El Rey, aclamado por la multitud a su llegada a Ibiza

“Llegados a tierra el Rey –que vestía uniforme de Almirante– y sus acompañantes, el Alcalde señor Bonet, en frases breves y muy sentidas, dio la bienvenida al Monarca, que cariñosamente le abrazó como representante de Ibiza, organizándose entre grandes vivas y aplausos atronadores, la caravana de automóviles. Recorrió ésta los Andenes, calle de Conde de Rosellón, Aníbal, Plaza de Canalejas, calle de Antonio Palau –invadida ésta de público que no cesaba de aplaudir el paso del Rey–; y ante ovaciones y flores que se arrojaba desde los balcones y una de las cuales ostentó durante todo el día el Monarca en la solapa de su uniforme, se dirigieron nuestros ilustres visitantes a la Catedral.
Recibidos el Rey y su séquito en nuestro primer Templo con atronadoras salvas de aplausos y a los sones del órgano, maravillosamente pulsado por el venerable maestro don Juan Mayans, el Monarca ocupó el asiento que previamente se le había designado en el presbiterio, colocándose de pie y a sus lados, el Infante don Alfonso de Orleans y el Jefe de la Real casa Militar, Conde de Xauen. (…)

El Rey y sus acompañantes fueron recibidos por el Director del Museo Arqueológico, don Carlos Román, a quien, al entrar, S.M. expresó que por referencias del Presidente del Consejo de Ministros Excmo. Sr. Marqués de Estella, conocía el mérito de su labor personal y la gran importancia que el Museo encerraba. El Monarca admiró con gran detención las valiosísimas colecciones arqueológicas que a su grandísimo valor histórico añaden el mérito de ser de procedencia exclusiva de las diversas Necrópolis de esta Isla entre las que descuella la importantísima del Puig des Mulins; y al preguntar al Director del Museo la cuantía de la subvención de que anualmente disponía por cuenta del Estado para la práctica de Excavaciones, y contestarle aquel que tanto se había reducido que se había limitado hace unos años a dos mil pesetas, excepto en el actual en que a consecuencia de la reciente visita del General Primo de Rivera y debido a su gentileza, se obtuvieron tres mil pesetas más de las presupuestas, el Rey reconoció y expresó la necesidad de que se dotara con mayor generosidad a un tan importante y cultural servicio, ofreciendo al señor Román su más decidida cooperación para lograr la construcción de un edificio de nueva planta en el “Puig des Mulins” (…).

Un numeroso público se congrega en Vara de Rey para recibir a Alfonso XXIII

El Gobernador Civil señor Llosas, indicó a S.M. cuán grande sería el agrado del pueblo ibicenco si en conmemoración de la visita a esta Isla, el Monarca se dignara inaugurar el grupo escolar de San José (…). Gustosísimo y complaciente, el Monarca manifestó su absoluta y completa conformidad (…). Ya en San José, el Rey inauguró el nuevo local (…). Llegado a San Antonio (…), el Rey, subido a lo alto del faro de Covas Blancas, apreció el valor estratégico de aquella inmensa bahía y no regateó facilidades para la construcción de un gran puerto, base apropiada que sería para estación de hidros y aprovisionamiento de buques (…). Saludaron a S. M. el alcalde, Cura Ecónomo y médico titular y elementos de gran valía en San Antonio, de donde la caravana de automóviles salió para dirigirse a Santa Eulalia del Río (…).

LAS MANIOBRAS

“El objetivo, expuesto sintéticamente era el siguiente: Apoderarse de la isla, teniendo como base, operar sobre las costas españolas.
El repartimiento en tres supuestos era debido a que las fuerzas que entraron en fuego no eran lo suficiente numerosas para llegar al final de la operación, teniéndose en cuenta los barcos perdidos en cada combate, en sentido teórico, desde luego.

El planeamiento de las operaciones se desarrolló así: El bando negro, ya decidido a apoderarse de la isla, transportó las fuerzas de desembarco, y por lo tanto, los acorazados protegieron el convoy, formado por el buque transporte, barcazas, aljibes, remolcadores, etc., y éste fue el punto débil, ya que cuando lo descubrió el bando blanco, lo castigó con mayor facilidad, por la sencilla razón de que un convoy embaraza el despliegue de fuerzas.

Momento de las maniobras militares de es Codols

Como no se consiguió destruir el convoy, vino la operación final, o sea el desembarco en la isla. Todo ello se prestó a la múltiples combinaciones y se llevó a cabo dentro de la mas estricta realidad. (…)

Por los aires cruzando el cielo, intensamente azul, surcan raudos los hidroaviones de la Base de Ibiza, arrancando de las montañas ingentes los ecos de sus motores de vuelo. (…)
Seguidamente empezó el desembarco. Las tropas fueron transportadas a unas barcazas y estas se situaron junto a la playa, verificando muy ordenadamente la operación de desembarco de los soldados, mulos y utensilios sin el menor entorpecimiento.

Una vez en tierra el Batallón de Infantería, se desplegaron en guerrilla las fuerzas, replegándose más tarde para ir a ocupar el campamento situado en el Puig de sa Caleta (…)”.

(Texto original)
Diario de Ibiza.
3 y 9 de octubre de 1929