«Porque toda vida merece ser contada»

Hace unos cuantos años, un periodista amigo destinado a la sección necrológica de un importante medio nacional, me dijo que ya se había cansado de escribir obituarios para gente destacada y famosa de la sociedad.

Jimena L. Ansótegui

Hace unos cuantos años, un periodista amigo destinado a la sección necrológica de un importante medio nacional, me dijo que ya se había cansado de escribir obituarios para gente destacada y famosa de la sociedad. Le resultaba aburrido, monótono. Sabía que aquellas historias podían llegar mucho más lejos. Y un buen día me confesó que quería dejarlo. «Voy a crear mi propia empresa», me aseguró. «¿Por qué solo los famosos tienen obituarios?». Sus ojos brillaban mientras me confesaba su plan. Me explicó que su proyecto consistía en crear de la nada una empresa en la que la vida de abuelas, abuelos, padres, madres, hijos y gente normal pero extraordinaria al mismo tiempo, pudiera pasar a la historia a través de sus textos editados e impresos como si de un Best Seller se tratará.

«El joven periodista supo hacer de su frustración su éxito empresarial. No es fácil»

«¿No crees que tiene también sentido escribir y homenajear a otros difuntos? Toda vida merece ser contada». En principio, parecía una locura. Dejar un empleo en un buen periódico para aventurarse en algo tan intangible. Unos años después, cuando ya apenas teníamos contacto, me topé con la noticia de una importante sucursal bancaria que promocionaba biografías de personas fallecidas cuyas vidas eran mucho más importantes para sus familias que las de cualquier escritor o premio Nobel nacional. El joven periodista supo hacer de su frustración profesional su éxito empresarial. No es fácil. Destacar sobre todos los demás. Encontrar el nicho, el hueco y combinarlo con tu don, ganas y entusiasmo. A esto además de una brutal competencia, altamente cualificada, hay que sumarle un consumidor cada vez más exigente, más experto y menos fascinable. Los resultados de cada acción hoy en día son medibles practicamente en todos los sectores. Si no eres lo suficientemente bueno, no triunfarás. Emprender es de valientes. Muchos creen equivocadamente que para montar tu propia empresa has de tener muchos ahorros o dinero de papá. Sin embargo, está más que demostrado que para emprender en lo que sea lo importante de verdad es tener ganas y actitud. Después llega todo lo demás pero con ilusión y empatía las puertas las abres tú.

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