Por un apretado margen, los partidos favorables a la monarquía han obtenido más votos que los republicanos en las elecciones municipales del 12 de abril, pero los republicanos son los vencedores morales porque han triunfado en las principales capitales de provincia del país.

La noticia hace que la República vaya proclamándose en cascada en numerosas ciudades y pueblos de España.
A las ocho de la mañana del día 14, don Eduardo Ortega y Gasset, designado por el Comité Revolucionario Nacional gobernador civil de Madrid, se dirigía al ministerio de la Gobernación y tomaba posesión del gobierno civil.

Mientras tanto, el conde de Romanones, en vista de los hechos, se reúne con el Rey Alfonso XIII para informarle de la situación y para evitar desórdenes anuncia conversaciones con los republicanos, que son representados por D. Niceto Alcalá Zamora, que es el presidente del Comité Revolucionario. Esas negociaciones dan como resultado la decisión de que el rey debe abandonar España, decisión a la que contribuyó el hecho de que ni la Guardia Civil ni el Ejército se opusieron al cambio de régimen. El propio general Sanjurjo, director de la Guardia Civil, se había presentado ante el ministro de la Gobernación republicano para ponerse a sus órdenes.

Entre tanto, a la una de la tarde, en Barcelona, el líder de Esquerra Catalana, Don Lluís Companys, proclamaba la República desde el balcón del Ayuntamiento. El líder de Estat Català, don Francesc Macià, iba más lejos y proclamaba la República Catalana dentro de la Federación de Repúblicas Ibéricas.

Por la tarde se celebra en Madrid el último Consejo de Ministros de la Monarquía, que decidió que don Alfonso XIII abandonara España. A las 21,15 horas el rey tomó un barco en Cartagena hacia Marsella.

Quince minutos antes, el señor Alcalá Zamora, desde su despacho de ministro de la Gobernación, había proclamado la República en toda España a través de la radio.

Se ha destacado con unánimes elogios el hecho de que el cambio de régimen se haya producido sin dispararse un solo tiro.
La monarquía ha desaparecido en España víctima de sus propios errores, más que de las ansias republicanas españolas. El rey aceptó la dictadura de Primo de Rivera.