125 años de asistencia sanitaria en las Pitiüses

La sanidad pitiusa arrastró durante décadas un atraso y una carencia de medios terrible. La apertura del primer hospital de Eivissa, en 1984, supuso un hito importantísimo para los habitantes de Eivissa y Formentera

Asistencia sanitaria. Antiguo Hospital Insular-Casa de Beneficencia. D. I.
Antiguo Hospital Insular-Casa de Beneficencia. D. I.

La celebración del 125 aniversario de la fundación de Diario de Ibiza es una oportunidad para realizar un viaje al pasado y analizar cómo ha cambiado la sanidad en Eivissa y Formentera: de dónde venimos, cómo ha sido el camino recorrido y dónde estamos a día de hoy en lo que a asistencia sanitaria se refiere.

A finales del siglo XIX y durante la primera mitad del XX, en Eivissa y Formentera la pobreza y la escasez eran la norma y la emigración, un recurso para los que podían permitírselo. Los médicos que ejercían en Eivissa eran generalistas, ‘médicos de receta’ y en Dalt Vila existía un único hospital, el antiguo hospital de beneficencia, que tenía asignado un médico y un practicante para asistir a pacientes que por falta de medios o familia no podían ser atendidos en sus domicilios.

Entonces la gente nacía y moría en casa. En la ciudad, en Vila, había una y a veces dos comadronas tituladas y en el campo estaban las parteras o llevadores, mujeres que, sin preparación académica alguna, habían aprendido el oficio y prestaban un inestimable servicio a sus vecinos. Cuando eran requeridas, dejaban su casa y su familia y, con una cesta en la que guardaban diversos remedios caseros para la ocasión, se instalaban en casa de la parturienta el tiempo que hiciera falta. Alguna de ellas incluso sabía darle la vuelta al niño si venía de nalgas. Si el recién nacido era prematuro, una caja de zapatos bien forrada de algodón hacía las veces de incubadora. Y si por desgracia fallecía, el tañer de las campanas anunciaba a los vecinos que había un aubat.

La gente nacía y moría en casa. En vila, había una y a veces dos comadronas tituladas

Las carencias dominaban todos los ámbitos. La disponibilidad de vacunas era prácticamente nula (sólo algún afortunado conseguía vacunarse contra la viruela, sa pigota). Y lo mismo cabe decir de los antibióticos, inexistentes hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Dicho esto, se entiende que enfermedades infecciosas y por tanto contagiosas como la gripe, la difteria, la fiebre tifoidea, la tuberculosis etc. se convirtieran en auténticas epidemias y causaran verdaderos estragos en la población.

Los conocimientos acerca de las diversas enfermedades eran limitados y los medios diagnósticos y terapéuticos todavía más. Pensemos que aparatos tan simples como el fonendoscopio, el termómetro y el esfigmomanómetro (para medir la tensión arterial) fueron descubiertos a finales del siglo XIX y pasaron años hasta que se generalizó su uso. Había algunos termómetros, también conocidos como graduadors, que iban de casa en casa con sumo cuidado, y después había que saber leer la graduación. Y lo mismo cabe decir de los rayos X (el ‘invento del siglo’, por cuanto permitió ver el interior del cuerpo humano sin necesidad de abrir) y de la aspirina (sintetizada a finales del siglo XIX, pero cuyo uso no se generalizó hasta bien entrado el siglo XX).

