Mujeres en el puerto de Eivissa hacia 1910. Colección Raymar
Mujeres en el puerto de Eivissa hacia 1910. Colección Raymar

Las presencias en un periódico nos dicen mucho, pero también las ausencias: las mujeres han sido invisibles para Diario de Ibiza a lo largo de la mayor parte de su historia, reflejo del papel secundario que han desempeñado en la sociedad hasta que empiezan a ganar terreno público con la implantación de la democracia en España, hace tan solo 40 años. La mujer cuando aparece es anónima y a menudo está relacionada con algún suceso, generalmente como víctima de robos o violencia, o bajo titulares del tipo ‘Pelea de mujeres’ (1912), ‘Una mujer origina un escándalo’ (1916), ‘Las lecheras continúan aguando su mercancía’ (1921). Para ser una de las contadísimas excepciones de mujeres con nombre propio y que salen en Diario de Ibiza por su relevancia social hay que ser la infanta Isabel, que visitó la isla en 1913.

Hay anuncios que apelan a las mujeres como consumidoras de determinados productos de limpieza o para el hogar; otros que buscan «nodrizas con leche fresca» para una casa de maternidad de Barcelona; o los que ya en los años treinta prometían dietas milagrosas. Pero también surge la mujer ideal, descrita invariablemente por un hombre que determina cuál es el comportamiento correcto y cuál el inaceptable. La «mujer varonil» era el compendio de todos los males. Así, un artículo sobre ‘la mujer ideal’ da las claves en 1899:

Una revista inglesa ha tenido la idea de preguntar a sus suscriptores cómo es la mujer ideal. Han contestado a esta pregunta muchos jóvenes de la buena sociedad británica, y en sus respuestas hay bastante unanimidad.

El conde de Desart ha dicho que no debe escogerse para compañera de la vida a una mujer que monte en bicicleta, vista el traje masculino y tenga aficiones varoniles. «No puede encontrarse la felicidad -añade- en un ser a quien únicamente por cortesía se le da el nombre de mujer».

Sir George Donglas ha manifestado que odia a la mujer moderna. Lord Etskine sostiene que la mujer ideal es la que llamamos en España «una mujer de su casa». Lord Mountmones dice que la mujer ideal es la verdadera colaboradora del marido, la que se asocia a su trabajos y le consuela en las horas de desgracia; la que es buena consejera y el guía más seguro del marido. El vizconde Bonchard de Montmorency cree que la mujer varonil es un engendro maldito de la imaginación moderna. Su Francfort Moore y otros jóvenes aristocráticos opinan del mismo modo. El fallo ha sido tan unánime, que la «mujer varonil» no ha encontrado ningún defensor.
(22 de marzo de 1899).

Nunca sabremos lo que opinaban las mujeres, porque a ellas nadie les preguntó.

Uno de los pocos nombres de mujeres que aparecen en el diario de las primeras décadas es el de Josefa Brassó Llatas, comadrona, que publica un anuncio en 1898 para salir al paso de unos rumores:

«Habiendo llegado a mis oídos el rumor de que yo no quería asistir a ningún parto por menos de 25 ptas, hago público que no he dado semejante orden, al contrario, los partos serán como siempre a voluntad de las familias y también me comprometo a hacerlo gratis a las pobres».
(10 de octubre de 1898).

Por el contrario, los nombres de hombres que ocupan cargos importantes son una constante en el diario, que da cuenta de cuando se constituyen determinados organismos y de sus integrantes (con los dos apellidos), o de los viajes que hacen ilustres ciudadanos de la isla (acompañados de su mujer e hijos, ella siempre anónima, como un complemento).
Hay un columnista que dedica reflexiones a las mujeres de forma asidua. En un artículo se queja del «abuso de las mujeres» al exigir un trato de «señoras» que considera excesivo en muchas ocasiones, y dice hablar en nombre de otros muchos hombres molestos. Para que nadie se llame a engaño, advierte de que a él le gustan «mucho las mujeres», pero ojo, solo cuando son guapas. Su tolerancia es tanta que hasta las tontas le gustan, si no son feas.

«Me gustan mucho las mujeres, cuando son bonitas, aunque también sean jóvenes; también me encantan las morenas y me deleitan las rubias, cuando son guapas; y tengo la abnegación de tolerar las niñas tontas, cuando no son feas. En suma, tengo amor, respeto y cariño al sexo débil, no por su debilidad, sino por otras cosas. Más a pesar de lo que acabo de decir, no llevo con paciencia los abusos del sexo hermoso, y en este sentimiento me acompañan bastantes hombres. ¡Soy una señora!, dicen las mujeres en varias ocasiones. Y con esta razón tratan de que se la conceda todo el mundo».
(18 de octubre de 1898).

