Cada vez las personas son más conscientes del impacto que tiene el día a día en el medio ambiente o en quienes les rodean. Y eso es bueno para todos. Cada ciudadano separa y recicla una media de 30 kilos de residuos cada año; se construyen edificios inteligentes pensados para potenciar su eficiencia energética, facilitar una buena gestión de los residuos y mejorar la calidad de vida de sus usuarios.

También preocupa lo que se come. Los alimentos ecológicos van ganando espacio en los lineales de los supermercados y las neveras de muchos hogares. España es el décimo consumidor mundial de productos ecológicos, con una demanda que avanza a buen ritmo año tras año.

Entorno sostenible

Alimentación, transporte, reciclaje… cada vez la sociedad se preocupa más por saber qué aspectos de su vida puede trabajar para ser más respetuoso con el medio ambiente, con la sociedad o con los derechos humanos. Pero hasta ahora nadie había reparado en que el dinero también puede ser sostenible.

La inversión responsable marca el estilo de una compañía en materia de inversión. Incorpora factores ambientales en las decisiones de inversión, pero también criterios sociales y de buen gobierno (ASG). Busca inversiones respetuosas con el entorno, con la gestión del agua o la reducción de la polución.

También tiene como objetivo invertir en empresas más igualitarias, en una buena gestión del capital humano en las empresas, en el respeto a los derechos humanos y, en general, en compañías transparentes y justas, con el máximo respeto a la legalidad y la transparencia.

Inversores institucionales como VidaCaixa juegan hoy un papel crucial en esta materia, porque son capaces de movilizar inversión y flujos financieros hacia actividades económicas que son respetuosas con la sociedad y el medio ambiente.

De esta manera, aparece la oportunidad de elegir la sostenibilidad también para el ahorro y, por supuesto sin renunciar a rentabilidad.

La inversión sostenible permite a las personas ahorrar de cara a su futuro, sin perder de vista el objetivo común: contribuir a la sostenibilidad del planeta. CaixaBank, a través de VidaCaixa, apuesta desde hace más de 15 años por la inversión responsable en la gestión de todos sus activos, combinando rentabilidad y sostenibilidad. Por eso, gestiona los planes de pensiones de sus clientes de forma sostenible con el medio ambiente y con la sociedad.

Un objetivo bien reconocido

Gracias a este esfuerzo y dedicación, ha obtenido la máxima calificación que otorgan los Principios de Inversión Responsable de Naciones Unidas (PRI), que son el mayor proyecto mundial de impulso de la gestión responsable de las inversiones y un referente internacional en este ámbito. VidaCaixa fue en 2009 la primera entidad española en adherirse globalmente a PRI, como aseguradora de vida y gestora de fondos de pensiones. Casi una década después, el Grupo CaixaBank ha demostrado su compromiso asumiendo principios basados en los derechos humanos, los estándares laborales, el medio ambiente y la lucha contra la corrupción.

Habitos que suman

De la misma manera que los pequeños gestos como reciclar o evitar el coche en los trayectos cortos, el pequeño ahorro sistemático es el que más y mejor construye a largo plazo. Teniendo un hábito de ahorro y contando con el tiempo a favor, el esfuerzo será siempre menor para alcanzar el objetivo.

Esto significa ser constante en las aportaciones, por muy pequeñas que éstas sean. Por ejemplo: ahorrando 50 euros al mes desde los 30 años se puede llegar a la jubilación con más de 60.000. En cambio, ahorrar el doble durante menos tiempo, además de suponer un mayor esfuerzo, no permitirá ahorrar esa cantidad.

Esto es debido a la magia del interés compuesto. que permite que los intereses que se van generando con el ahorro se reinviertan y generen nuevos intereses, sumando valor al esfuerzo.

En general, los expertos aconsejan apartar entre un 10% y un 20% de los ingresos mensuales y guardarlos en la hucha. También es conocida la ‘regla 50-30-20’, que aconseja dedicar el 50% de los ingresos para lo básico (casa, suministros, alimentación, transporte), el 20% al ahorro a largo plazo y el 30% restante para ocio y aspectos del proyecto de vida de cada uno. La mejor opción es ahorrar cada mes, como si fuese un gasto fijo y, sobre todo, no tocarlo.

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