Escribir para no olvidar

Jimena L. Ansótegui

A principios de año cogí un pedazo de papel y escribí en él mis metas a corto plazo. Lo guardé en el primer cajón de la mesita que tengo bajo el escritorio con el fin de echarle un ojo siempre que pudiera. Había leído en alguna parte que de esta manera me sería mucho más fácil alcanzarlas. Fueron cinco cosas las que me apunté, no parecían tantas ni tan imposibles en el momento que lo hice. Sin embargo, dependiendo del día en el que volvía a leer aquellas notas sobre el papel roto se podían hacer imposibles o inalcanzables. El plazo para conseguirlas también parecía más que suficiente. En prinicipio, tenía un año entero para hacerlo, aunque la realidad es que se me ha pasado tan rápido que ahora, con el papel delante me parece que lo hubiera escrito ayer. El tiempo es simbólico, no existe, en cuanto quiero hablar de él y explicar algo, ya se ha pasado.

«la vida se va, pasa muy rápido, se escurre entre los dedos de mis manos mientras tecleo»

La única manera que he encontrado de retenerlo y controlarlo es a través de mis recuerdos. Por eso mi esfuerzo máximo ya no es llegar a la meta que me he marcado sino crear miles de buenos y malos recuerdos por el camino. Ellos me ayudarán el resto de mi vida a detener el tiempo mientras me refugio en sus sensaciones regresan a mí cuando los cuento. De todas la metas que me marqué solo he visto cumplida al 100% una de ellas, que no es poco teniendo cuenta su calado. Pero para llegar al resto aún tengo que seguir construyendo muchos recuerdos. La vida se va, se pasa muy rápido, se escurre entre los dedos de mis manos mientras tecleo estas cuatro reflexiones. Sin embargo, mientras escribo sé que tengo el poder pues estoy creando una herramienta para detener el tiempo, para recordar, para volver a sentir y a pensar esto mismo una y otra vez mientras lo vuelvo a leer.

Me encanta encontrar papeles con notas antiguas. Me transportan. Escribir es un alivio, una de las mejores terapias que conozco. Plasmar sobre el papel los pensamientos desordenados y escondidos en las sombras de nuestra mente es sanador y nos ayuda a enfocar, a dar un paso atrás en nuestros, muchas veces, precipitados pensamientos y poner la energía donde realmente queremos hacerlo.

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