Larga vida a la dieta mediterránea

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Ester Vila
Ester Vila
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Diez kilos en tres semanas. Dos tallas menos en dos semanas. Abdominales de infarto en 12 semanas. Está claro, los objetivos son importantes, pero también deben ser lógicos. No sirve de nada perder dos tallas en enero si en marzo volverán a ganarse. Lo más importante es darle al cuerpo ingredientes frescos y sanos para que aprenda, con el tiempo, los hábitos que debe seguir y así, conseguir un cuerpo sano y esbelto.

Además, no hay dieta milagro que sirva sin ejercicio, así que los nutricionistas recomiendan seguir una dieta equilibrada y hacer ejercicio al menos dos veces a la semana.


Pero, ¿qué es una dieta equilibrada? No hace falta viajar a países orientales para conseguir los llamados ‘súper alimentos’ como el té matcha o las bayas de goji. En España y el resto de países bañados por el Mediterráneo hay una gran variedad de alimentos que, consumidos de manera equilibrada, forman una de las dietas más antiguas: la mediterránea.

Una grasa muy sana

Es cierto que una cucharada de aceite de oliva tiene más de cien calorías, pero si se tiene en cuenta que una dieta corriente para un hombre adulto debería tener un valor de 2.500 calorías diarias y que el 30 % de estas calorías deben provenir de las grasas, esta cucharada de aceite de oliva es solo el 5% del total. El aceite de oliva no es solo un alimento milenario, sino que es uno de los pilares de la dieta mediterránea y su fuente principal de grasa tanto para aliñar como para cocinar las diferentes elaboraciones.


No se trata de seguir un menú, sino comer según una serie de directrices. Por un lado, es importante un consumo abundante de alimentos vegetales: cereales integrales, frutas, hortalizas, legumbres, frutos secos o semillas. En función de las propiedades y del propio gusto de cada uno, se consumirán unos u otros, pero es muy importante su consumo. El pescado y el marisco también deben ser consumidos de manera moderada o alta. Más allá del pescado y el marisco, hay que moderar el consumo de los productos de origen animal como huevos, carne de ave y lácteos en forma de queso o yogur y consumir una cantidad baja de carne roja, sobre todo procedente de oveja o cabra, cuyo índice de grasa es muy elevado.

Plancha o vapor

La dieta mediterránea se basa en elaboraciones a la plancha o al vapor aderezadas con hierbas y especias variadas como el romero, el tomillo, el perejil, la sal, el ajo, el vinagre y el limón.


Actualmente la globalización permite que gastronomías como la italiana o la griega, cuya base también se fundamenta en la dieta mediterránea, amplíen el recetario con elaboraciones como el hummus de garbanzos, la salsa pesto o las berenjenas a la Parmigiana.

Más allá de la carne roja, la dieta mediterránea tiene otros tipos de productos de bajo consumo, como los pasteles, la grasa saturada o los alimentos procesados como la bollería o los snacks.

Lo importante es no dejarse llevar por dietas relámpago, sino comer productos frescos que, más allá de beneficiar al organismo, también ayudan a la conservación del planeta, ya que consumir productos locales reduce la contaminación derivada de su transporte y ofrece a los productores de siempre una oportunidad para seguir formando mercado.

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