Un diario comprometido con los lectores

Javier Moll
Javier Moll. Presidente de Diario de Ibiza y de Prensa Ibérica
Javier Moll. Presidente de Diario de Ibiza y de Prensa Ibérica

El martes 1 de agosto de 1893 salía a la calle por vez primera una sencilla hoja de dos páginas con la cabecera de Diario de Ibiza. Ninguno de los inquietos ibicencos que lo alumbraron podía imaginar siquiera que ese humilde periódico recién nacido seguiría acudiendo cada mañana a su cita con los lectores durante 125 años, y menos aún que llegaría un día en que ya no haría falta imprimirlo para leerlo, que las noticias que contiene irían cambiando y actualizándose en cualquier momento, que sus páginas no serían de papel, incluirían imágenes fijas o en movimiento y todo ello podría verse en una pequeña caja del tamaño de una pitillera que podría usarse además como teléfono sin hilos. Desde ese momento fundacional hasta hoy se ha producido la mayor y más acelerada transformación que ha experimentado la Humanidad en toda su historia; entre la sociedad pitiusa de las postrimerías del siglo XIX y la de estas primeras décadas del XXI hay un inmenso abismo económico, social, cultural y tecnológico, pero la primera razón de ser del Diario sigue siendo la misma que proclamaba ya en su primer número: defender «el interés general» de Ibiza y Formentera y «ocuparse, con la extensión y oportunidad debidas, de los diversos asuntos que les atañen».

Sin un estrecho compromiso con los ciudadanos, ningún medio de comunicación puede arraigar y consolidarse en una comunidad durante tanto tiempo como lo ha hecho Diario de Ibiza, que figura entre los más antiguos de España. Sólo la permanente sintonía con los lectores puede explicar una trayectoria tan prolongada. Sin su adhesión, su complicidad y su estímulo, no hubiera sido posible, porque un periódico es lo que son sus lectores; parafraseando a Arthur Miller, podríamos decir que un periódico es una sociedad hablándose a sí misma. Y si algún mérito tiene el Diario en su propia longevidad es el de haber sabido escuchar a la sociedad, dialogar con ella y haberse convertido en su portavoz. Quienes contribuimos de algún modo a esta maravillosa actividad que es el periodismo y servimos con entusiasmo a la información, no debemos olvidar nunca que los lectores son los verdaderos dueños del periódico y que la información les pertenece; nuestra responsabilidad es ofrecérsela de manera honrada, rigurosa, completa y por todos los medios que proporcionan las nuevas tecnologías.

Ningún medio informativo, por muy arraigado que esté en su comunidad, puede tener garantizado su futuro si no actúa cada día con la independencia, el talento y el rigor indispensables para ganarse y conservar la confianza de los lectores. Siempre ha sido así, pero ahora los medios atraviesan un momento de grandes incertidumbres porque todo el ecosistema informativo está en cuestión y hay que responder con eficiencia a los nuevos retos informativos del siglo XXI, que les exigen inmediatez, capacidad de innovación, diversidad de lenguajes narrativos y manejo responsable de las redes sociales, entre otras muchas cosas.

«Los lectores son los verdaderos dueños del periódico, la información les pertenece»

A lo largo de este siglo y cuarto Ibiza y Formentera han experimentado un cambio radical, como también lo ha hecho el Diario. La revolución turística y la capacidad emprendedora de los ibicencos y formenterenses convirtieron estas islas humildísimas, que empujaban a multitud de jóvenes a la emigración, en una valiosa fuente de riqueza y prosperidad, en un destino admirado en todo el mundo que atrae a millones de visitantes cada año. En este contexto, antes y ahora, Diario de Ibiza ha tratado de ser ese «dedo indicador del progreso» del que hablaba Víctor Hugo refiriéndose a la prensa, ha propiciado un debate social abierto y plural para acoger las inquietudes ciudadanas y dar voz a quienes tienen algo que aportar, se ha esforzado diariamente en analizar y exponer con criterio propio cualquier aspecto significativo de la realidad pitiusa y, sobre todo, ha trasladado a los ciudadanos toda la información relevante, sin atender a más interés que el de los lectores.

A pesar de los cambios vertiginosos desencadenados por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, los ciudadanos siguen teniendo necesidad de estar correctamente informados, de tener un relato fiable de todo lo que ocurre en su entorno y en el mundo, de todo aquello que les interesa y les emociona; es decir, siguen necesitando que se haga buen periodismo. Y para eso se requieren medios profesionales y solventes, honestos con los ciudadanos, capaces de proteger su propia independencia, porque la avalancha de datos que produce la revolución digital unida a la interactividad global nos han situado ante un escenario sin precedentes en la Historia: una sociedad atiborrada de información y, paradójicamente, sedienta de conocimiento y necesitada como nunca de guías de confianza, de medios creíbles que ayuden a las personas a discernir con claridad cuanto ocurre. En este sentido, la advertencia del editor norteamericano Joseph Pulitzer, al señalar que «las naciones prosperan o decaen simultáneamente con su prensa» y que «una prensa cínica, mercenaria y demagógica acaba conformando también un pueblo cínico, mercenario y demagógico», sigue hoy plenamente vigente.

Pero si algún periodismo tiene asegurado el reconocimiento de los lectores, ese es precisamente el local, el de proximidad, el que ayuda a vertebrar la comunidad a la que sirve y es capaz de ayudarle a resolver sus problemas y a colmar sus sueños, sin prepotencias ni complejos, como trata de hacer cada día Diario de Ibiza desde hace 125 años.