíbles equipos de luces de los clubs hasta lugares inimaginables en un viaje lisérgico que nos llevará a abrazar el alba bailando. A veces la fuerza de una propuesta no reside en el número de veces que se repita, sino en el impacto que provoque, y al igual que no hay dos closing iguales tampoco hay un juego de pendientes idénticos, porque estos se llevarán desparejados, como si de un juego de espejos se tratase. Las plumas acariciarán la piel al boom boom hipnótico de la música que veneramos, recorriendo con la emoción inefable de los cierres las salas en toda su inmensidad, con el paso determinado de unas botas de caña altísima y tacón afilado y unas gafas traslúcidas para recibir al sol en la isla más mágica.