Seguimos buscando el por qué de las cosas

Jimena L. Ansótegui
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El Paladar
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El Paladar

Cada vez estoy más convencida de que la propia necesidad que tiene el ser humano de encontrar el «porqué» a todas sus preguntas creó la religión.
Imagino el cabreo de un cromañón en plena naturaleza a punto de cazar a su presa cuando de repente un grandísimo trueno hacía parecer que el cielo se rompía en dos y espantaba al animal que huía despavorido de la escena del no crimen. Debía este hombre de mirar al cielo y de ver la lluvia como su peor enemiga, como castigo de una fuerza mayor, de un ser superior al que no podía cazar ni dominar.

Lo de la caza para la supervivencia sí ha pasado a la historia pero las cosas no han cambiado tanto. Seguimos acordándonos de Dios si justo el día que empezamos las vacaciones nos cae un chaparrón y nos deja sin poder ir a la playa. Miramos al cielo y pensamos «¿por qué?» o «¿qué te he hecho yo?

Cierto es que unos piensan en un Dios y otros en otro, pero al final todos tenemos la necesidad de mirar para arriba y echarle la culpa a alguien.

«estamos cambiado la costumbre de ir a misa por las clases de yoga o el mindfulness»

También sabemos acordarnos de nuestro Dios particular cuando las cosas nos van bien, aunque menos. En estos casos, la suerte y el carma suelen ser más protagonistas que Dios. Aunque hay de todo, aclamar a Dios por algo que nos ha salido bien ya no es lo común. Lo fue algún tiempo atrás pero lo de la religión es hoy en día como lo de la política, o eres un ferviente podemita y lo gritas a los cuatro vientos o prefieres guardarte para tu círculo a qué partido perteneces.

La religión católica es la que prima en España pero no sé si en Ibiza continuará siendo así por mucho tiempo. Cada vez conozco más agnósticos, más budistas, más musulmanes y luego están los evangelistas, los testigos de Jehová, los mormones… y un sinfín de grupos que practican diferentes doctrinas. Antes los niños, los jóvenes y los mayores se juntaban para rezar, hoy en cambio se juntan para meditar.

Estamos cambiado ir a misa por las clases de yoga y el mindfulness aunque la razón que nos lleva a practicar una cosa o la otra continúa siendo la misma, encontrarle el sentido a la vida. Lo que no cambiaremos es la razón por la que practicamos una cosa o la otra.