Luz Ribas con su hijo Juan Verdera y su nuera María Teresa Fernández, en el puerto de Ibiza. D. I.
Luz Ribas con su hijo Juan Verdera y su nuera María Teresa Fernández, en el puerto de Ibiza. D. I.

Sin haber llegado a la treintena y con tres hijos pequeños (Juan, José y Francisco) María Luz Ribas Ribas (1906-1984), doña Luz, como la conocían los trabajadores de Diario de Ibiza, se quedó viuda. Fue el 14 de diciembre de 1935 cuando Juan Verdera Mayans, propietario de Diario de Ibiza, falleció repentinamente, con sólo 33 años, de «una nefritis mal curada», según recuerda su nuera, Lourdes Marí Tur, viuda de Francisco Verdera, el que fue el director de Diario de Ibiza durante 25 años a partir de 1965.

Para arrancar esta historia, primero, hay que situarse en la época. Siete meses después de que Luz Ribas perdiera a su marido, estalló la Guerra Civil y el bando republicano, que inicialmente se hizo con las riendas del poder en la isla, «le quitó» el diario. Su esposo, Juan Verdera, que se hizo con el periódico en agosto de 1924 y que lo dirigió desde entonces hasta su inesperado fallecimiento, lo dejó en herencia a su viuda y a sus tres hijos. «Se enfrentó a ellos [los republicanos] y les dijo que tenía tres hijos a los que mantener y que no tenía ni un céntimo», explica su nuera Lourdes. «Era una mujer muy valiente», agrega. «Tuvo que sacar adelante ella sola durante los años de la posguerra a tres hijos pequeños. Eso fue duro», destaca, por su parte, su otra nuera María Teresa Fernández, viuda del primer hijo de María Luz, Juan Verdera, que fue subdirector y gerente del decano de la prensa balear durante los años que su hermano Francisco fue su director.

Luz Ribas, viuda de Juan Verdera, en una imagen cedida por su nuera María Teresa Fernández. DI.
Luz Ribas, viuda de Juan Verdera, en una imagen cedida por su nuera María Teresa Fernández. DI.

«Ella dijo esto es mío, es el pan de hijos y no me lo quita nadie. casi la detienen»

Lourdes Marí explica que, al tomar el mando del Diario de Ibiza, los republicanos, para compensar a Luz Ribas, decidieron «pasarle una pequeña cantidad económica» además de dejarle un espacio en la Imprenta (en la calle Azara de Vila) para abrir una papelería. Así surgió el negocio de María Luz Ribas. Apenas unos meses después, el 20 de septiembre de 1936, se repitió la misma historia: el bando nacionalista desbancó al republicano en Ibiza y Luz Ribas también se tuvo que enfrentar al nuevo poder militar en defensa de lo suyo, el legado de su marido, pero obtuvo el mismo resultado.

«Se enfrentaba a quien hiciera falta. Lo hizo tanto con los de izquierdas como de derechas. Ella dijo esto es mío, es el pan de mis hijos y no me lo quita nadie. Estuvieron a punto de detenerla», explica su nuera Lourdes al rememorar los convulsos primeros meses de la guerra civil en la isla. Los nacionalistas pusieron a un director de derechas y, tal como habían hecho antes los republicanos, mantuvieron las condiciones con las que, previamente, los republicanos habían tratado de compensar a Luz Ribas.

Sin apenas rastro escrito

De esta mujer emprendedora por necesidad, por instinto de supervivencia, no hay apenas rastro escrito. Con el paso del tiempo, resulta casi anónima esta mujer, esposa y madre de los propietarios y directores del principal diario de las Pitiüses, y matutino decano en Balears, durante casi todo el siglo XX, en los años en que no sólo el rotativo sino también la isla llevaron a cabo su mayor transformación. En algunas de las fuentes bibliográficas consultadas no aparece ni siquiera su nombre y se la cita como la viuda de Juan Verdera, sin más señas.

En la hemeroteca de Diario de Ibiza aparece un pequeño recuadro en la edición del 11 de julio de 1965 en la información publicada sobre la toma de posesión de su hijo, Francisco Verdera, como nuevo director de Diario de Ibiza.  Es un pequeño homenaje que le rinde un redactor (F. C. F.), en nombre de «los colaboradores asiduos»: «Mi recuerdo se centra en la primera esperanza que dedicó todo su esfuerzo para estas columnas… Ella repuso, con todo esfuerzo, la mayor eficacia de nuestro primer órgano periodístico».

«Hoy Doña Luz, como la llamamos familiarmente, estaba ausente en la toma de posesión del cargo destinado para su hijo. Pero la redacción completa (incluidos los compositores y cajistas) y todos los colaboradores sentíamos su presencia completa por ser, además de la madre del nuevo director, la verdadera artífice de todos los años pasados (incluso sin letras para imprimir) de que esta nueva vida de nuestro Diario llegara al vértice que hoy ocupa», añadía la emotiva nota.

