Los negocios supervivientes desde 1893

El año de la fundación de Diario de Ibiza, la librería Verdera, el bar San Juan y Can Vinyes ya estaban en funcionamiento en el barrio de la marina, el centro económico de la isla. son algunos negocios supervivientes de la época, como Marí Mayans, Can Vidal o can Bernat Vinya.

Negocios coetáneos. La familia Verdera fundó su negocio en el año 1871 con una imprenta. Moisés Copa
La familia Verdera fundó su negocio en el año 1871 con una imprenta. Moisés Copa

El barrio de la Marina era el centro neurálgico y comercial de Ibiza, así que no es de extrañar que buena parte de los negocios coetáneos a la fundación de Diario de Ibiza que todavía siguen en funcionamiento se ubiquen en este histórico barrio. Allí acabó instalada la que fue la primera imprenta de la isla, la que puso en marcha Antoni Manuel García en 1848 en Dalt Vila y que, tras diversos cambios de propietario, fue adquirida por Josep Verdera Ramon en 1871 para dar paso a una empresa que acabó abarcando los productos más variopintos.

La imprenta dio paso a la célebre Librería Verdera, en la calle Guillem de Montgrí, donde se convirtió en un foco de difusión comercial al que acabarían acudiendo representantes de «Mobylettes, carritos de bebés o máquinas de escribir, porque también se daban clases de mecanografía en el piso de arriba», recuerda Julià Verdera, el bisnieto del fundador y actual propietario. «Si alguien tenía interés en introducir algún producto en Ibiza, venía a nosotros y vendíamos de todo». Además, la librería se convirtió en la distribuidora en exclusiva de La Vanguardia en Ibiza, ya que su editor, el Conde de Godó, venía de vacaciones con su yate y se convirtió en cliente y amigo de la casa.

Toni Marí y Maria Marí, fundadores del San Juan. ‘gent de la marina’, de V. Marí
Toni Marí y Maria Marí, fundadores del San Juan. ‘gent de la marina’, de V. Marí

Una fonda para los payeses

Can Verdera es una de las últimas librerías que sobreviven en Vila, en una calle donde también destaca una fonda creada un año antes, en 1870, el Bar San Juan. El primer propietario, Joan Torres, de Cas Andreus de Sant Joan, levantó el edificio de tres plantas que se mantiene en la actualidad. «Las habitaciones se alquilaban para los payeses que bajaban al mercado y pasaban la noche», apunta el actual responsable, Carlos Marí Bueno.

El barrio de la Marina reúne a tres de los negocios más antiguos de Ibiza

Carlos es la tercera generación de su familia al frente del San Juan, después de que sus abuelos, de Sant Llorenç, lo adquirieran en 1948 a los hermanos Guasch, quienes, a su vez, «lo habían comprado a Pep Tanca». Los abuelos de Marí Bueno dejaron el bar que regentaban en Santa Eulària, en régimen de alquiler, para establecerse en Vila y sacar adelante una de las casas de comidas más populares y auténticas de la isla, que mantiene buena parte del mobiliario original del siglo XIX.

Pero todavía se conserva un establecimiento más antiguo en el barrio de La Marina, a escasos metros del Bar San Juan y de la Librería Verdera y en una calle perpendicular, la de sa Creu. Se trata de Can Vinyes, la primera planta de un edificio de 200 años que albergaba un almacén de productos agrícolas que pasó de la distribución de algarrobas a ser tienda de ultramarinos.

Imagen de archivo de Can Vinyes, con Vicenta e Ignacio. Pau Ferragut
Imagen de archivo de Can Vinyes, con Vicenta e Ignacio. Pau Ferragut

Negocio familiar reconvertido

Con el auge del turismo, el colmado se reconvirtió en cistelleria de la mano de Vicenta Vinyes, quien se centró en los senallons y sombreros que, como toda buena botiga ibicenca, siempre había tenido a disposición de sus clientes. Can Vinyes se mantiene como negocio familiar con uno de los hijos de Vicenta, Ignacio Landáburu Riera, quien todavía conserva «las balanzas que se usaron en la tienda hasta los años 60», cuando él era un niño que sisaba algunas onzas del chocolate a granel que guardaba su abuela tras el mostrador.

Otro negocio que empezó como almacén de productos del campo, a mediados del siglo XIX, fue Can Bernat Vinya, el establecimiento más antiguo de Sant Josep y donde también parece que se ha detenido el tiempo. El bar sigue siendo propiedad de la misma familia, pero durante más de 40 años ha tenido como encargado a Pep Rafal, un josepí que entró allí a trabajar desde niño. El pasado mes de diciembre, Pep Rafal se retiró y una de las camareras, Antonia Madrid, asumió la gestión del negocio, repitiendo la historia de su predecesor al pasar de trabajador a jefe.