La falta de medios impedía hacer incluso los más elementales diagnósticos

Con semejante bagaje resulta fácil imaginar la impotencia que tenía que sentir un médico de aquellos tiempos frente a un paciente afecto por ejemplo de un dolor abdominal. La experiencia y el ojo clínico eran sus mejores–y casi únicas– armas. Cuando un médico acudía a un domicilio era mala señal y cuando se hacía ‘consulta de médicos’ el desenlace solía ser fatal. La expresión colic tancat, común en aquellos tiempos, hacía referencia a un abdomen agudo que acababa en exitus porque si el paciente sobrevivía la cosa se quedaba en un simple mal de panxa. Y si se sospechaba una simple apendicitis, al no existir quirófano ni cirujanos, el paciente, si tenía medios y llegaba a tiempo, era trasladado a Palma (donde ya existía alguna clínica), traslado que se hacía en el ‘vapor’, en una barca de pesca o incluso en llaüt. Y es que con los medios disponibles entonces en Eivissa era imposible realizar un diagnóstico de certeza de cualquier patología abdominal o torácica. En aquella época la palabra cáncer no se usaba, no existía, y no existía porque la enfermedad no se llegaba a diagnosticar en vida. Obviamente el cáncer ya existía, pero la enfermedad era oculta, crecía y se extendía hasta acabar con la vida del paciente.

Recetario de la farmacia Tur Viñas, que va por la cuarta generación de farmacéuticos en Eivissa. D. I.
Recetario de la farmacia Tur Viñas, que va por la cuarta generación de farmacéuticos en Eivissa. D. I.

La patología degenerativa osteoarticular, como no mataba, carecía de importancia. De las personas aquejadas de dolor reumático se decía que tenía ‘flato’ y santas pascuas. Cosa bien distinta era una fractura de fémur en una persona mayor, tan frecuentes entonces como ahora, que era mortal de necesidad al obligar a un prolongado encamamiento.

La existencia de farmacias ha acompañado desde siempre a los médicos, si bien por aquel entonces el trabajo de los farmacéuticos consistía básicamente en preparar las fórmulas magistrales prescritas, dado que los específicos de laboratorio tal y como se conocen hoy día apenas existían.

Cuatro clínicas privadas

Mención especial merece la apertura, en el año 1934, del laboratorio del entonces recién licenciado B. Marí, por cuanto fue el primero y único que existió en la isla durante décadas y prestó un inestimable servicio a la población, al principio con métodos manuales (no había otra cosa) y hoy en día, lógicamente, ya totalmente automatizado.

Alrededor de los años 50 del pasado siglo, superadas las penurias de la postguerra, empieza una nueva etapa que podríamos llamar de transición, y que se caracteriza por que abren tres clínicas privadas (la clínica Alcántara, la clínica Villangómez y la clínica Vilás) y la Diputación Provincial inaugura en 1955 el hospital insular de la avenida de España, también conocido como Casa de Beneficencia, que estaba situado en los terrenos que hoy ocupa la sede del Consell. Esto supuso un gran avance, ya que por primera vez los ibicencos disponían de cuatro centros dotados de cirujanos generalistas, quirófanos con administración de anestesia general, aparatos de rayos X y camas hospitalarias. En ellos se atendían partos, accidentes laborales y de tráfico y se practicaban las operaciones más comunes de cirugía general. El modelo asistencial entonces vigente ya cubría la mayoría de estas prestaciones, pero al no tener el Estado equipamientos sanitarios propios en la isla se concertaban estos servicios con las clínicas privadas.

Formulario de la farmacia Tur Viñas, que va por la cuarta generación de farmacéuticos en Eivissa. D. I.
Formulario de la farmacia Tur Viñas, que va por la cuarta generación de farmacéuticos en Eivissa. D. I.

La asistencia ambulatoria corría a cargo de los médicos de cabecera, también llamados de medicina general. En cada municipio había un médico de Asistencia Pública domiciliaria o médico titular, que además era el jefe local de Sanidad. Esta asistencia se complementaba en Eivissa ciudad con la prestada por facultativos con consulta privada.

Las campañas masivas de vacunación implementadas en aquellos años permitieron erradicar la viruela y proteger a la población de numerosas enfermedades infecciosas como la difteria, polio, rubeola o el sarampión, entre otras. Y la medicalización de la asistencia permitió a la población acceder a numerosos medicamentos comerciales, que también estaban subvencionados. Además de las vacunas, llegaron los primeros antibióticos lo que permitió tratar con éxito procesos tan graves como las neumonías, la tuberculosis, etc.