El autor aprovecha para advertir a estas mujeres que se propasan de semejante manera, al exigir por ejemplo un asiento en el tranvía o que un hombre les ceda el paso en la acera:

«Si continuáis abusando, llegará día en que los españoles tratarán a las mujeres al estilo yankee. Lo cual será para vosotras el fin del mundo».

El 6 de noviembre de 1898 posiblemente este mismo columnista publica una larga perorata sobre la incapacidad de las mujeres para ser amigas entre ellas, siempre pugnando por los hombres:

«Por poco que se reflexione, se convence uno mismo de que las mujeres no llegan nunca a quererse con franca y verdadera amistad. La razón de este hecho es difícil de hallar, pero quizá la principal sea el deseo vehemente de conquista del hombre que sienten las mujeres, causa latente siempre de separación, enemistad y odio entre ellas».

Diario de Ibiza publicaba artículos procedentes de otros diarios de la capital (posiblemente los anteriores también venían de ahí), que servían para advertir de los peligros de la vida moderna que ya hacían estragos en países tan cercanos como Francia. En París, los divorcios eran como una plaga de consecuencias terribles, a tenor de este columnista:

«El obrero de París, tan pronto como se harta de la mujer, busca el divorcio por el menor motivo, con el pretexto más insignificante. Se presenta al comisario, le requiere sus cosas, va un agente a interrogar a las comadres de la vecindad, que declaran lo que se les ocurre; y después, en menos de un minuto, la Sala cuarta destruye un hogar, una familia, su dicha y su porvenir… El hombre va a la taberna, la mujer al tugurio y los chicos al arroyo para pasar luego al presidio y acabar luego en la guillotina.
Por culpa del legislador, con la complicidad hasta con la excitación de la justicia, la unión libre va reemplazando poco a poco al matrimonio. Ella destruye la familia, entrega el hombre indefenso al alcoholismo, la mujer a la prostitución, y el niño a los vicios precoces».
(26 de diciembre de 1898).

Una hecatombe, sin duda.

Diario de Ibiza difundía las normas y la moral que debían cumplir los buenos ciudadanos y las mujeres, a las que no se consideraría ciudadanas con derechos como tales hasta la Segunda República. También señalaba, por ejemplo, cómo debía ser la belleza de la mujer, en lo que en su día quizás pretendió ser un alarde de fino ingenio:

«Para que sea perfecta la belleza de la mujer, necesita tener: tres cosas blancas: la piel, los dientes y las manos. Tres cosas negras: los ojos, las cejas y las pestañas. Tres cosas largas: el talle de los cabellos y las manos. Tres cosas cortas: los dientes, las orejas… y la lengua. Tres cosas pequeñas: la nariz, la cabeza y los pies. Tres cosas gordas: los brazos, las pantorrillas y la dote. En resumen: es necesario unir las cosas blancas a las cosas negras; las cosas largas con las cosas cortas, y las cosas pequeñas a las gordas».
(11 de marzo de 1897).

La presión para que la mujer se ajuste a un canon de belleza no es un invento del siglo XX…
Otro breve artículo revela una serie de características de las mujeres, especímenes de una especie definida por unas cuestiones invariables, como la curruca capirotada o el conejo de campo. La lección de zoología del columnista decimonónico ha legado estas perlas para la posteridad:

«La curiosidad daña a las mujeres más que el amor. Los deseos de las mujeres son como los espárragos; apenas se cortan, brotan con más vigor. Las lágrimas solo embellecen el corazón de la mujer. La fealdad es un padecimiento que una mujer conserva toda la vida. Las mujeres son la gloria para los ojos, el purgatorio para el alma y el infierno para la bolsa. La edad es el único secreto de la mujer. La mujer de genio fuerte es un dragón con enaguas.
La mujer feliz, murió hace muchos años en un hospital de sordo mudos y ciegos. Una mujer sin carácter es como una tragedia sin aplausos, difícil de sostener. Nada hay tan difícil para una mujer como acostumbrarse a no ser bella después de haberlo sido».
(27 de febrero de 1897).

