Una imagen de pasajeros embarcando en el Ciudad de Mahón, en el puerto
Una imagen de pasajeros embarcando en el Ciudad de Mahón, en el puerto

“(…) Los miércoles, a las siete de la tarde, zarpa del puerto de Barcelona el ‘Ciudad de Mahón’ con rumbo a Ibiza, a cuyos muelles llega los jueves a las ocho de la mañana. ¡Trece horas de navegación! Y de qué forma, señores… Desde que se pisan las sucias tablas de la cubierta, sobre las que hay que reposar si no se desea ir a pie firme toda una noche, el pasajero es olvidado por la tripulación. Por 42,50 pesetas tiene uno derecho a mancharse donde quiera y como más le plazca. El ‘Ciudad de Mahón’, que a duras penas puede transportar a cien pasajeros, hace su travesía con más de ochocientos. Naturalmente los camarotes no llevan más personas que las permitidas por su capacidad, lo mismo que sus literas; el resto ha de agolparse sobre la cubierta del viejo barco, ofreciendo al observador una magnífica estampa de transporte de emigrantes en el siglo pasado, o de barco negrero en el anterior.

Así, entre vomitonas, gemidos de angustia y ayes de dolor, trece horas de locura sobre las húmedas tablas y con el cielo por techo. Un principio de veraneo muy poco recomendable…

(…) Ya en Ibiza, lo mismo si se queda uno en la ciudad que si se dirige a San Antonio Abad o a Santa Eulalia, el turista sólo escucha lamentos de los ibicencos solidarizados con el visitante en su protesta contra la Compañía Trasmediterránea.

No existe justificación para negar un aumento de servicio entre Barcelona e Ibiza, mientras Palma de Mallorca cuenta con un barco diario, el ‘Ciudad de Ibiza’, por cierto, y gran cantidad de aviones. Los ibicencos, que realizan esfuerzos sobrehumanos para atraer al forastero y hacerle la estancia en la isla blanca lo más grata posible, se ven impotentes ante el único medio de llegar hasta ellos.

La Compañía Trasmediterránea cuenta con la concesión para efectuar el servicio y sus pocos barcos están más atentos a Palma que a Ibiza (…)”.

Enrique RUBIO

(Texto original)
El Caso, de Madrid.
15 de septiembre de 1952