En busca de nuestros orígenes

Jimena L. Ansótegui
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El Paladar
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El Paladar

En India los ojos de los niños cuentan siglos de historia a pesar de su corta edad. Hay en ellos un brillo especial que no transmite ni la tristeza ni la dura vida que les toca vivir. A los de fuera nos resulta hipnotizante ver tanta esperanza entre la pobreza. Choca mirar a los ojos de la la felicidad más inmediata. Es por eso quizás por lo que India engancha tanto a los viajeros que año tras años repiten su travesía hasta este país asiático.

Vivir en la más absoluta miseria hace que el hombre recuerde sus orígenes, sus códigos descodificados con las prisas, el estrés y el afán de ser más que los demás. A veces, necesitamos desprendernos de lo que tenemos para recordar quiénes somos. Para saber lo que de verdad es importante para vivir, para saber por qué merece la pena luchar y por qué no. Día tras día perdemos el tiempo y la energía tratando de imponer nuestras ideas sobre los demás, luchando por conseguir nimiedades innecesarias y frustrándonos por batallas perdidas que jamás debimos emprender.

«quien ha sujetado en sus brazos a un recién nacido se ha sentido invadido por una inmensa paz»

Si tan solo por un momento pudiéramos ponernos en la piel de esos niños y mirar a través de sus ojos, comprenderíamos que lo importante no tiene nada que ver con el dinero ni con el poder, ni con el coche que conducimos ni con la marca de nuestro reloj.

Las cosas importantes, las que vamos a echar de menos cuando nos falten no tienen nada que ver con estas cosas. No tienen forma, son intangibles y están al alcance de todos los bolsillos.

Quien ha sujetado en sus brazos a un recién nacido probablemente se ha sentido invadido por una inmensa paz, es así como nacemos todos. Puros, limpios pero volver a ese estado es sin embargo uno de los trabajos más duros de conseguir a lo largo de nuestras vidas. Esa paz no vuelve si no vas a buscarla.

Hay quien la busca en la India y de paso aprende a practicar yoga y aprovecha para quedarse un tiempo y hacer allí sus producciones de ropa. Otros van a la Iglesia y los más avanzados la buscan en su propio hogar, en el paseo nocturno, al volante de su coche o frente a su ordenador.

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