Hay en el cielo siete luminosas estrellas azules, en la constelación de Tauro, que una noche al año se desprenden de la oscura bóveda celeste, caen a tierra y, convertidas en siete retozonas cabras, corretean desbocadas por los campos de Ibiza y Formentera. Es la única noche en la que escapan al control de su pastor en el firmamento para pacer libres campos terrenales. Y cuentan que, si pueden, las siete cabras capturan a quienes encuentren en su camino para transportarlos al cielo convertidos en nuevas estrellas de la Vía Láctea. Es por ello que esa noche, la noche de las estrellas-cabra, los ibicencos no salían de sus casas. Esta es una de la leyendas astronómicas más sugestivas que se conservan de la tradición pitiusa, y esta recogida en el libro ‘Estels d’Eivissa. Noms popular d’estrelles, planetes i constel·lacions a les illes Pitiüses’, que la Agrupació Astronòmica d’Eivissa (AAE) editó hace dos años. Sin embargo, el mito ya ha llegado hasta nuestros días recortado, porque algunas fuentes indican que la noche señalada era la del 18 de diciembre y otras afirman que el peligro llegaba en el crepúsculo del 23.
En realidad, y astronómicamente hablando, las siete luminosas estrellas azules son las dominantes de las Pléyades, uno de los cúmulos estelares más cercanos a la Tierra y el que mejor se observa en el cielo nocturno de los meses de invierno. En las islas, este cúmulo recibe nombres como ses Cabrelles, Cabrilles, Set Donzelles o Set Germans. Y aunque la leyenda de la transmutación y la noche de libertad caprina es pitiusa, curiosamente, las siete estrellas más visibles de las Pléyades se han relacionado con cabras en otros muchos lugares; en ‘El Quijote’ se mencionan «las siete cabrillas», que Sancho usa para ubicarse, por ejemplo. Pero la razón de que los nombres más populares y antiguos de muchos objetos astronómicos como este cúmulo (tan poco parecido a un rebaño de cabras) coincidan en áreas alejadas del mapa es un misterio.

Las siete luminosas estrellas azules de las Pléyades. Joan Lluis Ferrer
Las siete luminosas estrellas azules de las Pléyades. Joan Lluis Ferrer

En el libro de la agrupación astronómica pitiusa se señala la gran similitud entre los nombres propios de Eivissa y Formentera y los empleados en otras zonas catalanoparlantes, cuando, sin embargo, a menudo peces, aves, plantas u otros elementos de la naturaleza suelen tener denominaciones particulares y locales. Y volviendo a las estrellas-cabra, hay que añadir que conectada a ellas está Aldebarán, que ha alcanzado su madurez como gigante roja y que es conocida en las islas como Guardacabrelles, Pastor, Ca y Llop. En una carta del año 1912, el astrónomo y religioso ibicenco Vicent Serra Orvay asegura que los payeses llaman a Aldebarán, por su cercanía a las Pléyades, es Pastor de ses Cabrelles.

Mitos y supersticiones

Las estrellas y el resto de objetos celestes han estado siempre muy unidos a la leyenda, al mito y la superstición. Cada uno de sus nombres, tanto los más internacionales como los locales, es prueba de ello. Antaño, aquello que la ciencia no podía explicar, lo hacían la observación constante, la imaginación y la necesidad. Uno de los más conocidos ejemplos de las relaciones que los seres humanos establecían con el cielo cuando apenas empezaban a poder interpretarlo se remonta a la época de los egipcios, que conocian a la estrella más brillante del firmamento, Sirius, como Sopdet (aquella que brilla) y que la representaban como la diosa de la prosperidad porque su llegada en el cielo se producía poco antes de la crecida anual del río Nilo y pensaban que era la manifestacion de una divinidad que les advertía de ello y al mismo tiempo lo provocaba.

En las islas, el cúmulo de las Pléyades recibe nombres como ses Cabrelles, Cabrilles, Set Donzelles o Set Germans

En diversas zonas catalanoparlantes, Sirius es conocida como sa Canícula y, en Ibiza, el hecho de que coincidan en el cielo la estrella más brillante y el Sol, ha dado origen al mito del enfrentamiento de las dos estrellas; sa Canícula, creyéndose la más poderosa del Universo, aprovechó que el 24 de junio el sol empieza a perder poder (menos horas de luz), se convirtió en una fiera, tal vez un perro feroz como un león, y se alió a otras estrellas para intentar derrotar al Astro Rey hacia el 20 de julio. Pero entonces el sol recobró fuerzas y lanzó sus rayos más calientes contra las estrellas atacantes. Y venció. Sirius regresó a sus dominios en la constelación Canis Major y, cada año, por las mismas fechas y temiendo un nuevo ataque, el Sol reincide en la demostración de su ardiente poder. Por cierto, dos antiguos nombres de la constelación de la estrella sublevada son es Dragó y sa Sargantana.

