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El Paladar
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El calçot es una variedad de la cebolla habitual en la zona interior de Cataluña, pero especialmente de toda la parte occidental, correspondiente a las tierras del Ebro y la comarca del Alto Campo, siendo el plato más emblemático de la población de Valls, en la provincia de Tarragona. Ahora, la tradición está llegando a la isla y se están poniendo de moda los calçots en Ibiza.

La salsa ‘romesco’ es la clave del sabor del ‘calçot’.
La salsa ‘romesco’ es la clave del sabor del ‘calçot’.

La tradición catalana recrea una celebración, la calçotada, entorno a este plato con una propuesta que consta de calçots cocinados sobre la llama viva, es decir, que no hay que esperar a que se haga brasa. Una vez hechos, cuando las capas exteriores están negras, entreabiertas y echan una especie de espumita, se envuelven 25 calçots aproximadamente en varias hojas de papel de periódico y se dejan, como mínimo, una media hora para que acaben de cocerse con su propio calor. En caso de querer preparar una calçotada en casa, un ejemplar de Diario de Ibiza es perfecto para este último paso en la preparación de los calçots.

Se comen pelando las capas exteriores y untándolo en una salsa llamada romesco. Es la clave del plato y está hecho a base de una picada de almendras, ñoras, ajos, tomates, guindilla, aceite de oliva y girasol, perejil, vinagre y sal.

Una vez se comen los calçots, llega el turno de la carne: butifarra, chuletas de cordero y demás carnes cocinadas en las brasas, acompañadas de mongetes del ganxet y alcachofas a la brasa. Y, para acabar con el completo menú gastronómico, se ofrece crema catalana, naranjas y licores digestivos.

‘Calçotades’ en Ibiza

La isla también se ha apuntado a esta tradición, cuya temporada dura de noviembre hasta abril. En ese aspecto, Can Cires apuesta por los calçots como excusa para reunir a la familia o amigos entorno a una mesa y divertirse untando calçots en su salsa romesco casera.

Todos los sábados ofrecen calçotades y el babero colgado del cuello de los comensales no falta. Eso sí, hay total libertad para ensuciarse las manos de carbón y disfrutar de una comida tan nutritiva, natural y casera como es una auténtica calçotada.

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