Aun así, en general la gente seguía naciendo y muriendo en casa y las especialidades, tanto médicas como quirúrgicas, tal y como las entendemos hoy en día, brillaban por su ausencia, de modo que las carencias persistían. Sin embargo, gracias a las vacunas, a los antibióticos, a la existencia de clínicas y a la mejora en la calidad de vida, la tasa de mortalidad se redujo drásticamente y la esperanza de vida fue cada vez mayor. Así y todo, expresiones como mal dolent, en referencia al cáncer, o quedar-se damunt sa pedra por no superar una intervención quirúrgica, forman parte todavía del imaginario popular de los ibicencos.

Policlínica Nuestra Señora del Rosario en una imagen reciente. Gabi Vázquez
Policlínica Nuestra Señora del Rosario en una imagen reciente. Gabi Vázquez

La apertura en 1969 de la Policlínica del Rosario con 60 camas, posteriormente ampliadas a 90, merece también una mención especial por ser ahora el único centro privado de la isla y por haber acertado al incorporar aparataje diagnóstico (TAC y resonancia magnética) y especialidades que no tenía disponibles la sanidad pública, con la que tiene establecidos conciertos de colaboración.

Ambulatorio y residencia de la Seguridad Social

En febrero del año 1971, y como consecuencia del rápido aumento de población asociado al desarrollo turístico iniciado en los años sesenta, abrió sus puertas el primer ambulatorio y residencia sanitaria de la Seguridad Social de Ibiza, conocido popularmente como ‘s’Ambulatori’, que fue el embrión de todo el desarrollo posterior de la sanidad pública en las Pitiüses.

La construcción de este centro conllevó dos hechos básicos. En primer lugar, reunió en un solo edificio a todos los facultativos de la isla que hasta entonces visitaban en sus consultas o clínicas privadas, evitando así el trasiego de los pacientes, que a partir de entonces tuvieron un centro de referencia donde acudir fuera cual fuera su problema médico. Y, en segundo lugar, facilitó la incorporación de nuevos facultativos, unos procedentes de hospitales punteros de la península y otros ya con formación MIR que aportaron su experiencia y las últimas novedades en diversas disciplinas.

El centro constaba de un ambulatorio propiamente dicho donde pasaban consulta los médicos de medicina general, los diversos especialistas (a razón de uno por especialidad) y los practicantes, siendo de dos horas el horario laboral para todos ellos.

También formaba parte del nuevo complejo la residencia sanitaria, que constaba de dos módulos, uno que compartía medicina interna y cirugía general y otro dedicado a toco-ginecología. En total, 50 camas ubicadas en habitaciones dobles. Había también una sala de radiología, un laboratorio, un servicio de anestesia con dos quirófanos y una pequeña habitación ubicada en la entrada, donde cabía una camilla y poco más, que hacía las veces de área de urgencias. Al poco tiempo se tuvo que habilitar una pequeña zona para pediatría hospitalaria, que no figuraba en los planes iniciales.

La verdad es que la vida de ‘s’Ambulatori’ , que nació en los estertores del franquismo y vivió la transición democrática, no transcurrió precisamente por un camino de rosas. No solo era claramente insuficiente cuando nació (como demuestra el hecho de que tan solo seis años después comenzaran las presiones y movilizaciones para la construcción de un hospital), sino que además la falta de medios materiales y humanos obligó desde el primer momento a trasladar a los pacientes críticos a centros especializados de Palma o la península, especialmente Barcelona o Valencia, traslados que no estaban regulados y que eran posibles gracias a la inestimable colaboración de las tripulaciones y aviones del Ejército del Aire y su servicio SAR, y a la generosidad de los anestesistas y facultativos de la residencia.