Jupiter y una de sus lunas.

Augurio de fuertes vientos

Los marineros llamaban estel de Tramontana a la estrella Polar y consideraban que las noches que más brillaba eran augurio de fuertes vientos. Más conocidos, y aún utilizados, son los nombres que recibe la Vía Láctea, o al menos el brazo que de la galaxia en la que se halla la propia Tierra podemos ver en el cielo nocturno durante los meses de verano. En las Pitiüses se conoce como el camí de ses Ànimes o camí de Sant Jaume, nombre este último muy popular y muy extendido en diversos países.

Los marineros llamaban ‘estel’ de Tramontana a la estrella Polar y consideraban que las noches que más brillaba auguraba fuertes vientos

El primero, tan evocador, se debe a una antigua creencia que aseguraba que las almas de los muertos recorrían ese sendero de estrellas; los vikingos ya creían que portaba a las almas al Valhalla. Respecto al segundo, ha dado lugar a un falso mito en el que muchos aún creen. Y es que, según la tradición, el recorrido de estrellas y gas interestelar era la guía que, en las noches, seguían los peregrinos del camino de Santiago. Sin embargo, resulta harto improbable dado que la Vía Láctea no solo cambia de posición en las distintas épocas del año sino que también lo hace a lo largo de una sola noche.

Saturno fotografiado desde el observatorio de Puig des Molins.
Saturno fotografiado desde el observatorio de Puig des Molins.

Ahora mismo, cuando ya falta poco para que deje de observarse, hasta la próxima primavera, el brazo de la galaxia se levanta del horizonte hasta quedar perpendicular a él al suroeste ya a primeras horas de la noche. Y hay una razón para que sea conocida como camí de Sant Jaume y se encuentra en el Códice Calixtino, donde se cuenta que el apóstol Santiago (sant Jaume en catalán) se apareció a Carlomagno durante tres noches seguidas y le dijo que siguiera aquel camino de estrellas para encontrar su tumba y liberar su tierra de infieles.

El juramento de la cruz

La constelación del Cisne (Cygnus), que incluye una de las estrellas más luminosas de la Vía Láctea y es uno de las más visibles en un cielo de verano, protagoniza una interesante costumbre ibicenca. La forma de esta agrupacion de estrellas es también la de una cruz cristiana, por lo que es conocida como sa Creu o sa Creu del Cel, lo cual no resulta muy original porque en muchos lugares recibe el nombre de la Cruz del Norte. Sin embargo, los pitiusos completaban sus referencias a esta constelación con la creencia popular de que quien vea centellear sus estrellas es por que está en gracia de Dios.

En las Pitiüses, la Vía Láctea se conoce como el camí de ses Ànimes o camí de Sant Jaume, nombre este muy extendido en diversos países

Y a mediados del siglo XX aún era costumbre usar un juramento a sa Creu del Cel como garantía de veracidad. ‘Ho jur per sa Creu del Cel’ era una fórmula de compromiso habitual y, aunque originalmente era pronunciada mirando al cielo, con el tiempo se adaptó y se simbolizaba cruzando los dedos índice y pulgar. Y en la famosa constelación de Orión, las tres brillantes estrellas centrales, el cinturón de Orión, han recibido nombres como es Bordons i es Deiols, nombres que incluso se conservan en algunas glosas. Más poéticamente, también fue conocido este asterismo como els Ulls de Nostro Senyor, los ojos de Dios que observa la Tierra desde el firmamento.

En estas islas existe la creencia popular de que quien vea centellear las estrellas del Cisne es por que está en gracia de Dios

Todos los planetas visibles, es decir, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno también debían tener una denominación popular, incluso antes de tener un nombre oficial. Venus, el planeta infernal, donde la atmósfera es de dióxido de carbono, la temperatura alcanza más de 400 grados y las lluvias son de ácido sulfúrico, recibe a menudo y en diversas culturas multitud de nombres en función del momento en el que es visible. Igual sucede en Ibiza, donde pueden escucharse estel de s’alba, estel de sa matinada, des dia o des matí y estel del solpost o des vespre como sinónimos de Venus. Sin embargo, el segundo planeta de nuestro sistema solar cuenta además en las islas con tres curiosas denominaciones, s’estel des pastors, s’estel de ses fadrines y en Gruasopes. Los dos primeros pueden proceder del hecho de que Venus se hace visible a la hora en la que se recoge el ganado y las jóvenes tienen que retirarse a su casa.

