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El Paladar
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Alberto Fernández, cirujano oral. Aprovecha cada décima de segundo de su vida para mejorar su labor profesional. Realiza complejas operaciones de cirugía en su clínica, imparte cursos en Ibiza y ofrece conferencias en los congresos más importantes del sector dental. Alberto Fernández mantiene un máximo compromiso personal con su profesión, con el fin de mejorar la calidad de vida de todos sus pacientes.

 

—Lleva 15 años trabajando a un ritmo frenético en su clínica, ¿cómo vive Alberto Fernández la profesión?
—Con pasión y devoción. Dedico gran parte de mi tiempo a la profesión, excepto las horas de sueño y los momentos derivados de la familia. Si la gente pudiera estar en mi piel durante 15 días, entendería lo que es aprovechar cada décima de segundo. Me paso la vida pensando cómo se puede mejorar el trabajo que estamos haciendo, estudiando y preparando las ponencias que ofrezco en los congresos internacionales.

—¿Por qué esa dedicación tan desmesurada?
—Siento que tengo que devolver a la isla todo lo que me ha dado. Creo que Ibiza se merece que nos ocupemos de ella. Nosotros trabajamos para que no tenga sentido salir de aquí para recibir ningún tratamiento. Los pacientes no son conscientes del nivel de compromiso personal que tengo.

—Además de su trabajo en la clínica, imparte cursos en Ibiza y ofrece ponencias en los principales congresos de Odontología.
—En Ibiza ofrecemos estancias clínicas y cursos modulares que están teniendo una gran acogida. Cuando lanzamos los cursos para los siguientes nueve meses, se llenaron en dos semanas, así que tuvimos que añadir nuevas fechas y se volvieron a llenar todas. Los doctores vienen a ver cómo trabajamos y a recibir información teórica en el aula de formación.

—¿Qué tipo de profesionales asiste a estos cursos?
—Está viniendo gente de un nivel estratosférico. Son compañeros muy preparados y comprometidos con el paciente, que entienden que tienen que aportarle algo más. Son doctores que quieren dar respuesta a sus pacientes, y buscan mucho más ofrecerles ayudas reales que los beneficios económicos que pueda generarles.

—¿Por qué despiertan tanto interés estos cursos?
—Somos pioneros en regeneración ósea con hueso de banco congelado en el sector dental. Hay muy pocas clínicas en España que desarrollen esta actividad, y somos una de ellas. La regeneración ósea con hueso de banco y los implantes cigomáticos son los temas más solicitados porque nos hemos convertido en clínica de referencia.

—¿Estos cursos están al alcance de todo el mundo?
—Sí, no hay que ser ningún fuera de serie para hacer lo que estamos haciendo. Lo realmente complicado es obtener los aspectos legales a la hora de trabaja con el Banco de Tejidos y Órganos, que es el que rige esta actividad, pero no hablamos de actores circenses o propios del Circo del Sol, hablamos de procedimientos que pueden hacer unas manos convencionales correctamente entrenadas.

—¿En qué tipo de tratamientos se siente más realizado?
—Mi máxima satisfacción es la reinserción social de pacientes con dismorfia. En Medicina se dice que es imposible hacer que una persona que tiene una malformación sea guapa, pero se pueden hacer muchas cosas como mejorar su calidad de vida y reinserción social. Por ejemplo, hoy hemos tenido un paciente al que hemos operado cinco o seis veces. Es un chico que ha estado un año y medio sin dientes. Cuando le hemos puesto los dientes, ha llorado. No se quería ver en el espejo por la emoción que le suponía… Ha estado sin dientes no porque no le importara, sino porque ha entendido que era lo mejor para el tratamiento. Aunque este es un caso poco habitual, lo normal es que los pacientes salgan de la clínica con los dientes el mismo día.

—¿Cree que se está potenciando demasiado la estética, olvidando este tipo de tratamientos tan complejos?
—En la profesión es muy típico que ciertas clínicas potencien tratamientos en gente que no los necesita. Enseñan modelos con dientes preciosos y presentan tatamientos muy sencillos que suelen salir bien, tratamientos estéticos en pacientes perfectamente sanos que ya son rigurosamente hermosos. Si les tiras dos tenedores y los pones como pendientes, también les quedarán muy bien. La profesión es algo injusta, están sobrevalorados tratamientos de mínimo riego e infraestimados tratamientos de máximo riesgo y máxima rehabilitación. Y no digo que la estética no sea importante.

—¿Y qué procedimientos de estética son los que más le gusta realizar?
—Yo concibo la estética desde un punto de vista mínimamente invasivo, mínimamente modificador, para que el paciente obtenga el mejor resultado estético sin optar por el full house que dicen los americanos: ‘¿No te gusta la casa? Pues casa nueva’. Cogen a una chica guapa y le hacen 28 coronas. Esto para mí no tiene ningún sentido.

—Habla de la concepción de la estética en otros países, ¿qué se encuentra cuando ofrece conferencias fuera de España?
—Cuando dicto en Iberoamérica o en la zona de la República Soviética, Kazajistán, o África, me llama la atención cómo quieren europeizarse o norteamericanizarse. Usan un dispendio de medios enorme para tratamientos que pueden hacerse de forma más rápida, más económica y sin tanto riesgo. Y mi forma de ser es muy distinta, soy más minimalista, me gusta más utilizar las manos que lo que nos venden las compañías, aunque pueda parecer contradictorio con nuestra clínica, que apuesta por los avances tecnológicos.

—Actualmente la carrera de Odontología se cursa en cinco años, ¿qué hay de la especialidad de Estomatología?
—Ha desaparecido, se extinguió. Yo fui la última promoción de estomatólogos de España. Estudié Medicina y Cirugía, después superé el MIR y la especialización. Son diez años de estudios, frente a los cinco que supone sacarse ahora la carrera de Odontología.

—¿Con qué otros especialistas tiene un contacto directo?
—Es fundamental mantener una estrecha relación con otorrinos, porque hay estructuras comunes; con médicos de cabecera, porque hay pacientes que tienen multipatologías y es importante conocer las medicaciones y otros aspectos antes de operar, por ejemplo; los maxilofaciales del hospital; y con neurólogos y anestesistas, porque hay muchos dolores atípicos, que no sabes en qué área están, y hoy en día el último escalafón en cuanto al manejo del dolor son los anestesistas y neurólogos.

—También mantiene contacto constante con oncólogos, ¿por qué es importante esta relación?
—Por dos motivos: cada vez hay más casos de cáncer oral, por una parte, y por otra, tenemos muchos pacientes que han recibido o reciben tratamientos oncológicos y requieren tratamiento dental. En este caso la relación es bidireccional: nosotros enviamos casos susceptibles de padecer cánceres orales, y recibimos a muchos pacientes que han sido intervenidos y requieren tratamientos especiales. Por ejemplo, tenemos pacientes a los que les han quitado medio maxilar. Nosotros tenemos que hacer prótesis especiales para completar las estructuras, rellenar todo lo que falta. Tocar a un paciente que ha recibido radioterapia también es muy delicado.

—¿Qué opina de la irrupción de las redes sociales en relación a la profesión odontológica?
—Yo era muy reacio a meterme en las redes sociales, ya que me parece que hay mucha tontería. Pero a nivel profesional hay grupos de enorme valía. A mí me está sirviendo para recibir y compartir información. En los grupos profesionales se da mucha información, te encuentras con otros ‘locos’ como tú con los que estableces relaciones de una falsa amistad que aportan mucho.

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