Can Bernat Vinya, uno de los epicentros de Sant Josep. Vicent Marí
Can Bernat Vinya, uno de los epicentros de Sant Josep. Vicent Marí

Bares icónicos

«Voy a mantener el bar tal y como está, porque este es el gran encanto que tiene, con estos muebles de toda la vida y las neveras antiguas con puertas de madera», destaca Madrid, que asume ilusionada el reto después de cuatro años a las órdenes de Rafal.

Al igual que Can Bernat Vinya, Ca n’Anneta se encuentra frente a la iglesia del pueblo y, en su caso, también se ha convertido en una imagen indisoluble de Sant Carles desde 1876. Aunque pocos saben que su nombre original era Can Pep Benet, tal y como conocían a su fundador, Josep Noguera Rosselló. Como en todas las tiendas ibicencas de antaño, allí se vendía y distribuía cualquier elemento necesario para los quehaceres diarios, se servían copas y se vendían los pocos alimentos que no producían los payeses en sus cultivos de autosubsistencia. Los buzones repartidos en sus salas todavía recuerdan que también ha servio de oficina de correos.

Entrada de Ca n’Anneta, con su característica enredadera. Sergio G. Cañizares
Entrada de Ca n’Anneta, con su característica enredadera. Sergio G. Cañizares

En los años 40, Can Pep Benet pasó a manos de Ana Marí y el establecimiento pasó a conocerse por el nombre de su nueva responsable con el boom hippy de finales de los 60: Bar Anita o Ca n’Anneta. La familia de Ana Marí sigue siendo la propietaria, aunque el negocio lo explota un veterano camarero, Vicent Marí. Las hierbas artesanales de Ca n’Anneta a se mantienen como el emblema de la casa.

marí mayans, ca n’anneta y can vidal elaboran hierbas ibicencas tradicionales

Otras hierbas icónicas son las de Can Vidal, en Sant Joan de Labritja, donde atiende Vicent Torres Colomar, la quinta generación en el negocio familiar, cuyos antepasados compraron los terrenos en 1847.

En el pequeño establecimiento, Vidal, como le conoce todo el pueblo, conserva escrituras como la de 1881, en la que figura que la propiedad estaba a nombre de Vicente Torres Guasch, hijo del fundador y que murió de tisis en 1889. Su sucesor, Juan Torres Roig, murió sin descendencia en 1928 y lo heredó su sobrino, Vicente Torres Torres, abuelo del actual propietario.

La abuela de Vicent de Can Vidal. DI.
La abuela de Vicent de Can Vidal. DI.

De huerto a plaza

Un año antes, en 1927, Can Vidal recibía la licencia de estanco, la actividad que mantiene en la actualidad y que durante largos años combinó con la de librería y fonda. La plaza pública donde se encuentra el negocio familiar se conocía como es tancó d’en Vidal hasta 1923, cuando fue expropiada para crear una plaza para el mercado del pueblo, un papel que ahora vuelve a desempeñar los domingos con el mercadillo artesanal.

Si se habla de hierbas, no pueden faltar las de Marí Mayans, otro de las negocios más antiguas de Ibiza, aunque fue fundada en 1880 en es Caló, en Formentera. En la pitiusa menor, Juan Marí Mayans era conocido por su dominio de las propiedades de las hierbas, con las que preparaba remedios para el dolor de espalda, de cabeza o los problemas de digestión.

«Como algunos preparaciones no eran agradables de sabor, pensó en mezclarlos en alcohol para hacerlos más llevaderos», recuerda Bartolo Marí-Mayans, la quinta generación de la familia y responsable de la empresa junto a su hermano Carlos.

Interior de la destilería de Marí Mayans. Rubén E. Ibáñez
Interior de la destilería de Marí Mayans. Rubén E. Ibáñez

Juan Marí Mayans estudió la elaboración de licores en Barcelona y, a su vuelta a Formentera, empezó a preparar ocho litros diarios de frígola. Pero el negocio comenzó a crecer y se desplazó a Ibiza para agilizar los trámites legales y de impuestos. Sus descendientes conservan sus libros con fórmulas manuscritas, «algunas con espinacas o pimienta». «Probaba hasta que dio con la tecla y elaboró una buena combinación de sabores y remedios medicinales, una fórmula que no dista mucho de la de hoy en día».

«Para nosotros es un orgullo que se nos vincule tanto con Ibiza, así que nos gustaría crear un museo con todos los libros manuscritos y donde se explique todo el proceso de la elaboración del licor desde la recolección de las hierbas en el campo», destaca Bartolo Marí-Mayans.