Su nuera María Teresa Fernández da fe de la estima que le prodigaban los trabajadores de Diario de Ibiza y la gente en general, según explica. «Era una señora recta, pero muy bondadosa. Era muy justa y se hacía querer y respetar por todo el mundo», asegura insistentemente cuando evoca sus recuerdos.

«era una señora recta pero muy bondadosa. Era muy justa y se hacía querer por todos»

Precisamente, María Teresa Fernández, que convivió con su suegra durante años, guarda un gran recuerdo de ella, que, en realidad, subraya, era algo más: «Para mí fue como una madre porque me ayudó mucho». María Teresa, que es de Ávila, conoció a su marido, Juan Verdera, en 1957. Tres años después se casaron. «Estaba alejada de mi tierra. El idioma… todo era nuevo para mí. Luz me ayudó mucho», reitera su nuera, que destaca que en aquellos años, en los que a la inmensa mayoría de las mujeres les tocaba estar en casa, «chocaba mucho» que hubiera alguna, sola, al frente de un negocio.

La mano derecha de Luz Ribas

Pedro Mas, en la papelería,en una imagen cedida por su hija Carmen. DI.
Pedro Mas, en la papelería,en una imagen cedida por su hija Carmen. DI.

Contó con la inestimable ayuda y apoyo de Pedro Mas, al que tanto Lourdes como María Teresa, definen como «su mano derecha». Y fue él, precisamente, quien estuvo al frente del pequeño negocio cuando María Luz vivió unos años en Madrid, con sus tres hijos mientras cursaban sus estudios de Bachillerato en la escuela de San Isidoro de Sevilla para huérfanos de periodistas. «Era la persona de su confianza, era como de la familia», apunta Lourdes Marí.

El otro gran apoyo de Luz Ribas, en el ámbito familiar, fue «la tía Rita», la única hermana de su marido Juan Verdera, recuerda María Teresa. «Iban siempre juntas».

La máquina que se empleaba para estampaciones. DI.
La máquina que se empleaba para estampaciones. DI.

María Teresa y Lourdes coinciden en que su suegra no tenía vocación periodística aunque en la Imprenta, en la calle Azara (donde ahora hay un restaurante con el mismo nombre) convivía a diario con todas las personas que elaboraban, manualmente, las páginas del histórico diario. En la entrada estaba la tienda que regentaba Luz Ribas, donde además de la venta de lápices, libretas, libros y todo tipo de artículos de papelería, también se ofrecían estampas de comuniones o bodas que se imprimían en la sala posterior, donde se encontraba también la imprenta del diario. A la derecha había una escalera por la que se subía a otra sala que compartían tanto los redactores y colaboradores del diario como los montadores que, en cajones, componían letra a letra las planchas que luego, abajo en la imprenta, teñirían de negro las páginas del diario.

La Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera explica que después de la posguerra, Diario de Ibiza montó también una imprenta para trabajos externos dirigida por Luz Ribas. «Con una máquina Boston hacían los encargos, totalmente separados del trabajo de composición del diario. Los impresores eran Joan Salvador ‘Flores’ y Joan Riera Roig ‘Palau’», explica, en una de las pocas referencias escritas de Luz Ribas.

Su vida no fue fácil

Doña Luz nació en Menorca, en el municipio de es Castell, donde sus padres, primo-hermanos, tuvieron que marchar para casarse. «No les dejaban hacerlo en Ibiza y se fueron a vivir a Menorca y a trabajar en una fábrica de calzado», explica su nuera Lourdes. Era la pequeña de una familia numerosa de cinco hermanos. Su vida no fue fácil ya desde el principio. Su madre falleció en Menorca cuando ella era aún «muy joven».

Luz Ribas dirigía una imprenta para trabajos externos al diario y una papelería

Su padre, ya viudo, decidió emigrar con toda la familia a Cuba, donde se dedicó también a la industria del calzado. Pero tras unos años en la isla caribeña, al padre le entró «nostalgia» de su otra isla, mucho más pequeña, la de su origen en el Mediterráneo. Así, regresó a la isla con Luz, mientras que sus hermanos se quedaron en Cuba en la fábrica que habían montado.

Luz Ribas, con uno de sus nietos. DI.
Luz Ribas, con uno de sus nietos. DI.

Cuando envió a sus tres hijos a estudiar el Bachillerato a Madrid (Juan se licenció en Derecho, José regresó antes porque no tenía interés en los estudios y se marchó unos años después a Venezuela y Francisco, en Medicina en la especialidad de Traumatología y Periodismo), Luz Ribas realquiló una habitación con derecho a uso de las salas comunes en la calle Blasco de Garay. Al cabo de unos años, el director de la escuela animó a Luz a que dejara a sus hijos en régimen interno y regresara a su isla.

Francisco Verdera (director de Diario de Ibiza de 1963 a 1991) fue redactor jefe del diario Arriba en Madrid y también trabajó en Informaciones. En 1963 llegó el momento de regresar a la isla para recuperar el legado de la familia, del que Luz Ribas no se separó nunca.