Primera tirada de Diario de Ibiza con páginas en color, el 3 de septiembre de 1992, en la rotativa de Sant Jordi.
Primera tirada de Diario de Ibiza con páginas en color, el 3 de septiembre de 1992, en la rotativa de Sant Jordi.

La prensa Imperial Press de 1857 inventada y fabricada por John Sherwin en Londres fue la primera gran máquina que llegó a la isla. Es la misma que hoy, convertida en monumento a los periodistas y propiedad del Ayuntamiento, se pudre en su pedestal de la avenida de Bartomeu de Rosselló de Vila. En agosto de 1993, cuando estaba siendo instalada por el Ayuntamiento, a quien se la había cedido la familia Verdera Ribas (propietaria del Diario hasta 1991), se rompió la urna de metacrilato que debía protegerla de la intemperie y ninguno de los gobiernos posteriores se ha preocupado de arreglarlo. Se trata de una auténtica joya que sigue siendo usada en empresas impresoras del Reino Unido, Estados Unidos y Canadá para imprimir ediciones especiales.

Con ella se publicó, el 1 de agosto de 1893, el primer Diario de Ibiza, fundado por el periodista Francisco Escanellas con la ayuda del propio Bartomeu de Rosselló, Felipe Curtoys, Antonio Pujol y Lucas Costa, y en ella se siguió imprimiendo cada noche (con algunas interrupciones más o menos largas) hasta que fue sustituida en 1930 por la primera rotativa manual, una Marinoni.

Trabajadores de Diario de Ibiza a principios del siglo XX.
Trabajadores de Diario de Ibiza a principios del siglo XX. Foto: EIVISSA ANTIGA

Aquel periódico era una hoja de 42×31 centímetros impresa a doble cara y a tres columnas. Costaba 5 céntimos el número y 1,25 pesetas la suscripción. Aunque la recia Imperial Press era capaz de tirar 200 ejemplares, rara vez se superaban los cien.

La imprenta estuvo ubicada en varios locales de la Marina, aunque el más recordado por los ibicencos es el de la calle Bisbe Azara, convertido en redacción, taller, tienda del Diario y todo tipo de prensa y material de papelería, además de lugar de tertulias, durante muchos años.

El escritor Miguel Ángel González recordaba aquel Diario en un texto de hace unos años: «Por la claraboya del patio de vecinos llegaba el tableteo de la rotativa que arrancaba cuando el ¡Arriba España! y el ¡Viva Franco! de la Telefunken despedían, pasada la medianoche, el parte de Radio Nacional. Seguía un brevísimo silencio que con puntualidad insólita rompía el triquitraque del Diario, cuyo tiraje ya no se detenía hasta que clareaba».

En esa época, la prensa del tipo Gutenberg había sido sustituida hacía años por una rotoplana del tipo Marinoni, una máquina intermedia entre las prensas y las rotativas que imprimía con un sistema de rodillos movidos por una gran manivela. Todos los trabajadores y colaboradores del periódico tuvieron que ponerse en alguna ocasión manos a la obra, incluido el escritor Enrique Fajarnés Cardona.

Impresores y mecánicos

La Marinoni, capaz de imprimir 500 ejemplares a la hora, había llegado tarde a Eivissa. Muchos periódicos del mundo ya la usaban desde finales del siglo XIX y el primero en hacerlo en la isla fue La Voz de Ibiza, cuando fue fundado en 1922. El Diario se incorporó en 1930 a un progreso que ya era antiguo, pero la máquina estuvo funcionando hasta 1963 sin fallar ni un día. Los trabajadores ejercían de mecánicos y las piezas sobrantes se fueron acumulando en un rincón hasta quedar la impresora en un esquema de sí misma.

Redacción de Diario de Ibiza a principios de los años 90

En aquel periódico corrían de un lado a otro Marià Villangómez, Cosme Vidal Llácer, José Zornoza y el inevitable Isidor Macabich, que ejerció de redactor jefe del Diario durante 25 años. El Diario pertenecía ya a Juan Verdera Mayans, que lo había comprado en 1924 y cuya familia no se separaría de la cabecera hasta que la vendió al grupo Prensa Ibérica, hoy propietario, en  1991.

«Nos costaba mucho sacar Es Diari porque estábamos escasos de papel. Entonces íbamos a las tiendas de comestibles a por papel de estraza»

Los trabajadores de aquella época pasaron del plomo de la primera imprenta a la linotipia y ejercieron todas las labores necesarias para que el Diario saliera cada día. Uno de los más antiguos, Toni Roig, recordaba hace años en una entrevista que durante la Guerra Civil le daban a la manivela entonando el ‘Cara al sol’ o ‘La Internacional’ según la fuerza dominante en la isla, y que cuando las tropas republicanas conquistaron la isla imprimieron ‘Solidaridad Obrera’ y les querían obligar a hacer 15.000 ejemplares para lanzarlos sobre Mallorca, en manos de las tropas nacionales, pero sólo pudieron hacer 2.000. También rememoraba los duros años de la posguerra, trabajando a la luz de los candiles en la calle Azara: «Nos costaba mucho sacar Es Diari porque estábamos escasos, siempre, de papel. Entonces comprábamos papel de estraza en las tiendas de comestibles e imprimíamos el periódico».

Él, junto a Pedro Mas, Pepe Rafal, Bartomeu Cardona, Pep Fumeral y Pepe d’es Parrí, protagonizó el plante en los años 40 cuando el sindicato vertical franquista quiso apoderarse de la cabecera, que gracias a algunos ibicencos influyentes permaneció en manos de la familia Verdera.

