- Publicidad -
El Paladar
El Paladar
El Paladar
El Paladar

Las personas tenemos aproximadamente 100.000 pelos en la cabeza. Una persona normal pierde de 100 a 125 pelos al día, lo que significa 3.000 pelos al mes, y al cabo del año perdemos entre 30.000 y 40.000 pelos, lo que representa en torno al 30-40% del cuero cabelludo. Eso sí, no hay que asustarse porque lo estamos reponiendo constantemente. ¡Si no estaríamos calvos enseguida!

Esta caída siempre es más acusada después del verano, especialmente en las mujeres. Siempre se ha dicho que ‘en la época de la berenjena, la mujer pierde la melena’, y es que es cierto que tras el estío se produce una acusada caída del cabello. Pero, ¿cuándo hay que alarmarse y acudir al especialista? Son varios los factores que lo favorecen y, aunque pueda parecer mentira, los abusos del sol y del cloro de la piscina no son los desencadenantes.

El doctor Julián Conejo Mir, catedrático de Dermatología de la Facultad de Medicina de Sevilla, y jefe del servicio de Dermatología del Hospital Vírgen del Rocío, señala en primer lugar que esta pérdida de pelo en torno al mes de septiembre-octubre es más característica en las mujeres porque en el hombre es más continua a lo largo del año.

«A una persona normal se le caen en torno a 150 pelos al día. Esta caída en esta época estacional puede ascender hasta los 300 o 400; un volumen que no debe alarmar porque generalmente se recupera, a pesar de que sea muy llamativo. En un hombre no llega a ser ésa la pérdida de pelo, estos pierden pelo de forma más constante que en la mujer y, por lo general, no lo recuperan. La mujer no se queda calva, en cambio, y toda esa maraña de pelo que pierde sale de nuevo», explica el especialista.

Las causas de la caída de pelo en otoño son diversas. Una de ellas es la deprivación o caída de estrógenos en la mujer que tiene lugar durante el final del verano.

Los tintes naturales son los más recomendables para cuidar el pelo.

El estrés es otra de las causas más habituales, junto a la radiación ultravioleta (no está comprobado al 100%, aunque algunos estudios lo apuntan), la anemia o un sangrado menstrual muy fuerte. «El resultado es que todo el proceso de la alopecia estacional se le a va notar especialmente», apostilla. También pueden acrecentar la caída de cabello las dietas de la operación biquini que se realizan desde la primavera hasta el final del verano.

De todos modos, el catedrático en Dermatología recuerda que el pelo tiene un ciclo de vida de tres años: «Hay tres fases: la de crecimiento o telógeno durante entre dos años y dos años y medio, mientras que la de catagen o reposo de 4 a 6 meses, y después la de telogen o caída que dura otros 6 meses. Lo que ocurre en la mujer, con el calor y hormonas, es que se acorta esa fase de caída y el pelo se cae más acusadamente», añade.

Cuándo acudir al especialista
Entre los tipos de caída de pelo se registran hasta 200 alopecias, que a su vez se dividen en dos bloques: una caída de pelo que no se repone, que tiene lugar especialmente en las mujeres durante la menopausia; y la otra mitad tiene lugar cuando el pelo se repone, que es la que ocurre en verano en las mujeres.

Con todo ello, el profesional hace hincapié en que hay que trabajar para que esa caída de pelo sea adecuada y que esa fase de caída sea lo más corta posible. ¿Cómo? «Es una proteína y, como tal, hay que darle más vitaminas, aminoácidos que contengan azufre, oligoelementos como el hierro, el ácido fólico, la biotina, o el zinc, por ejemplo», subraya.

Eso sí, pide no tomar cualquier suplemento vitamínico de los que hoy en día se ven en las farmacias, sino acudir a un especialista que, previo estudio, determine cuál es la fórmula que mejor nos viene. «No todos los suplementos vitamínicos son iguales y siempre deben estar prescritos por el especialista, por el dermatólogo o médico de cabecera que, en función de la caída, y del estado de las analíticas, proporcionará un tratamiento u otro», resalta.

Además, recomienda acudir al médico de cabecera, si se cree que la caída es alarmante, y realizarse un análisis de sangre, de cara a verificar que todo está en regla y que esta pérdida no es debida a la falta de hierro, de vitamina D, o por el tiroides, por ejemplo. «Si la analítica está bien, en el 90% de casos se soluciona bien, y tiene lugar por el estrés».