Con la expresión ‘el canto del cisne’ suele hacerse referencia, metafóricamente, al último gran gesto, a la última actuación antes de morir, y procede de una antigua creencia que asegura que el cisne, muy silencioso durante toda su vida, canta, sin embargo, próximo ya su final, una maravillosa canción. Hay toda una serie de pájaros, las aves cantoras, que, contrariamente, al cisne, pasan su vida cantando de tal forma que su hermoso canto es precisamente causa de su desgracia. Su condena. Porque su canto es tan hermoso que el ser humano ha sentido la imperiosa necesidad, a lo largo de los tiempos, de encerrarlos en jaulas para tenerlos cerca. Es el caso de especies presentes en las islas como el verderol (verderón, Carduelis chloris), el passarell (pardillo, Carduelis chloris), el gafarró (verdecillo, Serinus serinus) y, sobre todo, de la popular cadernera (jilguero, Carduelis carduelis), todas ellas aves que combinan un primoroso canto con un bello plumaje.

La Clave

AVES
Los fringílidos
 Las aves cantoras forman parte de la familia de los fringílidos y las especies más representativas en Balears, además del jilguero, son el verderol, el passarell y el gafarró. Y si bien su captura se ha ido prohibiendo en todas las comunidades autónomas (y Balears fue de las primeras), Madrid ha anunciado recientemente que seguirá concediendo autorizaciones excepcionales para el silvestrismo por tratarse de una actividad tradicional.

Décadas atrás, en muchas casas payesas podían verse, y sobre todo escucharse, jilgueros enjaulados. Y hasta hace un año aún podían capturarse ejemplares silvestres para mantenerlos en cautividad y disfrutar de la cercanía de su encanto. De hecho, las islas tienen una larga tradición en la afición por las aves cantoras y en Eivissa también era corriente la hibridación con canarios (aves de la misma familia). Sin embargo, siguiendo directrices de la Union Europea, que lleva muchos años insistiendo en ello, comunidades autónomas como Balears se han ido sumando a la prohibición total de las capturas mientras se estimula la cría en cautividad para evitar el mercado ilegal y proporcionar alternativas a quienes mantengan tal afición.

Lo cierto es que el número de capturas ya se fue reduciendo en los últimos años y en 2016 la cifra máxima era de 1.500 ejemplares en Balears, que solo podían cazarse con autorización (licencias de silvestrismo). Sin embargo, y aunque el jefe del servicio de Protecció d’Espècies de Balears, Joan Mayol, considera que la cifra de las islas aún podía ser sostenible, en otras comunidades el abuso de la caza ha conllevado cientos de miles de capturas legales al año, algo que la Unión Europea ve incompatible con la conservación de estas aves.

Promoción de la cría en cautividad

Destaca Mayol que en Balears, además de prohibir las capturas, el Govern lleva ya años promoviendo la cría en cautividad para reducir la caza, e incluso se ha publicado un manual para criadores que puede encontrarse en la web del Govern, en el departamento de Protecció d’Espècies. En él puede leerse que «no hay más opción que reconvertirse a la cría en cautividad», a pesar de la «resistencia» de los silvestristas, y señala la necesidad de anillar los ejemplares de criadero. Actualmente, explica Mayol, es legal la tenencia de aves capturadas en años anteriores a la prohibición, «que han de llevar una anilla oficial, o de las que nacen en cautividad, que han de llevar una anilla cerrada».

El jilguero es inconfundible por sus colores, por la máscara roja y negra que cubre la cabeza de los ejemplares adultos y por las plumas amarillas y negras de sus alas, una característica que también muestran los juveniles y que facilita la identificación en vuelo. En libertad, es un pajarillo inquieto, que canta casi todo el día mientras revolotea de rama en rama. En una jaula, no pierde su alegría pero sí las ramas, y, a pesar de ello, sigue cantando constantemente, incluso puede aprender determinados ritmos, y se acostumbra con facilidad a la presencia humana, a comer de la mano y a posarse en los dedos.

Si hace dos décadas aún era muy común ver caderneres en jaulas en el porche de muchas casas, también era más habitual observarlas en los campos, normalmente en grupo y a veces incluso acompañando a otros fringílidos. En invierno, cuando las poblaciones aumentan por la llegada de ejemplares del norte de Europa, estos paseriformes aún se vuelven más gregarios.

Donde hay cardos

Pero el declive de las poblaciones también se ha notado en las islas y su presencia ya no es tan constante como su canto. Su nombre científico, Carduelis carduelis, tiene relación con su alimento favorito, ya que, si bien se alimenta de diversas semillas (y de algún insecto), sus preferidas son las de los cardos y centauras, como el cardo blanco, tan común en las islas, y la centaura áspera, que puede encontrarse en flor prácticamente todo el año. Donde haya cardos, es más fácil ver todavía jilgueros.