Laia Fernández y Jordi Riera junto a la Imperial Press, ya restaurada. Toni Escobar
Laia Fernández y Jordi Riera junto a la Imperial Press, ya restaurada. Toni Escobar

Invented by John G. Sherwin». Las letras, grabadas en una placa dorada, se pueden leer, ahora, casi con la misma claridad con la que se debían distinguir en 1893, cuando la Imperial Press de 1857, la primera imprenta que tuvo Diario de Ibiza, llegó a la isla. Laia Fernández y Jordi Riera, restauradores, le han sacado lustre. En la placa, que hasta hace unas semanas reposaba sobre una mesa, perfectamente etiquetada, junto a las decenas de piezas que ensamblan la máquina, se puede leer también la dirección de la fábrica en la que se creó: el número 5 de Cumberland Street, en Shoreditch, Londres. La pieza, dorada, destaca en la máquina, completamente pintada de negro tras su restauración. «Hay algunas a las que han pintado las letras en dorado o que se han decorado, incluso, con flores», comenta Fernández, que indica que ellos, en este caso, han preferido el negro.

La imprenta llama la atención. Poco tiene que ver su aspecto con el que presentaba hace un par de meses, antes de que la retiraran de su peana en la avenida de Bartomeu de Roselló, donde permaneció varias décadas a la intemperie después de que la familia Verdera la cediera al Ayuntamiento de Ibiza en 1992. Cuando llegó al taller en el que la han desmontado, reparado, protegido y vuelto a montar, estaba completamente oxidada y, sobre todo, muy sucia. Consecuencia de años y años bajo el sol, la lluvia y el polvo.

La imprenta estaba oxidada por completo y muy sucia. Ha recuperado su esplendor

En algunas partes estaba comida por el óxido y en otras la pintura se había inflado. Si el futuro de la prensa hubiera sido un espacio cubierto, le hubieran dejado esa pátina, sin embargo, como volverá a estar al aire libre, la han pintado y, sobre todo, protegido. La Imperial Press permanecerá este año en Diario de Ibiza, coincidiendo con la celebración del 125 aniversario. A principios de 2019 regresará a su peana de Bartomeu de Roselló, la misma en la que ahora se puede leer ‘Peça en restauració’. Una capa de cera la protegerá. Al menos, durante un año. Pasado este tiempo, los restauradores recomiendan renovar esa capa protectora, que debería renovarse año tras año para evitar que vuelvan el óxido, la suciedad y la pintura inflada.

La primera imprenta de Diario de Ibiza estaba expuesta en la avenida de Bartomeu Roselló como monumento a los periodistas. Moisés Copa
La primera imprenta de Diario de Ibiza estaba expuesta en la avenida de Bartomeu Roselló como monumento a los periodistas. Moisés Copa

Fernández y Riera temían encontrarse cualquier cosa cuando desmontaran la máquina, un trabajo que no ha sido fácil. Las piezas pesaban mucho más de lo que se esperaban. Sobre todo las planchas, algo de lo que se dieron cuenta cuando ya las tenían en las manos y vieron que apenas, entre los dos, podían cargarlas. Y luego porque la Imperial Press, que vista desde fuera parece una pieza compacta, está formada, en realidad, por decenas y decenas de piezas. Especialmente tornillos.

La imperial press podría, hoy mismo, imprimir ejemplares de diario de ibiza

No sólo hacía falta mucha fuerza para sacarlos sino que, además, era necesario saber hacia qué lado giraban. Para ello gastaron un bote entero de aceite. Riera se encargó de sacarlos y Fernández, de mirarlos con atención para averiguar, casi como por arte de magia, hacia dónde tenía que hacerlo rodar.

La restauración ha servido para llevarse dos buenas sorpresas. La primera, que los rodillos de madera que servían para presionar las planchas se encontraban en mejor estado del que pensaban: ha sido necesario reponer un trozo pequeño de madera que le faltaba a uno de ellos pero el otro, protegido por la plancha, estaba casi perfecto. A pesar de ser madera. La segunda, que la Imperial Press podría, hoy mismo, imprimir algunos ejemplares de Diario de Ibiza. Como hizo desde el 1 de agosto de 1893 hasta 1930. «Funciona», afirma, con una sonrisa, Fernández, sobre esta máquina que sirvió para que los ibicencos se enteraran, entre otras cosas, de qué pasaba en las guerras de Cuba y Filipinas.