Seguimos tirando mientras se pueda

Jimena L. Ansótegui
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El Paladar
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Cuando conduces un coche viejo puede pasarte que en mitad de un cruce de carreteras se te caiga un espejo retrovisor. Lo digo por experiencia. En esos casos uno puede optar por abandonar a su suerte la vieja pieza o por jugársela y rescatarla de ser machacada por otro coche. Por si a alguien le pica la curiosidad, yo me decanté por lo segundo. Paré mi coche en la primera salida y caminé carretera abajo hacia la pequeña y vulnerable pieza que yacía sobre el asfalto.

La volví a colocar en su sitio con un pequeño golpe de esos que arreglan todo y volvió a recobrar vida aunque, eso sí, ahora ya un poco más torcida y con riesgo de volver a caer en cualquier momento. Mientras colocaba el espejo, me imaginé a mi coche mandándome un mensaje: «Soy viejecito has de ir pensando en renovarme». Y pensé: «Eres tan cómodo, te conozco tan bien y me manejo con tanta soltura cuando te conduzco que ni me lo planteo». Eso sí, cuando me monto en el coche nuevo de algún amigo veo que es otro mundo y que aunque el mío «sigue tirando» y podría mantenerlo diez años más, no está a la altura.

«Las empresas más pro eligen millennials para cargos de responsabilidad a pesar de su corta experiencia»

Algo parecido pasa en las empresas con los millennials. Estos jóvenes, los más preparados, están llenos de ideas, de conocimientos tecnológicos diversos, hablan idiomas, tienen dos carreras, un máster y lo mismo te diseñan un eslogan que te montan un vídeo y lo convierten en viral. Son polivalentes, los podríamos comparar con los nuevos cochazos de alta gama. Sus miles de funciones y botones resultan complejos cuando no se entienden pero están ahí para hacernos la vida más fácil. Solo hay que saber emplearlos.

En las empresas más conservadoras estos jóvenes están desaprovechados. Ocupan puestos de aprendices, siguen las órdenes de sus jefes y cumplen horarios para satisfacerlos. Aunque no lo digan, ellos ven a sus compañeros como espejos retrovisores que no saben mirar para adelante. Los millennials encuentran su sitio en las empresas más «pro» donde los eligen para ocupar cargos de responsabilidad a pesar de su corta experiencia. Allí revolucionan las jerarquías y al personal acomodado a un horario y forma de trabajar.

No necesitan jefes para saber lo que hacer, tampoco horarios pues están siempre conectados. Son emprendedores por naturaleza. No temen al futuro ni a los cambios. Nos gusten o nos asusten ellos son necesarios.

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