Redescubriendo a Hipócrates

Que somos lo que comemos es, en gran parte, verdad pues la alimentación es la gasolina de nuestro cuerpo y está comprobado que influye directamente sobre muchas patologías.

Jimena L. Ansótegui

Hipócrates, médico de la antigua Grecia ya anunció antes de Cristo que el consumo de alimentos saludables podría ser un aliado poderoso para reducir el riesgo de enfermedades tan comunes hoy en día como la obesidad, la diabetes, la hipertensión e incluso el cáncer. «Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina», es una de las citas del padre de la medicina, que hoy podemos leer en numerosas pizarras, cartas y artículos sobre alimentación. Que somos lo que comemos es, en gran parte, verdad pues la alimentación es la gasolina de nuestro cuerpo y está comprobado que influye directamente sobre muchas patologías. Oímos hablar y leemos muchos artículos que tratan sobre la importancia que tiene, para la salud, llevar una dieta sana y equilibrada pero no todos sabemos en qué consiste. De hecho no todos los alimentos ni todas las dietas calificadas como saludables son adecuadas para todo el mundo. La mayoría de las personas desconocen si lo que comen a diario es lo mejor para ellos. Sin embargo, hay cada vez más preocupación entre la sociedad sobre lo que debemos y no debemos comer. Cada vez son más las personas que se informan sobre los nutrientes de cada alimento, más consumidores que leen etiquetas antes de comprar un producto y más conciencia y preocupación por lo que comemos. Esta tendencia ha llegado también al sector de la restauranción, donde vemos un incremento muy llamativo de los establecimientos de comida sana.

«Cada vez son más las personas que se informan sobre los nutrientes de cada alimento, hay más conciencia y preocupación»

Restaurantes que destacan en sus cartas la alimentación bio, la dieta sin grasas trans y equilibrada, el uso de productos frescos y naturales. Aunque lo más adecuado es lo que siempre hemos escuchado decir a nuestros mayores: «hay que comer de todo en su justa medida». La mayoría de las veces el problema no está en el alimento en sí sino en la frecuencia con la que lo consumimos. Comer chocolate es sano. Hincharse a chocolate no lo es. Sorprende que, a pesar de que hace miles de años un médico respetado ya anunció algo tan importante para la salud de los seres vivos, parezca que estemos hoy redescubriendo esta obviedad.

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