Mercados para descubrir un nuevo mundo de sabores

Los mercados de Vietnam y Camboya ubicados en ciudades, pueblos ancestrales, aldeas, ríos y montañas ofrecen un inenarrable nuevo mundo de verduras, vegetales, frutas, hierbas y especias

Jj. S. | JEANNETTE VAN BREDA
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El Paladar
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Los mercados del Sudeste Asiático suponen un viaje inimaginable para los ojos de un occidental que descubre por primera vez los sorprendentes espacios que acumulan cualquier producto gastronómico, ropa, accesorios, complementos, souvenirs, pequeños electrodomésticos y maquinaria o cualquier objeto que el hombre haya ideado, inventado o se pueda comprar.
En los vericuetos de estrechos pasillos cargados de productos hasta el techo, callejuelas o tiendas circundantes a los mercados, llama poderosamente la atención la inmensa cantidad de frutas, verduras, hierbas, pescados como el pez elefante, que se cría en los ríos ,o las pequeñas gambas o caracoles de mar que habitan por millones en la arena de playas y deltas.
El agua que se deshiela en las montañas del Himalaya fluye por las llanuras de  Vietnam y Camboya en forma de  grandes ríos y pequeños afluentes salpicados de templos y pequeñas aldeas hasta llegar al mar de China, formando impresionantes deltas como el Delta del  Metkong, auténtico paraíso de mercados flotantes de esta región de Asia por el que se puede viajar desde Vietnam a Camboya o viceversa.
Los mercados se caracterizan por la vecindad, la simplicidad, el regateo cuando el cliente es extranjero y el trato amable, casi siempre sonriente, del vendedor de frutas, verduras, hierbas aromáticas, te, café, especias de todo tipo, helados artesanales, productos para la salud, el envejecimiento o recetas con componentes milagro para enfermedades raras y comunes y hasta insectos o partes de reptiles para fomentar la fertilidad y la potencia masculina. Todo se puede comprar a cualquier hora del día. De lunes a domingo.
Los mercaderes son en su mayoría pescadores y agricultores humildes, que pescan en los ríos y el mar o cultivan en los huertos asignados por el estado comunista las frutas, hortalizas o verduras que venden en el mercado vestidos con los trajes típicos (Ao Dai) y los tradicionales sombreros cónicos de las mujeres (Non Lá) que les protegen del sol y la lluvia. Ellos  conforman una decoración humana atractiva, colorista y divertida en el entorno de un mercado. La venta directa es un proceso donde no interviene de forma comercial el intermediario, lo que abarata el increíble precio final del producto, al alcance de la gente local, y todo un regalo para turistas y residentes occidentales.
El bullicio es otra de las notas de estos espacios hiperpoblados de vendedores y compradores en los que hay que sortear la mercancía en sus estrechos pasadizos. Aquí se mezclan los ruidos del regateo de la compra con las ofertas de zumos y comida que vociferan y pregonan los camareros de los puestos de street food, en dura competencia por conseguir que el cliente se siente a su mesa. Esta sana y dura competencia presenta ofertas impensables en un supermercado occidental y resulta muy gratificante  tomarse un zumo fresco de inmejorable calidad a la sombra por solo un euro, cuando el termómetro marca los 40 grados.
Otro de los aspectos divertidos de estos mercados es el sistema de transporte en motocicleta, el vehículo motorizado por excelencia  (4.500.000 de bicicletas solo en la capital Hanoi), en el que agolpan cajas, verduras, accesorios o equipamientos, atados con cuerdas de forma inverosímil.