Asimismo, también era posible encontrar en Es Diari una guía infalible para seleccionar bien a las amigas de una joven:

«Amigas que no convienen
Las que no tienen sentimiento religioso.
Las que no tienen un lenguaje decente y pulcro.
Las que son falsas.
Las que tienen malos modales y son muy despreocupadas.
Las que son amigas de murmurar y criticar a todo el mundo.
Las que son mundanas y no saben hablar más que de modas, teatros, bailes.
Las que son presuntuosas y amigas del lujo.
Las que no saben hablar más que de novios, lances amorosos, etc.
Las envidiosas.
Las que dan malos consejos.
Las que mienten más que la Gaceta.
Las muy habladoras, chismosas y que no saben guardar un secreto.
Las que no son buenas con sus padres y con sus hermanas no pueden ser buenas amigas.
Las muy extremosas en sus manifestaciones de cariño, queriendo estar siempre abrazando, besuqueando y jugando de manos con la amiga».
(6 de noviembre de 1896).

No tenemos noticia de si alguna llegó a superar un casting semejante.
A finales del siglo XIX, Es Diari no perdía ocasión para alertar sobre la alarmante deriva que estaba tomando el comportamiento del «sexo débil» en el mundo, y que solo podía acabar en catástrofe. Este artículo desgrana la terrible situación en EEUU, donde a juzgar por el autor, la cosa se ha ido definitivamente de las manos y ya tiene mal arreglo: miles de mujeres ya se han «calzado los pantalones». Pero al menos puede servir de advertencia a los demás para no llegar a esos extremos.

«Las actrices, que en 1870 eran 692, veinte años después, en 1890, alcanzaba la cifra de 3.949. En el mismo periodo de tiempo las escritoras, de 172 subían a 2.734; las periodistas, de 35 a 888; las músicas, de 2.742 llegaban a 34.275, y las directoras de teatro, que eran 100, son ahora 953. Finalmente, en 1870 no había aún tenedoras de libros, y ahora existen 27.443.
Como puede verse, el movimiento feminista es una marea que sube, sube y amenaza calzarse los pantalones, como suele decirse.
El hombre del porvenir no será ya el señor del mundo, sino que ocupará el puesto más tranquilo de protegido del otro sexo.
La mujer, que algún filósofo ha calificado de «charada indescifrable», cesara de ser la mitad del hombre para llegar a ser el todo.
Y los gabinetes de estadística de lo porvenir publicarán trabajos de esta forma:
Profesiones masculinas: Niñeros, tantos; modistos, tantos; criados lavanderos, tantos; profesores de piano y bordado, tantos.
El mismo amor habrá variado de modo de ser. No serán los hombres quienes conquisten a las mujeres, sino estas las que, apurando un cigarrillo Virginia, admiren en las esquinas de las grandes vías y requiebren a los mancebos púdicos y atortolados que junto a ellas pasen».
(28 de octubre de 1896).

Curiosamente, también hoy, 124 años después, hay hombres que advierten de que el movimiento feminista es una marea que sube y sube y que llegará a arrinconarles como ciudadanos de segunda, y que incluso necesitarán cuotas para asegurar su presencia en los ámbitos de poder… Podemos concluir que la misoginia no es un fenómeno reciente y que en todas las épocas hay y ha habido aficionados a la ciencia ficción.

Dos ibicencas en Sant Antoni a principios del siglo XX. Domingo Viñets
Dos ibicencas en Sant Antoni a principios del siglo XX. Domingo Viñets

Otras noticias revelan la dramática situación de la mujer en la sociedad de finales del siglo XIX y principios del XX. Hoy nos horrorizamos al conocer casos de mujeres cuyo violador se casa con ellas para eludir el castigo, y calificamos de salvajes estas costumbres de países lejanos. Diario de Ibiza también dio cuenta en sus páginas de casos similares, como este de 1906 ocurrido en la isla. El redactor de la noticia aprovecha para tirar de gracejo, pues la ocasión le pareció idónea para el chascarrillo. Suponemos que es porque no le unía ningún vínculo familiar con la víctima.

«Se casa con la víctima de una violación para eludir la prisión.
En uno de los juicios con jurados celebrados ha unos días en esta ciudad, y en el que se trataba de una causa por violación, se condenó al procesado a 14 años, pago de costas y no sabemos qué más.
Pues bien: el autor del delito, que a lo que parece debió de echar sus cuentas sobre la suerte que con tal castigo le esperaba, nos dicen que ayer decidió casarse con la que fue objeto del atropello, proposición que él había rechazado antes, y, gracias a esta resolución, ha sido puesto en libertad. Y he ahí cómo un asunto con ribetes de dramático, ha venido a parar en comedia, pues sabido es que casi todas las comedias terminan así, en casamiento».
(26 de julio de 1906).

