Fotografía

Del negativo a la imagen digital

A finales de los años 90 se produjo el cambio en la redacción: los laboratorios de revelado y los archivos de fotografía en papel dieron paso a las cámaras digitales y a los ordenadores

Daniel Azagra

Fue muy rápido, en poco más de dos años», comentan Juan A. Riera y Vicent Marí, los dos reporteros gráficos en la actualidad en plantilla de es Diari. Ambos superan la veintena de años de labor profesional en este medio y han sido testigos de la transformación digital que ha experimentado la fotografía en su ámbito profesional. Riera comenzó a trabajar en el periódico en 1993 y Vicent Marí en 1997. El cambio tan radical se produjo entre finales de los años 90 y el arranque del siglo y fue tan veloz que, por ejemplo, cuando en aquellos años se diseñó la actual sede de Diario de Ibiza se reservó un espacio para el laboratorio de revelado, área que cuando se produjo el traslado en 2004 ya carecía de sentido.

En estos pocos años los fotógrafos han modificado su manera de trabajar en muchos aspectos, han dejado atrás los laboratorios a oscuras, los líquidos reveladores, los carretes, las máquinas ampliadoras, el archivo, los escáners… para tratar con programas de tratamiento de imagen, tarjetas gráficas, píxeles… Han pasado de estar familiarizados con la química a adentrarse en el mundo de la informática en un tiempo récord, todo para mejorar en su labor y en su objetivo principal: obtener la mejor fotografía.

Los fotógrafos Vicent Marí y Juan A. Riera, en las mesas de trabajo del departamento de fotografía. DANIEL AZAGRA
Los fotógrafos Vicent Marí y Juan A. Riera, en las mesas de trabajo del departamento de fotografía. DANIEL AZAGRA

Hasta finales de los años 90, en las décadas anteriores, el sistema de revelado de la imagen no había variado mucho, salvo la incorporación de algunas máquinas ampliadoras que facilitaban el trabajo al profesional, los avances no habían sido muy notables y el procedimiento seguía siendo el mismo. En el laboratorio, siempre a oscuras, «y bien cerrados con el pestillo echado», el proceso era el siguiente: revelado del negativo, fijado de la imagen en el papel, ampliadora y secadora. Las copias se sacaban en papel, con la marca del autor, y se documentaban a mano. Un sistema que llevaba aproximadamente una hora de tiempo y que nada tiene que ver con la actualidad, cuando una fotografía, por ejemplo, se puede tomar en cualquier parte del mundo y al instante se publica en la edición digital. «Entonces, para ganar tiempo, trabajábamos un poco en cadena y nos ayudábamos unos a otros en el revelado», recuerda Juan A. Riera, responsable de la sección.

EN LOS AÑOS 90 EL TIEMPO PARA OBTENER UNA FOTOGRAFÍA REVELADA ERA DE UNA HORA

Ahora, si se echa la vista atrás la labor que realizaban los fotógrafos sin duda parece bastante artesanal, trabajo que se iniciaba con la elaboración a mano de los carretes por ellos mismos. «Comprábamos bovinas de películas de negativo de 30 metros y reutilizábamos los chasis de los carretes viejos para montar los nuevos», señalan. Ese papel de película había que cortarlo, encajarlo bien en el chasis y comprobar que este no estuviera dañado para evitar posibles sustos cuando llegara la hora del revelado.

Poco antes de la fotografía digital, a las redacciones llegaron los minilaboratorios industriales de revelado de negativos, unos armatostes como los de las tiendas de fotografía que reducían el tiempo de obtención de la imagen a 20 o 25 minutos, pero que resultaban un poco «engorrosos», con el tratamiento del líquido y el ruido que metían. Los laboratorios a oscuras dieron paso a estas máquinas y a los escáners. Los ordenadores empezaron a ganar protagonismo, las fotografías comenzaron a almacenarse en CDs y el papel se quedó almacenado en los viejos archivos.

«Si antes tirábamos 360 fotografías al día, ahora hacemos cuatro veces más»

En esos años de finales del siglo XX el color empezó a asomarse en las páginas de es Diari, (anteriormente lo había hecho en publicaciones extras) y el revelado de los negativos debía realizarse en tiendas especializadas. «Teníamos que quedar previamente con las tiendas de fotografía para que nos abrieran sus puertas, a veces incluso en días festivos, y poder revelar el color que al día siguiente iría en portada o en la contraportada del periódico», cuenta Juan A. Riera.

El carrete de Carmelo

Durante muchos años acudir al puerto a recoger el carrete del corresponsal del Diario en Formentera, Carmelo Convalia, que llegaba en barco se convirtió en una rutina y en una obligación diaria porque era la única manera de hacer llegar las fotografías de esta isla a la redacción de Es Diari. Él dejaba el carrete a un tripulante de una barca y éste se lo entregaba a uno de los fotógrafos. «Había que ir sí o sí, y si no podía ir uno de nosotros porque estaba cubriendo alguna noticia se desplazaba un redactor», señalan. Entonces no había teléfonos móviles y la manera de localizar y avisar a un fotógrafo era a través de un buscador como el que tenían los médicos. «Recuerdo el gran avance que supuso la incorporación de los buscadores con texto», comenta entre risas Juan A. Riera.

Alfredo Benito, con más de 80 años, ordenó y documentó el archivo de fotografía

En ese tiempo también cambió la principal herramienta de los profesionales: las cámaras fotográficas. Cuando Juan A. Riera y Vicent Marí comenzaron a trabajar en Es Diari disparaban con unas cámaras con motor de arrastre, que permitían obtener cuatro o cinco imágenes por segundo. Hoy en día, las nuevas tecnologías permiten tirar más o menos a la misma velocidad. Pero, sobre todo, permiten seleccionar al momento la mejor imagen y desechar las que no sirven. «Antiguamente, tenías que esperar al revelado en el laboratorio para comprobar si la fotografía que pensabas que valía la pena, realmente era la buena», señalan. «Entonces tenías que seleccionar más el momento porque no tenías tantas opciones. De hecho, si antes tirábamos 360 fotografías al día, ahora se tiran cuatro veces más», cuentan.

Alfredo Benito maneja una máquina ampliadora en el laboratorio de fotografía. RAFA DOMÍNGUEZ
Alfredo Benito maneja una máquina ampliadora en el laboratorio de fotografía. RAFA DOMÍNGUEZ

Alfredo Benito y el archivo

En esos años, el gran fotógrafo Alfredo Benito, que con más de 80 años de edad se encargó de ordenar y documentar el archivo de Es Diari, ya se quejaba medio en broma medio en serio de que los fotógrafos ‘de ahora’ gastaban muchos carretes, cuando en su época (en los años 50 y 60) solo podía hacer un par de fotos por acto.

Benito, fallecido este pasado mes de mayo, dejó un recuerdo imborrable en la redacción del periódico por su profesionalidad, maestría y honestidad. Alfredo Benito puso orden, empeño y mucho cariño en su función de ordenar y documentar el ingente archivo de fotografía de es Diari.

Tanto Juan A. Riera como Vicent Marí recuerdan con nostalgia esos años, donde hacían 120 kilómetros al día, acudían a todos los actos y se tiraban «las mismas horas que hoy en día trabajando». «Eso sí, antes se valoraba más una buena foto, ahora se antepone la cantidad», lamentan.