El día que conseguí la chaqueta gris

Jimena L. Ansótegui
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El Paladar
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Recuerdo el primer y último madrugón que me pegué para ir de rebajas. Rondaba los dieciocho años y mi presupuesto no alcanzaba a pagar todo lo que «necesitaba».

En aquella época tenía que dividirme en dos personalidades y eso me suponía contar con un amplio vestuario. Por un lado estaba la estudiante buena del colegio de curas y, por otro, la adolescente rebelde que nacía cada viernes y dormía los domingos. Pendientes para cada una, camisetas, pantalones, faldas, zapatos, bolsos…

Un día, la rebelde, se encaprichó de una chaqueta gris larga hasta los pies que superaba con creces el presupuesto del que disponía. Algo muy habitual en ella. Por suerte, se acercaban las rebajas y en aquella tienda las prendas llegaban al 70% de descuento.

Durante las dos semanas previas a que se colgara el cartel rojo, no hubo un solo día en el que no pasara a comprobar que aún quedaban prendas suficientes para ella.

«Las gangas y las oportunidades en la vida están en cualquier lugar donde uno se proponga encontrarlas»

Una tarde, al pasar por delante del escaparate, por fin vio cómo las dependientas se apresuraban a cambiar las etiquetas y a poner pegatinas rojas en los cristales.

A la mañana siguiente ella y su mejor amiga, esa que sabía que tarde o temprano podría pedir prestada la prenda deseada, se plantaron en la puerta media hora antes de que la tienda abriera.

Hicieron bien, pues pronto se fueron sumando a la espera más y más mujeres ansiosas por conseguir llegar a la gran ganga. Cuando la primera dependienta llegó, la cola inglesa que se había formado se dispersó por completo y comenzó la guerra.

Empujones, tirones, insultos y toda una serie de sentimientos innecesarios. De allí yo salí con mi chaqueta más chula que un ocho, eso sí, comprendí que ese estilo de consumo no era para una joven rebelde pero con causa. Entendí que hay cosas en la vida más importantes por las que luchar que por una simple chaqueta gris.

Que es más emocionante ir por cuenta propia que con el rebaño. Aprendí que las gangas y las oportunidades en la vida están en cualquier lugar donde uno se proponga encontrarlas, que sólo hay que seguir el instinto y no cesar en su búsqueda.

Jimena L. Ansótegui
DIRECTORA COMERCIAL

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