Así, este individuo se libró de 14 años de cárcel casándose con la mujer a la que había violado y pasó de presidiario y delincuente a marido sin más trámite que un sí, quiero ante una suponemos espantada novia… Posiblemente nadie le preguntó a ella su opinión al respecto. De hecho, no es casual la palabra que elige el redactor para referirse a ella: objeto.
Muchos años después, en 1964, el redactor de la noticia sobre una mujer sueca asesinada por un hombre que prestaba servicio en la guarnición ibicenca afirma que «el móvil fue pasional», unos términos que aún hoy no están erradicados del todo, lamentablemente, y que ocultan el auténtico móvil de la violencia machista: la desigualdad, la convicción por parte de un hombre de que una mujer le pertenece y por tanto, puede hacer con ella lo que quiera.

Eivissa tenía cinco abogadas en 1980

En 1965 aparece una entrevista con la primera azafata ibicenca, Lina Juan, a la que el redactor presenta así: «Se trata de la deliciosa Lina Juan, rubia, ibicenca de pura cepa, un tanto andaluza cuando habla el castellano».

Diario de Ibiza publicó en 1985 la noticia de que Concha García Campoy iba a presentar el telediario de TVE-1.
Diario de Ibiza publicó en 1985 la noticia de que Concha García Campoy iba a presentar el telediario de TVE-1.

Pero es a principios de los años 80 cuando se inicia el proceso de salida de las mujeres de sus encierros domésticos, lo que es tan poco habitual que se convierte en noticia. Así, el periodista José Vicente Serradilla entrevista en 1980 a las dos nuevas abogadas ibicencas que han jurado el cargo, María Luisa Cava de Llano [que luego sería Defensora del Pueblo’ y Rosa María Hoyos, que cuentan que en esos momentos hay cinco letradas que ejercen en la isla. El periodista explica que «la mujer está adquiriendo fuerza en la profesionalidad de la vida social, ocupando puestos que hace poco se le habían denegado y que en algunos campos se le sigue denegando». Además les da la palabra, y ellas cuentan que en total ya hay cinco abogadas en la isla que ejercen, aunque hay muchas más licenciadas que no trabajan. No obstante, aún queda mucho camino por recorrer, como se desprende de la respuesta que dan a esta pregunta del redactor: «¿Cómo veis la abogacía como profesión para la mujer?». Ellas atribuyen el aumento del número de mujeres que estudian Derecho a que «al tratarse de una profesión liberal puede compaginarse con las tareas propias de la mujer, como son el hogar, los hijos, la familia». Las flamantes abogadas consideran «vital en estos tiempos la reivindicación de la mujer en todos los campos, pero eso sí, sin olvidar nunca el hecho de que el ser mujer, esposa y madre conlleva unos compromisos a nivel familiar que son ineludibles». La palabra «corresponsabilidad» y la posibilidad de que los hombres compartieran las cargas familiares aún eran impensables. Pero han pasado 38 años desde entonces y las responsabilidades domésticas siguen recayendo sobre las espaldas de las mujeres. Muchas, buscan ese trabajo que las permita atender esos «compromisos familiares ineludibles», y renuncian incluso a sus carreras. El progreso no siempre es lineal.

Diario de Ibiza recogió en 1985 la noticia de que Concha García Campoy era la primera periodista ibicenca que presentaba el telediario de TVE-1, y celebró con entusiasmo ese gran logro profesional de una profesional de la comunicación que ya era carismática.
El avance de la mujer en la política es lento y en las primeras elecciones las listas son abrumadoramente masculinas. Tras los primeros comicios municipales solo había tres concejalas en las Pitiüses.

1996 marcó otro importante hito para el avance de la mujer en la sociedad: la joven abogada (28 años) Pilar Costa se convirtió en la primera senadora de la historia de las Pitiüses, y en la primera mujer en ocupar un cargo político relevante en estas islas. Además, fue la primera vez que la izquierda ganaba el escaño a la derecha. Cuatro años más tarde, en 1999, Costa será la primera presidenta del Consell Insular de las Pitiüses.

Desde entonces, la presencia de las mujeres en la política y las instituciones se ha incrementado notablemente, especialmente después de que se aprobaran las leyes ‘cremallera’ del Govern (que obliga a alternar hombre-mujer en las listas) y la estatal que marca que no puede haber menos del 40% de uno de los dos sexos.