Constelacion de Orión.
Constelacion de Orión.

‘Gruant’ en el cielo

El tercero es más interesante y es también uno de los pocos nombres astronómicos que no solo han pervivido a lo largo de la historia sino que aún son usados y conocidos en la sociedad ibicenca. Cuando los payeses preparaban la sopa para cenar, el planeta Venus estaba gruant en el cielo, y gruar es una palabra ibicenca que significa merodear o rondar. Esta, al menos, es una explicación posible. Júpiter, el más grande del sistema Solar, es conocido como Gandul, es decir, haragán, y Mercurio, el más pequeño, es Semolera, la que fa semola. Sin embargo, desconocemos los nombres que antiguamente podían tener Saturno o Marte (que este verano ha estado más cerca de la Tierra de lo que lo había estado en quince años) y que con toda seguridad debían tener.

Las denominaciones tradicionales de los cuerpos celestes son un patrimonio cultural en proceso de desaparición, que se pierde en el agujero negro del olvido, y que la Agrupació Astronòmica d’Eivissa intenta recuperar a contrarreloj. En el libro ‘Estels d’Eivissa’ pudo recogerse un pequeño porcentaje de estos nombres, canciones, historias y leyendas que nos cuentan cómo nuestros antepasados interpretaban lo que veían en un cielo nocturno que era mucho más exuberante de lo que es en la actualidad porque no había contaminacion lumínica que compitiera con las estrellas para apagarlas.

Sin embargo, aún es posible que haya información que pueda rescatarse, por lo que la AAE pide a los ciudadanos que dispongan de algún dato que pueda resultar interesante, que lo comuniquen a través de cualquiera de los medios que pueden encontrar visitando la página www.aaeivissa.com.
De cometas y estrellas fugaces, finalmente, se sabe que eran denominados con un simple estels amb coa. Y existe un poema, muy conocido aún, que vendría a ser una canción astronómica, que glosa la gran alarma que, en el año 1910, provocó el paso del cometa Halley por Ibiza. «Sa gent fuig per dins ses coves/alttres s’en van a pregar/sa por cobreix tota s’illa/no es sent ucar ni cantar»

Esa Luna endiablada

 Los contrastes de mares y altiplanos, en épocas en las que había que interpretar la geografía lunar a simple vista, dieron lugar a diversas leyendas y canciones que han podido recuperarse gracias, fundamentalmente, a la información que años atrás uno de los miembros de es Xacoters de Balàfia, Vicent Tur, ‘Fornàs’, transmitió al presidente de la AAE, José Luis Bofill. Y entre las historias en las que la Luna es protagonista, destaca la del ladrón maldito que acabó castigado en el satélite y que explicaría la figura humana que antaño muchos pretendían ver en la superficie lunar. La historia, de la que se han podido recuperar incluso dos canciones populares, cuenta que un hombre fue pillado in fraganti robando sarmientos para encender una hoguera y, al verse sorprendido, negó la evidencia con el juramento ‘que em vegi calcat a la Lluna’. Y la maldición se cumplió y eso explicaría la silueta cargada de ramas que muchos intuían al observar nuestro satélite. Otra versión, aún conocida en la actualidad, apunta a que el ladrón juró con un ‘que em vegi penjat a la Lluna’, así que la figura que se adivina es la de un ahorcado.Luna llena. CAT

En muchas ocasiones, la tradición ibicenca ha relacionado la Luna con el mal y con el demonio. La Luna, según una de las leyendas recuperadas, fue creada por el diablo intentando imitar a Dios cuando este creó la Tierra. En otras ocasiones, el Sol está enamorado de la Luna pero ella se esconde de él. Existen además numerosos dichos y también refranes relativos al satélite de la Tierra y su influencia sobre ella o su capacidad para predecir fenómenos meteorológicos. Entre ellos, por citar dos, pueden destacarse ‘s’ha begut sa Lluna’ (dicho de alguien que se cree el amo del mundo) y ‘Lluna rogent, aigua i vent’ (una luna rojiza augura lluvias y viento). Finalmente, a la Luna nueva se la conocía como Lluna perduda y en fase decreciente era una Lluna vella. Y en noches de Lluna vella había que protegerse de sus rayos de luz, a riesgo de que su poder maléfico produjera daños conocidos como quedar enllunat, que incluso podía implicar que se te fundiera el cerebro, si la luz te daba en la cabeza, o que perdieras el equilibrio mental si dormías bajo la Luna. De ahí vienen los lunáticos. La tradición habla también de un libro mágico, el llunari, en el que se podía leer el futuro y que, si eras capaz de leer al revés, se te aparecía el demonio y podías pedirle un follet (una especie de espíritu).