La primera imprenta eléctrica de Diario de Ibiza, una Voirin francesa que imprimía 1.500 ejemplares la hora en 1963

El siguiente paso importante en esta historia de la imprenta fue la compra, en 1963, de la primera rotativa eléctrica, una Voirin francesa que ya tiraba 1.500 ejemplares a la hora. Fue la verdadera modernización del Diario, que en dos años dobló su circulación y su número de suscriptores y lectores, según contaba José Viader en su trabajo ‘Historia, esencia y evolución del Diario de Ibiza’. La rotativa pasó entonces a la calle Aragón y la redacción poco después al Pasaje Vía Púnica. A esta le sucedió una máquina plana ya automática, marca Ibérica A. G., que lanzaba 3.500 ejemplares por hora.

La primera ‘offset’

El ministro de Información, León Herrera, inauguró la nave de Sant Jordi en 1975. El entonces propietario y director, Francisco Verdera, a la derecha, le enseña el Diario. BUYL MAYRAL

El crecimiento de Diario de Ibiza fue imparable durante los años 60 y 70, convertido en la primera referencia informativa de la isla. Era tan evidente, que las instalaciones de la calle Aragón se quedaron pequeñas en muy poco tiempo y era necesario buscar una nueva ubicación, para lo que se compró un solar de 2.500 metros cuadrados de Sant Jordi, donde se imprimió desde 1975 hasta enero de 2008.

Rotativa Supergazette, instalada en la nave del Diario de Sant Jordi en 1992.

La nueva rotativa, la primera offset que llegó a la isla, inauguró la nave de Sant Jordi en julio del 75. Al acto acudió el entonces ministro de Información y Turismo, León Herrera, que pasó revista a los trabajadores del Diario, formados en fila para la ocasión. Herrera felicitó a la empresa por su «renovación y la modernización total de sus talleres» y le deseó «muchos éxitos». La nueva rotativa era una Pacer capaz de imprimir 25.000 ejemplares por hora.

La impresionante rotativa, que ocupa dos plantas de una gran nave industrial, imprime hasta 75.000 ejemplares la hora

La historia se estancó ahí hasta la compra de la cabecera por parte de Editorial Prensa Ibérica en 1991. En esos 16 años la máquina había quedado totalmente obsoleta y fue sustituida enseguida por una Supergazette de seis cuerpos llegada desde el Diario de Mallorca, que trabajó una década, y a principios de este siglo por otra Supergazette de nueve cuerpos traspasada por ‘Información’ de Alicante, que ocupó prácticamente toda la nave que en los 70 parecía que iba a ser la ubicación definitiva de los talleres del Diario.

La actual rotativa del polígono de Montecristo, una Koenig Bauer AG

El periódico ha seguido creciendo en estos años hasta los más de 6.000 ejemplares diarios que vende actualmente. Ya en 2004 empezó a perfilarse el proyecto que fraguó la creación de la empresa Artes Gráficas de Ibiza, filial de Diario de Ibiza, y la instalación de la nueva planta de impresión en el polígono de Montecristo, que comenzó a funcionar en enero de 2008 y que actualmente imprime Diario de Ibiza, Última Hora, El Mundo, Marca o Prensa Pitiusa, entre otras publicaciones.

El ordenador de la rotativa actual, en el Polígono de Montecristo de Sant Antoni. J. A. RIERA

La impresionante rotativa, que ocupa dos plantas de una gran nave industrial es una Comet de la firma alemana Koenig Bauer AG capaz de imprimir hasta 75.000 ejemplares de hasta 64 páginas en una hora, 16 de ellas a todo color, aunque esas tiradas no son necesarias en Eivissa, lo que permite tirar diferentes periódicos con tiempo y comodidad. Las máquinas reciben las páginas desde las distintas redacciones y las convierten directamente en planchas de impresión. Todo está controlado por ordenador y las páginas que se producen en la redacción de Vila son procesadas por máquinas que las imprimen, colocan y empaquetan para ser recogidas por los distribuidores.

«En el piso de arriba –escribía Miguel Ángel González en 1994 sobre el taller de la calle Azara– el taller era Babel. A media tarde empezada la composición de los textos y los cajistas, con visera y manguitos, fabricaban palabras, líneas de palabras, párrafos y páginas, sin olvidar puntuaciones, títulos y huecos; tipo a tipo y con una velocidad vertiginosa. Fue Paco Verdera (el entonces director) quien con una paciencia jobiana me contaba historias del Diario y me enseñaba el utillaje del taller: tipos, cajas, moldes, tipómetros, calibradores, punzones, matrices, filetes, regletas, componedores, mazos, rodillos, pinzas, bruzas, esponjas, tamboriletes de palmeo y curvafiletes». Todas estas herramientas han sido sustituidas por un ordenador central que controla todo el proceso de impresión y que entre los trabajadores es conocido como ‘el Ferrari’.

LA PRIMERA La imprenta tipo Gutemberg sigue deteriorándose en Vila

Hace diez años se denunció el estado de deterioro de la imprenta Imperial Press de 1857, la primera en la que se imprimió Diario de Ibiza, que el periódico había cedido a Vila con motivo del centenario y que permanecía a la intemperie tras romperse la cúpula de metacrilato que debía protegerla. Una década después la situación no ha cambiado y la valiosa imprenta sigue pudriéndose a la vista de todos, como monumento a los periodistas, en la calle Bartomeu de Rosselló (fundador de este Diario) de la ciudad.