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El Paladar
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El queso, como los tulipanes, las flores, las patatas holandesas, los canales o los molinos forman parte de los atractivos turísticos de los Países Bajos. El queso holandés es famoso en el mundo por su calidad, diversidad y fácil conservación, lo que lo convierte en un producto de consumo rápido y a la vez en un souvenir gastronómico para familias, amigos, incluso como un presente turístico de visita al país de los tulipanes.

Del mismo modo que los franceses han popularizado el vino o los españoles el jamón serrano como productos gourmet de regalo, los holandeses han promocionando el queso como emblema culinario nacional pese al gran tamaño de los originales quesos de vaca de forma redonda y color mantequilla. La mercadotecnia ha visto las posibilidades este alimento lácteo solido como elemento de negocio y ha inventado las ‘boutiques del queso’, un pasó más allá en la especialización de este producto que las tiendas de quesos variados francesas, de corte más antiguo.

Las tiendas de barrio especializadas en quesos y embutidos han evolucionado hacía ‘boutiques del queso’ y proliferan con el formato franquicia en las principales ciudades de los Países Bajos, tiendas del aeropuerto y centros comerciales como espacios de delicatessen. Los diferentes sabores y aromas de los quesos de Gouda, Edam, Maasdammer, boerenkaas (queso artesanal), queso de cabra, queso ahumado o queso frisón al clavo, cuelgan en las estanterías empaquetados y presentados como atractivos objetos de regalo y consumo de varios tamaños y marcas.

La importancia de este producto, que combina con casi todo, lo demuestra el hecho de que algunas ciudades dan nombre a sus marcas como Golda, Edda, Leiden o Alkmaar, donde se vende en mercados medievales en verano.

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