Trabajadores más veteranos. Vicent Yern y Martín García, en la nave de Montecristo. Vicent Marí
Vicent Yern y Martín García, en la nave de Montecristo. Vicent Marí

«Este trabajo te dopa, no sabemos si es el olor de la tinta, pero a pesar de las duras jornadas laborales es satisfactorio ver imprimir los periódicos y comprobar que todo ha salido bien», explica Martín García, actual jefe de mantenimiento de esta planta de impresión de Artes Gráficas Ibiza, perteneciente al grupo de empresas de Diario de Ibiza. García y Vicente Yern, actual jefe de planta, completan el grupo de trabajadores más veteranos de Es Diari y ambos son desde hace 40 años los guardianes de la rotativa y los responsables de que cada día los lectores tengan en sus manos este diario.

Las cuatro décadas de su trayectoria laboral están marcadas por las rotativas que han pasado por la planta de impresión. Yern y Martín se estrenaron con la primera offset que llegó a la isla, una Pacer. De esta etapa, Martín destaca un incendio ocurrido en la anterior nave, ubicada en Sant Jordi hasta 2008.

LA INNOVACIÓN TECNOLÓGICA HA MEJORADO LA CALIDAD DE VIDA DE LA PLANTILLA DE LA ROTATIVA

En 1991 tuvieron una Supergazette heredada de Diario de Mallorca y diez años después la cambiaron por otra, «la peor de todas». «Daba muchos problemas. Aquí aprendí mecánica de verdad», ironiza Yern.

La actual, una Comet de la firma alemana Koenig Bauer, es la única que han estrenado. «Nos ha facilitado mucho el trabajo y hemos ganado en calidad de vida, ya que apenas da problemas», afirman ambos.

Con la innovación tecnológica quedaron atrás jornadas maratonianas de más de 24 horas. Martín aún tiene grabado en la memoria la impresión de un suplemento de las Festes de la Terra por el que tuvo que trabajar más de 24 horas. «Entonces los Verdera aún eran los dueños de Es Diari y para mantenerme despierto me llevaban a un bar para invitarme a café y contarme chistes», rememora el trabajador.

Los fuegos artificiales por el día de Sant Ciriac también eran durante sus primeros años un suplicio para ellos porque concluían su jornada a horas intempestivas. «No entendíamos por qué debíamos esperar tanto rato por una foto que era exactamente igual a la del año pasado», bromean ambos. Yern añade, entre risas, que la única ventaja de aquellos tiempos es que estaban «más delgados», ya que pasaban las noches de trabajo corriendo de un lado a otro de la rotativa para supervisar que todo funcionase correctamente. Además, agregan que para el cambio de bobinas se necesitaban dos personas, cuando en la actualidad lo puede hacer una sola.

Lo que no ha variado en estos 40 años para Yern y Martín es la obligación de dejar la rotativa «limpia y a punto» para el día siguiente tras imprimir todas las tiradas.