Un helicóptero sanitario durante el día de puertas abiertas del nuevo Hospital Can Misses, en 2015. J. A. Riera
Un helicóptero sanitario durante el día de puertas abiertas del nuevo Hospital Can Misses, en 2015. J. A. Riera

Un ejemplo de la precariedad de recursos materiales y humanos con que se trabajaba en ‘s’Ambulatori’ queda reflejado en un informe elaborado por la Comisión de Admisión, Urgencias y Traslados en el que reiteraban a la dirección del centro la necesidad de incorporar un digestólogo-endoscopista. En dicho informe se hacía constar que en el año 1983 tuvieron que ser trasladados a Palma, tan solo por patologías digestivas, un total de 93 pacientes (35 de ellos con carácter urgente). Del total de traslados efectuados por otras causas, tales como politraumatizados graves, quemados, cardiopatías, etc., no hay cifras por cuanto el centro carecía de servicio de archivo y documentación clínica.

La presión Social logró que en 1978 empezara a construirse el hospital can misses

El aumento de la demanda asistencial, ligada al continuo incremento de la población, así como la necesidad de incorporar diversas especialidades, tanto médicas como quirúrgicas, con el consiguiente aparataje tecnológico, hicieron evidente que ‘sAmbulatori’ no daba más de sí y que era necesario construir un hospital. Con este objetivo se inició un movimiento reivindicativo por parte de distintos colectivos cívicos y sindicales, siendo los facultativos y trabajadores del centro sanitario quienes más se implicaron en esta lucha. Finalmente, la presión social, que se trasladó a la calle en forma de manifestaciones, consiguió vencer la incuria de los gobernantes y las resistencias espurias existentes, y a finales de 1978 se colocó la primera piedra de lo que sería el primer Hospital Can Misses. Siete años más tarde, y tras superar múltiples dificultades, el 22 de diciembre de 1984 se efectuó el traslado al hospital, momento en que podría darse por concluida una transición sanitaria que en poco más de una década consiguió superar un retraso de décadas.

El primer hospital de la isla

La apertura del Hospital Can Misses, fruto de la semilla plantada catorce años antes con la construcción de ‘s’Ambulatori’, supuso un hito incontestable en la historia de la asistencia sanitaria de estas islas.

Desde su apertura el hospital fue gestionado por el Instituto Nacional de la Salud (Insalud), dependiente del Ministerio de Sanidad y Consumo, que en 1985 promulgó la Ley General de Sanidad, la cual además de universalizar la asistencia médica implantó un nuevo modelo de gestión, con una gerencia y tres direcciones: médica, de enfermería y de gestión y servicios generales, lo que llevó a una reestructuración o reorganización de todas las áreas sanitarias. Finalmente, en enero del 2002, al transferirse las competencias sanitarias a todas las comunidades autónomas, el Hospital Can Misses pasó a ser gestionado por el Servei Balear de Salud (Ib-Salut).

Helicóptero del 061 durante una visita de estudiantes. Vicent Marí
Helicóptero del 061 durante una visita de estudiantes. Vicent Marí

La profesionalización de la gestión sanitaria antes apuntada facilitó que, desde el mismo momento en que vio la luz, y dado el bajo nivel de la oferta sanitaria heredada, el funcionamiento del nuevo hospital sufriera una vertiginosa transformación para adaptarse a las crecientes demandas sanitarias de la población y a las permanentes reivindicaciones de sus nuevos profesionales, todos ellos ya con formación MIR, con lo que esto supuso de mejora en la calidad asistencial.

Dado que analizar los avatares y los progresos conseguidos en todas y cada una de las múltiples especialidades hoy existentes supera con creces la capacidad de lo que pretende ser una visión panorámica del camino recorrido me limitaré a una simple enumeración de los hitos más importantes.

