¿Bailas… o Whatsappeas?

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La unión entre la gastronomía y la elegancia

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Juan Suárez
Juan Suárez
Adjunto a gerencia de Diario de Ibiza.

­La tecnología ha cambiado muchos hábitos y ha invadido prácticamente todos los campos  de la vida cotidiana. La noche y el espectáculo no iban a ser una excepción a esta imparable regla y ya ha llegado a las mismísimas pistas de baile de los centros de ocio de Ibiza. El what’s up se ha colado también en el underground y en medio del furor del baile. La necesidad imperiosa que tiene la gente de comunicar a amigos, familiares, pareja o amante donde está en todo momento como una forma de justificar y demostrar que ha estado ahí es realmente fascinante y está produciendo curiosos fenómenos. En el momento que aparece cualquier renombrado DJ o famoso en la cabina, los teléfonos móviles disparan sus flashes o ponen en marcha su sistema de grabación para captar ese momento mágico para algunos. A renglón seguido el personal envía un wasap a sus colegas para hacerles participes de es momento tan genial con lo que todo el mundo está tan ocupado whatsappeando y nadie baila. El espectáculo es increíble y digno de un análisis sociológico de los nuevos comportamientos juveniles y más aún cuando el acto se repite a lo largo de la noche.

La pregunta del millón ahora es: A qué se va a una discoteca? A bailar o a wasapear? El tema tiene más calado ya que no se reduce al mundo de la discoteca sino que multiplica sus efecto en los conciertos de música en vivo, por ello la cantante Bjork pidió a sus fans en su último concierto que no utilizasen los móviles durante su actuación ya que le había costado mucho esfuerzo preparar cada segundo del concierto con un gran grupo de artistas y colaboradores y era una pena que los asistentes se perdiesen un solo segundo de todo su impresionante show por estar pendientes de la foto o el video para enviar a los amigos. El cambio de comportamiento conlleva hacerse muchas preguntas sobre la idoneidad del uso indiscriminado del soporte móvil y de las aplicaciones de distribución masiva, aún no reguladas. La libertad individual permite a cada uno usar a su modo el móvil mientras este permita que el ‘bailongo’ de al lado pueda danzar libremente sin estar pendiente de no molestar a un wasapero.

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