‘Sirena’: de estreno en Ibiza

El recién bautizado buque de Oceania Cruises pasó 11 horas en el muro del puerto de Vila

El ‘Sirena’ ayer, atracado en los Duques de Alba del puerto, con Dalt Vila al fondo. PAU FERRAGUT

Siempre queda bien ver a un barco amarrado unas horas en el muelle duques de Alba, la instalación portuaria que permite el amarre de buques junto al muro. Es positivo estéticamente, porque durante unas horas cambia algo el paisaje de la zona y también es bueno porque la presencia de pasajeros y tripulantes da más vida a esa zona tan céntrica del puerto, ahora usada de manera preferente por megayates y para la estancia temporal de algún barco de Formentera que no use los amarres habituales.

Ayer, los pasajeros y tripulantes que deambulaban por Andenes eran los del buque ‘Sirena’, la última incorporación a la flota de Oceania Cruises, la naviera de gran lujo, perteneciente al grupo Norwegian Cruise Line Holdings, de la que cuelgan también la propia NCL, una de las gigantes del sector, y Regent Seven Seas, operadora del barco más lujoso del mercado y que hizo escala recientemente en la isla con gran fanfarria de autoridades y directivos.

El ‘Sirena’ no es un buque nuevo y para los observadores de los barcos que visitan el puerto de Vila su línea les resultará familiar: es uno de los ocho buques gemelos que la compañía Renaissance Cruises encargó construir entre 1998 y 2001 y que se construyeron en el astillero Chantiers de l’Atlantique de Saint-Nazaire, Francia, bajo la dirección del diseñador británico John McNeece, que firmó el contrato de su vida cuando se encargó de crear unos barcos que fueron bautizados correlativamente desde ‘R1’ a ‘R8’ por una compañía que para muchos analistas del sector arriesgó mucho. Entró en el mercado de manera demasiado agresiva, endeudándose en exceso y acabó cerrando poco después de los atentados del 11S de 2001, detonante final de una gestión que sin esos ataques tampoco hubiera tenido mucho recorrido. Los ocho barcos han acabado comprados por varias navieras, algunas de gran lujo y otras más convencionales, que aprovecharon la oportunidad de poder comprar unos barcos de gran calidad técnica, materiales de lujo en la construcción y prácticamente nuevos por unos precios impensables antes del 11S.

«La visita a Balàfia era descrita como ‘el único asentamiento morisco de la isla que aún puede visitarse’»

En el caso concreto del ‘R4’, este fue botado en 1999 y navegó durante unos 20 meses hasta quedar inoperativo aunque perfectamente conservado en puerto tras la quiebra de Renaissance, en busca de un nuevo comprador como el resto de la flota. La compañía Princess puso sus ojos en el y lo adquirió en 2002 rebautizándolo como ‘Tahitian Princess’ para dedicarlo a travesías por los archipiélagos del Océano Pacifico.

Siete años después reposicionó el barco en el continente americano y su nombre fue cambiado de nuevo a ‘Ocean Princess’. La naviera Oceania, nacida en parte de las cenizas de Renaissance con la incorporación inicial de dos de los buques de Renaissance, se interesó por el antiguo ‘R4’ y pactó la compra con Princess a finales de 2014 para transferir el buque en las primeras semanas de 2016. El precio: 82 millones de dólares (unos 74 millones y medio de euros) a los que se añadieron otros 40 millones (36,3 en euros) para realizar reformas en el interior del buque, renovar todo lo referido a restauración, uno de los puntos más fuertes de la compañía, modificar algunos espacios interiores, mejorar el confort de las cabinas y suites y realizar una renovación tecnológica absoluta a bordo.

Los costosos trabajos terminaron en primavera de este año, pocos días antes de la inauguración oficial del buque en Barcelona el pasado 27 de abril, con el clásico lanzamiento de una enorme botella de champagne (que no se rompió a la primera) y una fiesta en el Moll adossat de Barcelona que tuvo a Los del Río como invitados musicales para dar el toque ‘local’ al evento, que trascurrió en paralelo al resto de actividades de aquel día, incluida la salida y llegada de los buques regulares Barcelona-Ibiza de Trasmediterranea y Baleària. Los pasajeros de la segunda compañía vieron sorprendidos como el mismo muelle en el que atracan los ferrys, además de enormes cruceros, se había convertido en una lujosa fiesta.

La popa del crucero Sirena. PAU FERRAGUT
La popa del crucero Sirena. PAU FERRAGUT

En Ibiza

La ventaja de atracar junto a Dalt Vila dio a muchos pasajeros del Sirena la oportunidad de caminar sin más por el puerto, adentrarse en la zona de Vara de Rey o subir a la zona de Dalt Vila sin optar por ninguna excursión. Otros también subieron a la catedral y los miradores, ya guiados con una excursión de cuatro horas que combinaba la visita de la ciudad a pie con un desplazamiento en autobús hasta Balàfia, descrita por Oceania como «the island’s only surviving Moorish settlement» (el único asentamiento morisco de la isla que aún puede visitarse)

«La ventaja de atracar junto a Dalt Vila dio a muchos pasajeros la oportunidad de visitar la ciudad a pie»

Un pequeño grupo de 15 personas optó también por una exclusiva excursión que se dilató durante ocho horas de las once que el barco estuvo en puerto. La salida, que para la naviera tenía categoría de ‘experiencia exclusiva’ y a un coste cercano a los 300 euros por persona les llevó a ses Salines, para realizar una visita especial, a Sant Josep y Sant Antoni. Posteriormente también llegaron a Sant Miquel y almorzaron en Portinatx, con mesa reservada desde hace días. Después siguieron a Sant Carles, Puig de Missa, Santa Eulària y desde allí regresaron al barco con poco tiempo más antes de zarpar. Otros optaron por la misma opción, aunque en coches de lujo, lo que subía el precio de la experiencia hasta los 1.400 euros por persona. Hubo quienes optaron por acercarse a Roca Llisa con palos de golf y quienes quisieron cosas menos exclusivas llegaron a usar la barca de Talamanca para alcanzar esa playa o también optaron por acercarse hasta la de las Salines usando un autobús que el barco puso a disposición simplemente como medio de unir muelle y playa.

A las siete de la tarde los algo más de 600 pasajeros que lleva el buque, atendidos por una cantidad casi igual de tripulación, zarparon rumbo a Cartagena, en un viaje que está costeando la península ibérica y Balears. El ‘Sirena’ realizará esta temporada una segunda visita a Ibiza el próximo 21 de agosto, mientras que los próximos cruceros que pasaran por Vila serán varios que ya son habituales: el ‘Aida Stella’ mañana viernes y el ‘Mein Schiff 3’ el sábado.