Hitos de la atención sanitaria

En 2007 se produjo otro avance trascendental: abre el hospital de formentera

En lo que a los servicios del Hospital propiamente dicho se refiere, cabe destacar algunos hitos: la progresiva incorporación como servicios jerarquizados de múltiples especialidades, tanto médicas como quirúrgicas, con la consiguiente dotación tecnológica; la remodelación del área de Urgencias, con la creación de una unidad de boxes donde ubicar a los pacientes pendientes de estudio o de ingreso; la instauración de guardias de presencia física de las especialidades más básicas y guardias localizadas en el resto; la instalación de un TAC, tecnología de la que hasta entonces solo disponían los hospitales de referencia; la creación de una Unidad de Cuidados Intensivos; la creación de una unidad de hospitalización de pacientes psiquiátricos agudos que, junto con el Patronato de Salud Mental dependiente del Consell Insular, permitió que no tuvieran que derivarse más pacientes al Hospital Psiquiátrico de Palma de Mallorca; la creación de una moderna unidad de hemodiálisis; la creación de la Unidad de Hospitalización a Domicilio (UHD); la creación de la Unidad de Cuidados Paliativos; la construcción de un helipuerto para facilitar los traslados gestionados por el 061; la acreditación para la formación de médicos de familia y medicina interna o la informatización de las historias clínicas y de toda la gestión hospitalaria.

Inauguración del Hospital de Formentera, en el año 2007. Carmelo Convalia
Inauguración del Hospital de Formentera, en el año 2007. Carmelo Convalia

En cuanto a la atención primaria, se organizó en diversos centros de salud: tres en la ciudad de Eivissa (Can Misses, Vila y es Viver), uno en Sant Antoni y otro en Santa Eulària, donde pasan consulta en jornada completa de 7 horas los médicos de familia, pediatras, psicólogos, rehabilitadores, odontólogos, comadronas, etc., y donde además se atienden urgencias las 24 horas, con objeto de descongestionar el hospital. En los demás pueblos existen los CAP o centros de atención primaria, a fin de acercar la asistencia a la población.

El año 2007 se produjo otro avance trascendental, pues fue inaugurado el Hospital de Formentera, una justa reivindicación de sus habitantes sometidos desde siempre a una doble o triple insularidad. Es un hospital con unas prestaciones similares a las del antiguo ambulatorio y residencia sanitaria de Eivissa, donde se desplazan periódicamente diversos especialistas de Can Misses. La asistencia sanitaria se ve reforzada también con un rápido y efectivo servicio de evacuación en los helicópteros del 061, que tienen base permanente en Eivissa y evitan los penosos traslados por mar que tenían que realizarse anteriormente.

El nuevo gran hospital can misses

Quienes contemplábamos desde el antiguo ambulatorio, en los primeros años 80, cómo iba creciendo en medio de la nada lo que iba a ser en un hospital «para toda la vida», no podíamos imaginar que 30 años después la población de las Pitiüses se habría triplicado, con el consiguiente aumento de la demanda sanitaria, y se plantearía el dilema de si ampliar Can Misses o construir un hospital nuevo.

Dado que muchas áreas del viejo hospital, como por ejemplo urgencias, la UCI, el área quirúrgica, radiología y otras se habían quedado pequeñas, y dada también la necesidad de incorporar nuevas especialidades (algunas de ellas por cierto todavía pendientes) así como nuevo aparataje diagnóstico y terapéutico como una resonancia magnética y la radioterapia, finalmente se impuso la segunda opción, y a lo largo del año 2015 se completó el traslado al que ahora se conoce como Nuevo Gran Hospital Can Misses.

Otra cosa es su diseño arquitectónico, que nunca nos hará olvidar la funcionalidad del viejo hospital, o la modalidad elegida para su construcción, con una concesionaria de por medio que durante 32 años no solo irá cobrando el coste de la infraestructura sino que además obliga al Ib-Salut a contratarle todos los servicios extramédicos necesarios para su funcionamiento (lavandería, limpieza, cocina, parking, climatización etc…) con todas las disfunciones que esto conlleva.

Sea como sea, de lo que no cabe ninguna duda es de que sólo recordando de dónde venimos pueden valorarse en su justa medida los enormes cambios experimentados en la asistencia sanitaria de los habitantes de estas islas a lo largo de los últimos 125 años, unos cambios que nos han llevado a disfrutar de una asistencia equiparable a la existente en muchas capitales de provincia de este país y de los que Diario de Ibiza ha sido testigo privilegiado desde el mismo momento de su fundación y a menudo actor importante a la hora de lograr que muchas reivindicaciones fueran atendidas y se convirtieran en realidad.