Un carro engalanado acude a la fiesta

“(…) La vigilia de las fiestas llegaron á la villa numerosísimas familias de esta ciudad y de otros pueblos de la isla.

A las seis de la mañana del sábado empezaron los festejos con repique de campanas y disparos de morteretes desde la torre de la iglesia.

La llegada del vaporcito “Salinas” atrajo á la playa numerosa concurrencia. No fueron muchas las personas que vinieron en el primer vapor, debido, seguramente, á hallarse el mar bastante agitado. Vinieron los músicos de la banda “La Armonía” y otras pocas personas.

A las ocho, celebróse en la iglesia parroquial de la villa solemne misa mayor, con acompañamiento de piano. El canónigo don Mariano Riquer ocupó la Cátedra del Espíritu Santo, pronunciando un elocuente sermón que fue escuchado con religioso silencio por la numerosa concurrencia. Terminado el Oficio celebróse Procesión que recorrió el trayecto del Puig y toda la población, amenizando el acto la Banda de Música.

A primeras horas de la tarde empezaron á llegar carruajes desde esta ciudad y otros puntos en tal número que no es hipérbole afirmar que fueron más de tres mil los pasajeros que pasaron á Santa Eulalia.

A las cuatro el vaporcito “Salinas” arribaba á la playa conduciendo unos ciento cincuenta expedicionarios. En el paseo de la Alameda y en la playa había grandísima animación y al saltar á tierra los pasajeros se dieron algunas vivas, resultando el acto muy interesante.

Por la noche en la Alameda y calle de San Jaime se celebró gran verbena. Era poco menos que imposible pasar con comodidad dado el gentío que invadía la villa.
(…)
Ayer (…) en la plaza se efectuó una cucaña que fue del agrado del público. Jaime d’en Rosa, valiéndose por cierto de artimañas, logró subir á lo alto del palo y dar con un pollastre y un bolsón de caramelos, confites y cacahuetes.

Por la noche hubo fuegos artificiales, verbena y baile de sociedad en la Alameda al son del piano que tocaba el maestro don Vicente Mayans. También se dispararon fuegos artificiales (…).

Aunque la velada de la primera noche terminó á hora avanzadísima, fueron en gran número los concurrentes á la misma que, queriendo gozar del fresco y hermosura del tiempo, quedaron transcurriendo por la Alameda ó sentados en las aceras de los cafés. En un grupo formado en uno de dichos establecimientos se pasó hasta la madrugada de un modo delicioso. La agraciada y simpática señorita Catalina Escandell y Colomar, accediendo á requerimientos de los reunidos, hizo oír su extensa y bien timbrada voz, cantando gran parte de su repertorio, que es muy extenso y escogido.

Otro número muy notable y que no figuraba en el programa: la dos de la madrugada serían cuando vióse á unos “puntos” que, cargados con un piano de manubrio, iban recorriendo la calle de San Jaime, deteniéndose ante determinadas puertas y dando sendas y ruidosas serenatas. Por todos los trasnochadores se celebró la ocurrencia, por más que los obsequiados hubieron de maldecir el obsequio puesto que por él vieron interrumpido el profundo sueño en que es de presumir que estarían sumidos”

(Texto original)
Diario de Ibiza
17 de agosto de 1908